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‘Show’ colosal en Montjuïc

The Weeknd cierra su círculo: de la pesadilla distópica a la redención en el Estadi Olímpic

El músico canadiense ofreció un espectáculo grandioso que no tapó sus dotes como cantante ni su repertorio, lleno de ‘hits’, en el regreso a Barcelona de la gira ‘After hours til dawn’, con su guion transformado respecto al concierto de tres años atrás en el mismo estadio

The Weekdn, anoche.

The Weekdn, anoche. / SEBASTIEN NAGY

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Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

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The Weeknd nos dejó un poco de mal cuerpo con su relato apocalíptico, hace tres años en el Estadi, y este martes nos insufló un poco más de vida. Atravesamos de su mano las fases de la autodestrucción y el purgatorio, pero hubo un clímax redentor a cuenta de su última remesa de canciones. ‘Show’ distópico y envuelto en atrezo peliculero, entre cuyas rendijas consiguió el canadiense colar su distintiva voz con soul y falsete, y su ristra de ‘hits’, en un repertorio exprés que abarcó 38 canciones en algo más de dos horas.

En esta nueva fase, el montaje ‘After hours til dawn’ absorbe una decena de temas de ‘Hurry up tomorrow’ (2025), el álbum que cierra su famosa trilogía. Una vía de salida a la pesadilla autobiográfica hiperbólica proyectada por Abel Tesfaye, The Weeknd, una víctima del lado oscuro de la fama, el hedonismo y esas cosas tan terribles que, al parecer, suceden cuando triunfas.

En el Estadi, lleno, entró por los ojos el espectáculo, empezando por esa estatua de doce metros, de reflejos dorados, triunfante frente al perfil de los edificios en ruinas, símbolo del pasado. Pero en la base del montaje, incluyendo la veintena de monjes danzantes de largas túnicas, hubo canciones con miga y resonancia popular, y una voz con personalidad, más allá de los quiebros a lo Michael Jackson (en temas como ‘Out of time’).

Aunque no se quitó la máscara hasta el final de ‘Faith’, minuto 19º, The Weeknd mandó y ordenó, a su encriptada manera, desde el arranque con ‘Baptized in fear’, a través de ‘Wake me up’ y la lejana ‘Starboy’, camino de la ciber-batucada de ‘Sao Paulo’ y la munición techno que dio paso a ‘Take my breath’. Y del subidón ‘funky’ de ‘Can’t feel my face’, de su catálogo pre-trilogía.

El ‘show’ impresionó, sí, pero no aplastó a The Weeknd, que brilló como cantante, luciendo inflexiones y propinando notas largas en ‘I was never there’, y que ejerció de anfitrión de una estrella como Playboi Carti, invitado de la gira. Logró que lo suyo fuera a la vez oscuro y resplandeciente, maquinal y sensual, orquestando con decisión el canto de las gradas (‘One of the girls’), imponiendo su sentido ‘baladismo’ (‘Call out my name’) y sacudiendo el lugar con la cenefa de sintetizador de ‘Blinding lights’, antes de que la efigie, el icono, dirigiera sus últimos rayos láser en dirección a un futuro (un poco) mejor.

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