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Opinión | La caja de resonancia

Barcelona

¿Quién necesita música para hablar de música?

Hace poco habría sido impensable la proliferación actual del videopodcast musical, con conductores que analizan discos y trayectorias en episodios larguísimos sin que suene una sola canción, para no tener que pagar derechos

La portada del disco de Rosalía.

La portada del disco de Rosalía. / INFORMACIÓN

Se suponía que explicar la música podía ser innecesario porque la música habla por sí sola, etcétera, y que el teatro del pop exigía platós vistosos y ‘shows’ con presupuesto. Pero hoy proliferan en YouTube los videopódcasts de música a cargo de tipos que se colocan ante una cámara en el salón de su casa o en su madriguera llena de vinilos. ¿Todo tenía que ser breve y comprimido? Pues, oigan, ahora campan esas tesis de hora y media sobre tal disco de Iron Maiden, y sin que llegue a sonar una nota musical. Y tienen audiencia.

Los pódcasts de música han vivido una evolución que no veíamos venir. Sesiones de parloteo en un sofá, análisis discográficos sesudos. No ponen ni una canción, para no pagar derechos. Pero no parece importar. El principio que ha sostenido a la radio musical salta por los aires. Y, atención, resucita el televisor, desde hace unos años noqueado por el móvil: los videopódcasts largos tienden a verse desde el sofá, suplantando a canales y plataformas. YouTube reportó 700 millones de horas consumidas desde los televisores en 2025, frente a las 400 del año anterior, y en este 2026 lidera el consumo en 20 países, dejando atrás a Netflix y compañía.

En tiempos de monopolio de la radio, solía afearse a los locutores que hablaban demasiado entre canción y canción, y ahora resulta que un conductor con una particular y creíble visión de la jugada puede captar el interés por sí sola, aun con una puesta en escena espartana. Ahí, la música aludida tan solo está en nuestras cabezas, y cuando se menciona tal ‘riff’, puente o gancho de un estribillo basta con recordarlo o imaginarlo.

Es un giro oportuno para los géneros nicho, estilos musicales poco atendidos por los grandes medios, como el rock duro clásico y el metal, de los que se ocupan ‘Now Spinning Magazine’ o ‘The Contrarians’. Pero también prosperan los que diseccionan fenómenos del momento y profundizan en el último disco de Rosalía desde el ángulo musicológico, lingüístico, visual, espiritual, cuántico o esotérico. El periodismo musical se adapta, como vemos en el ‘Popcast’ de ‘The New York Times’ o ‘La hora de Rockdelux’.

La canción deja de ser el contenido para ser el objeto, y el tema no es solo la música, sino la conversación en torno a ella, el debate y las reacciones (plasmadas en los comentarios). Es, en fin, una tendencia que rompe ideas preconcebidas. Nos dice que la palabra importa y da la razón a quien dijo (¿Nick Hornby?) que hay una cosa más divertida que escuchar música: hablar de música.

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