Entrevista
Wolfram Rieger: "Schubert habría disfrutado del Empordà porque la naturaleza tiene un carácter fuerte, especial"
El reconocido pianista alemán es uno de los intérpretes más fieles y comprometidos con el la Schubertíada de Vilabertran, donde actúa desde la primera edición, en 1993. Este año le acompaña la soprano catalana Mireia Tarragó en su debut

Juliane Banse y el pianista Wolfram Rieger, en la Schubertíada de Vilabertran / EPC
Wolfram Rieger (Waldsassen, 1962) entra puntual en el claustro de la Canónica de Vilabertran, donde durante unos minutos hablaremos, sentados en un banco, en la entrada de la iglesia. Este espacio lo conoce a la perfección. Es la antesala de uno de los escenarios donde tiene lugar uno de los festivales de lied y música de cámara que más ama: la Schubertíada. Pianista y maestro reputado, solicitado por las voces más prestigiosas, Wolfram Rieger es un hombre amable y cercano que destila amor por el Empordà y por un festival que vio nacer de la mano del doctor Jordi Roch ese primer año, en 1993, y al que nunca ha faltado. Tampoco este año cuando ha acompañado a la soprano catalana Mireia Tarragó en su debut y a otros seis jóvenes -Klara Brockhaus y Rodolfo Focarelli; Alba Valdivieso y Carlos Bujosa, y Bruno Meichsner y Daniel Prinz- que lo hacen este martes 25 de agosto después de recibir sus consejos y los del barítono Olaf Bär. "Cada año es un gran placer estar aquí", reconoce Rieger.
La Schubertíada es como su casa.
Seguramente sí, pero con otras obligaciones que en casa.
Hace 20 años le entrevistamos aquí mismo. Es quizá usted el intérprete que lleva más tiempo participando en el festival, desde aquella primera edición.
Cierto, y estoy muy feliz de cómo toqué en el primer concierto de la Schubertíada con Brigitte Fassbaender interpretando el 'Winterreise,' 'Viaje de invierno'. Tengo muchos recuerdos cálidos de ese concierto en especial. Y parece que fue hace dos días, que podría ser un concierto de ayer mismo.
¿Qué hace que un músico o un cantante sea tan fiel a un festival?
Para mí es una cuestión muy personal por varias razones. Una de ellas es la persona del doctor Roch, quien con su entusiasmo y amabilidad, un sencillo y accesible amor por las artes, la música y el lied en particular, ha sabido crear una atmósfera muy particular en Vilabertran. Y no solo yo lo siento así, también el público. Porque el público de la Schubertíada tiene la marca del doctor Roch y de otras personas que han trabajado a lo largo de todas estas décadas. El público hoy también lo siento como el de esos primeros conciertos. Ese entusiasmo, pero no solo eso, sino estar abierto a esa forma de arte, que es el lied.
Hay otras razones, sin embargo.
Sí, es que me siento mucho como en casa aquí. Y también está la naturaleza, que no solo me parece agradable sino que le habla a mi corazón. Las montañas, la llanura, el mar. Esta combinación que es muy especial, como ya sabe todo el mundo que es del Empordà, pero que también lo es para mí. También su gente que, bajo mi mirada, es muy gentil y abierta a personas como yo, que quieren formar parte de este mundo, por lo menos durante unas semanas, aunque sea un extranjero.
¿Fue el señor Roch quien le convenció para actuar ese primer año?
Sí, fue él. También él convenció a los primeros artistas desde el primer momento, como Brigitte Fassbender y Juliane Banse. Inmediatamente, Mathias Goerne...
Formar parte de este proyecto desde su primera edición le ha permitido ver la evolución, porque los festivales van cambiando.
Sí, lo ha hecho. Ha cambiado y ampliado, pero también ha profundizado. Otro de los caminos que ha tomado es el de la formación con los cursos que se organizan desde hace años y que ya se han convertido en algo familiar para todos, pero que en su momento fue una nueva idea, cuando se incluyeron hace aproximadamente diez años.
Que los jóvenes artistas formen parte del festival, acompañarles, es una responsabilidad.
En mi opinión, sí. Lo que yo he aprendido de mis maestros no era solo para mí, sino que era un conocimiento para el mundo y tengo la obligación de continuar y transmitirlo a los jóvenes.
Es dar y recibir al mismo tiempo.
Exacto. Es un ciclo, una rueda. Yo he tenido la suerte de que, cuando era joven, otros artistas de mayor edad me han contado muchas historias y dado consejos sobre su experiencia y sus vidas con los compositores con los que han trabajado. Y esto es algo precioso que yo ahora, aquí, con las clases, puedo seguir haciendo.
Cuando usted trabaja con un músico o joven cantante, ¿cuál es el principal consejo que le transmite?
Sobre todo es mirar, precisamente, la información y consejos que aparecen en la partitura, que es como la escritura del compositor. Muchas veces son consejos precisos, no para hacer algo concreto, sino sobre el contenido, sobre lo que significa esta canción, que es lo más importante. Muchos compositores nos ayudan mucho con lo que escriben en la partitura, no como obligación, pero sí como excelentes consejos.
Toda su trayectoria ha estado especializada en el lied. Creo que en su casa ya se familiarizó con el género.
Lo cierto es que en casa de mis padres se cantaba, pero curiosamente, en mi opinión, no era lied. En el pequeño pueblo en el que viví de pequeño no había muchos cantantes profesionales, pero sí un coro. Esto es lo que más recuerdo de la infancia, siempre música cantada pero en un coro. Después, en la escuela superior, finalmente es donde encontré a los cantantes profesionales, una voz capaz de cantar bellamente las canciones de Schubert y otras. Allí nació ese gran amor por el lied y pensé: si puedo, quiero dedicar mi vida a esa forma de música. Y qué suerte porque ha funcionado.
¿Qué es lo que le atrajo, qué le cautivó?
El lied es esa combinación fantástica de palabras, poesía y música. El público de Vilabertran entiende mucho, tiene mucha experiencia, pero si no entienden una palabra, la música también les habla. En el lied no son solo las palabras y la música, es un acompañamiento, son dos formas de arte que se reúnen para dar forma al lied.
Usted estudió violín y piano pero se quedó con el piano.
Sí, por último, sí. El piano fue el más importante en el momento en que coincidí con esos cantantes de lied. Estaba claro que quería ser un pianista que colaborara con los cantantes.
Para que un recital sea un éxito, ¿es necesario que esta relación entre pianista y cantante sea buena?
El reto es que tenemos la música y el texto en el mismo momento. Hacer que el texto aparezca también en la música y en los propios pensamientos del cantante y del pianista es un reto fantástico. A veces, también tenemos opiniones algo distintas. Reunir todo esto no como una competición sino tomando dos perspectivas distintas y unirlas en una interpretación es un desafío formidable que hago con mucha alegría.
¿Aún siente esa emoción del primer día?
Sí, claro, pero también hay que tener presente que es un trabajo y debo practicar todos los días. Es como un deporte, tiene ese punto corporal que sencillamente debe funcionar para expresar todo lo que quiero. Pero cada vez más y más siento esto menos como una obligación y más como una alegría: ver esa idea artificial y cómo le doy forma corporalmente.
Hace unos días, en este escenario de Vilabertran, acompañó a la soprano catalana Mireia Tarragó.
Sí, y eso es importante porque la Schubertíada no solo realiza los conciertos y los cursos, sino que los mezcla. Así, después de los cursos, las personas que participan no desaparecen de la Schubertíada sino que siguen observando sus trayectorias y, como es el caso de Mireia Tarragó, les invitan también a presentar un recital suyo en el festival, que significa una manera fantástica de que todos los caminos que existen en la Schubertíada se mezclen, se combinen.
Es una apuesta por el talento presente y futuro.
Seguro, porque los jóvenes no son solo parte de esta gran tradición aquí establecida, sino que también encuentran al público de Vilabertran. Y el público encuentra a estos jóvenes músicos.
¿El mundo del lied vive un buen momento hoy en día en Europa, España y Catalunya?
Creo que sí, especialmente en Catalunya. También en España; sin embargo, en mi opinión, algo más concentrado en Catalunya. Aquí hay un campo con muchas semillas en el lied. El programa que hicimos con Mireia Tarragó también fue poco típico, quizá porque dedicamos media parte del concierto a compositores catalanes, que fue un honor para mí tocarlos, y el resto a otros autores europeos, lied francés y alemán. La especialidad de la Schubertíada es que todo está incluido bajo el sello de Franz Schubert. Antes de esta entrevista he pensado que bien podría ser que Schubert disfrutase del Empordà porque Schubert amaba mucho la naturaleza y la describió tan bellamente en sus canciones. Y aquí tiene una naturaleza fuerte, con sorpresas a veces, con un carácter especial.
El doctor Roch creía que uno de los logros de la Schubertíada era la amistad.
Sí, sí, seguro. Ahora la Schubertíada es un milagro, pero un milagro bien establecido. También, como lo había hablado mucho con el doctor Roch, lo mejor es que parece que el festival sigue. Que la Schubertíada se separa del fundador y sigue en su buen camino.
Esto es importante.
Mucho, porque tengo la impresión de que existen otros proyectos que, cuando su fundador finalmente desaparece, también lo hace el proyecto. Esto también demuestra los grandes pensamientos del doctor Roch, que tenía claro que Schubertíada, un día, debería vivir sin él. Y es bonito ver cómo es así, que sigue especialmente con los jóvenes que son el futuro, tal y como se llama el proyecto 'Lied the Future'. Para mí es hermoso darme cuenta de cómo los jóvenes alumnos, para muchos la primera vez en la Schubertíada, han reaccionado como yo mismo aquella primera vez porque hay tanta belleza aquí. Pero no es solo belleza, existe una fuerza que aparece y que podemos notar
Es la energía.
Una buena energía y no solo en las piedras sino también, y más importantee, en el público, que es increíble. También lo vivimos así en el concierto de Mireia Tarragó. Para mí fue lo más fantástico, sentir esa concentración del público, que escuchábamos juntos esa música, ese arte. Y cuando escuchamos, porque ya sabemos que escuchar no es una acción pasiva, sino que es la concentración, esa concentración produce una gran energía. Es algo que me ha tocado profundamente, sentir cómo todos los corazones y toda la energía de aquellas personas, que eran muchas, se combinaban con la energía de estas piedras antiguas. Es un sentimiento que no existe en ningún otro lugar del mundo, si le digo la verdad.
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