Artes visuales
Muere a los 97 años Yayoi Kusama, la emperatriz de los lunares psicodélicos que transformó sus alucinaciones en arte de vanguardia
Fue aclamada internacionalmente como artista de vanguardia pionera, conocida por la repetición obsesiva de lunares y patrones como redes y arcos
Yayoi Kusama y la moda: de Louis Vuitton a Uniqlo y X-girl, las colaboraciones que convirtieron sus lunares en objeto de deseo

Muere a los 97 años Yayoi Kusama, la creadora de los lunares psicodélicos que transformó sus alucinaciones en arte / Yusuke Miyazaki / VÍDEO: REDACCIÓN

"Nuestra tierra es solo un lunar entre los millones de estrellas del cosmos. Los lunares son un camino al infinito", escribió en su autobiografía, 'La red infinita. Y así, brincando de lunar en lunar y transformando pesadillas en coloridos juegos de espejos, Yayoi Kusama (1929-2026) transformó el arte de vanguardia en un festín de calabazas psicodélicas, frenesí cromático y topos replicados hasta la extenuación. Las habitaciones de espejos como fenómeno de la naturaleza, la apoteosis de lunares como vehículo de sanación universal y penúltima expresión del pop más impetuoso y deslumbrante.
"Los artistas no suelen expresar sus complejos psicológicos de manera directa, pero yo sí utilizo mis temores y mis complejos como temáticas para mis obras", defendía Kusama, marcada de por vida por las terribles alucinaciones que sufría desde que tenía 11 años y que la hicieron pasar buena parte de su vida adulta ingresada por voluntad propia en el hospital psiquiátrico de Seiwa, en Tokio, donde vivía desde hacía décadas. "La única manera que he encontrado para aliviar mi enfermedad es seguir creando arte", aseguró.
La artista, cuya muerte no ha trascendido hasta este jueves, falleció el pasado 14 de agosto en la capital japonesa y, según recogía su página web, "siguió pintando hasta sus últimos días, sin dejar nunca el pincel, y continuó explorando el amor eterno y el alma inmortal".

Exposición de Yayoi Kusama en el Museo Hirshhorn de Washington / EFE / MICHAEL REYNOLDS
De Japón a Nueva York
Tenía 97 años y una vastísima producción que podría haber sido aún mayor si en 1957, cuando escapó de Japón rumbo a Estados Unidos en busca de un poco de libertad, no hubiese destrozado casi toda su obra. Primero a hachazos, haciéndola añicos, y más tarde prendiendo fuego a los restos, por si las moscas. "Hice que cientos de millones de yenes se esfumaran en una columna de humo", ironizaba Kusama al pensar en lo que podría haber pasado con todo aquello cuando se convirtió en una de las artistas vivas más cotizadas del mercado.
Nacida en 1929 en una familia acomodada de comerciantes y en un país "demasiado servil que menospreciaba a las mujeres", la japonesa emergió primero como icono contracultural y renació por obra y gracia de Louis Vuitton, Lancôme y Ferragamo como arrollador fenómeno comercial. En el Nueva York de los años sesenta se codeó con Georgia O’Keeffe y Andy Warhol, desató el caos en el MoMA y causó sensación haciendo de sus lunares el hilo conductor de elaborados 'happenings'. Experimentó con instalaciones de gran formato, pintó cuerpos y olvidó casi todo lo aprendido en la Escuela Municipal de Artes y Artesanías de Kioto para entregarse en cuerpo y alma a la pintura corporal y la lucha antibelicista.

Yayoi Kusama posa para los medios en 2017 en Tokio / EFE
A mediados de los setenta, agotada de tanta exposición, regresó a Japón y desapareció discretamente del foco artístico. Nunca dejó de trabajar, pero fueron las colaboraciones comerciales y sus coloridas campañas para todo tipo de marcas -lo mismo bolsos de Marc Jacobs que el edificio antropomórfico de Louis Vuitton en París- las que la convirtieron, ya en el siglo XXI, en codiciado objeto de deseo pop. Nadie se extrañaba si aparecía convertida en robot en Londres o si sus calabazas irrumpían por sorpresa en el paisaje urbano.
En España, el Guggenheim de Bilbao acogió en 2023 una completísima retrospectiva que recordaba que, a pesar de la fachada colorida y las derivadas puramente crematísticas, la obra de Kusama centrifuga "la convulsión provocada en el siglo XX por los conflictos bélicos, las transformaciones políticas, económicas y sociales y una escena artística en constante cambio". ¿Su grito de guerra? "¡Que venga Picasso, que venga Matisse, que venga quien sea! Yo les haría frente con un solo lunar". Los vaivenes del mundo contemporáneo, resumidos en una arrebatada constelación de lunares.
Luego vendrían los vestidos, los pendientes, las fundas de cojín, las 'tote bags' y, en fin, el birlibirloque de las relaciones públicas, la mercantilización extrema y las entradas despachadas en velocidad récord, pero lo que queda no es tanto eso como las 900 piezas de la serie 'My Eternal Soul', obsesivo mapamundi de células surrealistas al que dedicó más diez años, o esas 'Infinity Rooms' que, entre espejos, balones de plástico y arboledas de lunares, evocaban su devoción cósmica por la repetición, la magia y, en última instancia, la imposibilidad.
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