Actor de prestigio
David Morrissey, astro de las series británicas: "Debo sentir empatía por mis personajes, sin importar las cosas terribles que hagan"
Hablamos con el célebre actor sobre su papel de misterioso director de colegio privado en 'Gone' y otros momentos clave de una carrera extensa y diversa
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David Morrissey (Michael Polly) en una imagen de la serie 'Gone' / Archivo

Si una cualidad define a David Morrissey (Liverpool, 1964), esa es la versatilidad. Pero no puede negarse tampoco su debilidad por cierta clase de papel: el hombre en crisis. Lo vemos regresar a su especialidad en la serie 'Gone' (Filmin, martes, día 1) como el director de colegio privado Michael Polly, convertido en principal sospechoso de la desaparición de su mujer, Sarah (Hollie Bailey), por no ofrecer la reacción esperada y no haber hecho una denuncia con la celeridad lógica.
Sobre todo al comienzo, Morrissey ofrece una lección de austeridad expresiva y ambigüedad poderosa. "En la serie exploramos la idea de la 'mala víctima'", cuenta a EL PERIÓDICO en conversación telefónica desde el Festival de Televisión de Monte-Carlo. "Cuando a alguien le sucede algo trágico o escandaloso, esperamos que se comporte de una cierta manera. Queremos que se derrumbe, o que grite, o que se enfade. Si no nos ofrece nada de eso, nos indignamos, aunque esa persona pueda estar viviendo un calvario. Y eso es lo que pasa con Michael Polly: no nos da lo que queremos".
"¿Por qué Polly no parece más hundido?" es solo una de las muchísimas preguntas que el espectador se hará frente a este misterio en constante mutación y cada vez más complejo en su colección de temas. "En Reino Unido se emitió semanalmente en lugar de estrenarse toda de golpe, y fue maravilloso ir caminando por la calle y que la gente me asaltara con sus teorías", explica Morrissey. "Sabía que la serie había conseguido su cometido porque todo el mundo tenía una teoría diferente".
Masculinidad anquilosada
Morrissey vuelve a liderar una serie creada por George Kay ('Lupin', 'Secuestro en el aire') tras la aplaudida 'La sombra alargada', un 'true crime' "sobre un asesino en serie de mujeres del que recuerdo haber oído hablar cuando era pequeño, porque causó el terror en la región donde crecí [el noroeste de Inglaterra]", nos explica. Kay contó esa historia desde un punto de vista femenino, más centrado en las víctimas que en la glorificación del asesino. "Y 'Gone', en el fondo, no deja de ser la historia de una mujer enfrentada a comportamientos masculinos nocivos", comenta Morrissey en referencia a la inspectora Annie Cassidy (Eve Myles), envuelta en una relación autodestructiva con su ex (Peter McDonald) y en un juego psicológico del gato y el ratón con un sospechoso que parece creerse superior a todos.
Convertida en oficial de enlace con la familia, Cassidy ha de vérselas con lo que Morrissey define como "nuestra incapacidad, o sobre todo, la incapacidad masculina de ser abiertos y dejar a la gente pasear por nuestro interior; esta idea de necesitar tener la sartén por el mango todo el tiempo". También le permite observar de cerca las contradicciones de una familia que no es lo que parece, lo que muestra.
Su carrera anterior
Debutante en el cine del brazo de nada menos que Peter Greenaway (en 'Conspiración de mujeres', como marido ahogado de Joely Richardson), Morrissey surcó los 90 sin hacer todo el ruido deseable antes de encadenar papeles sonados en televisión a principios de este siglo: Gordon Brown en 'The deal', el parlamentario (ficticio) Stephen Collins en 'La sombra del poder' o el cocinero Franny Rothwell de 'Clocking off'. Pero el papel que lo lanzó a la fama global fue el temible Gobernador de la tercera y cuarta temporadas de 'The walking dead'.
"Yo intento hacer de todo", explica. "Hice una obra de teatro muy divertida de Martin McDonagh ['Hangmen'] en el West End. O una serie musical con David Tennant ['Blackpool']. Pero, por algún motivo, mis papeles más intensos y graves son los que acaban trascendiendo". Gobernador aparte, está el superintendente corrupto del monumental tríptico 'Red riding'; el jefe de policía de la comunidad minera trastocada por dos brutales asesinatos en 'Sherwood', o, más recientemente, el vecino conspiranoico de 'De puntillas', una de las series más importantes de 2026, elucubración sobre el nuevo auge de la LGTBIfobia en la que Morrissey comparte momentos realmente oscuros con Alan Cumming. "Somos amigos, fuimos vecinos durante mucho tiempo, además. Esa confianza hizo que pudiéramos superar el rodaje. En los momentos de descanso podíamos estar el uno por el otro, ayudarnos todo el tiempo. Es una obra violenta y trágica".
Cada papel supone para Morrissey el mismo desafío. "Debo sentir empatía por mis personajes, averiguar cómo sería estar en su pellejo, sin importar las cosas terribles que puedan haber hecho. De hecho, diría que ese es también nuestro trabajo como seres humanos. Cuanta más empatía sintamos, más fácil será que encontremos puntos comunes y logremos una comprensión mutua".
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