Cómic
Liv Strömquist, escritora, sobre la industria de la autoayuda y los influencers: "Cuanto más inseguro y fracasado te sientas, mejor para ellos"
La superventas sueca Liv Strömquist disecciona la industria de los consejos y los influencers que convierten el bienestar en un negocio

La autora de cómics Liv Strömquist. / Ferran Nadeu / EPC

Hubo un tiempo en que los oráculos hablaban desde las grietas de la tierra. Sus respuestas eran ambiguas, llenas de metáforas, tan oscuras que obligaban a quien las escuchaba a volver a casa y pensar durante días qué demonios quería decir aquella profecía. Hoy los oráculos tienen cuentas de Instagram y TikTok, venden cursos online, graban pódcast y prometen responder en 30 segundos a cualquier pregunta imaginable: cómo comer, dormir, adelgazar, educar a los hijos, encontrar pareja o hacerse rico. Liv Strömquist sospecha profundamente de todos ellos y en su último cómic no sólo hace una divertida reivindicación de Delfos, sino que disecciona con su proverbial agudeza la milmillonaria industria del consejo: los influencers.
La autora sueca, una de las voces más incisivas y leídas del cómic contemporáneo, vuelve en 'La voz del oráculo' (Reservoir Books') a hacer lo que mejor sabe: utilizar el humor para desmontar las ideas que gobiernan nuestro tiempo como ya hizo en ‘La sala de los espejos’ o ‘Astrología liviana’. Tras examinar el amor romántico, la belleza femenina o el capitalismo emocional, ahora disecciona el universo de los influencers y la inmensa industria del consejo. Una maquinaria que produce gurús, coaches, expertos y millonarios empeñados en decirnos cómo deberíamos vivir. Lo hace con esa mezcla habitual de ensayo filosófico, cultura popular, historia de las ideas y sátira que ha convertido sus libros en un género propio, una mezcla de erudición y humor que resulta irresistible.
El negocio de tener respuestas
¿Por qué hemos delegado la tarea de pensar en cómo debería ser nuestra vida en personas que nunca hemos conocido? Strömquist se pregunta por qué a lo largo de la historia nunca habíamos tenido tantos psicólogos, estudios científicos, datos sobre salud, alimentación o bienestar y sin embargo, nunca habíamos necesitado tantos consejos. "El problema con los influencers y la industria del asesoramiento es que se ha convertido en una industria capitalista alrededor de cómo vivir, comer, hacer ejercicio o cuidar la salud mental. Y la palabra importante aquí no es ‘asesoramiento’, sino ‘industria"”, bromea. "Porque, como toda industria, necesita clientes permanentes" y su objetivo no es resolver definitivamente los problemas de quien acude a ella, sino todo lo contrario, que el consumidor siga sintiendo que todavía le falta algo por mejorar. "Cuanto más inseguro y fracasado te sientas, mejor para ellos".

El cómic de Liv Strömquist. / EPC
Según la autora sueca, vivimos rodeados de discursos que convierten cualquier aspecto de la existencia en un proyecto de optimización porque hoy todo es medible y, por lo tanto, mejorable: del descanso a la comida, la respiración, el trabajo y hasta el amor. "Nunca nada parece suficiente y el resultado es una ansiedad casi estructural. Mucha gente tiene un sentimiento crónico de no estar haciendo lo suficiente. Como si fueras un pequeño tramposo porque no haces suficiente ejercicio, no comes lo bastante sano, no lees suficientes novelas o no estás suficientemente presente con tus hijos". No hace falta que nadie nos vigile, apunta, porque "hemos aprendido a vigilarnos solos".
¿Quién no ha contado alguna vez los pasos, kilómetros o calorías? Para Strömquist, la buena vida ha sido sustituida por un sistema métrico y "medirlo todo es una manera de hacer que la vida humana sea realmente banal", lamenta. "Lo importante deja de ser la experiencia para convertirse en el dato. Caminar ya no consiste en caminar, consiste en alcanzar una estadística. Y entonces el número termina sustituyendo al significado".
Los ricos también necesitan un relato
Uno de los capítulos más divertidos del libro está dedicado a la fascinación contemporánea por los millonarios que imparten lecciones de vida, algo tan cotidiano que apenas llama ya la atención. Empresarios tecnológicos, inversores y magnates publican listas de hábitos, rutinas matinales y reglas para alcanzar el éxito, como si la riqueza otorgara automáticamente autoridad moral.
Strömquist cree que esa necesidad de los privilegiados por aconsejar al prójimo no es del todo inocente. "Incluso la persona más rica tiene un cierto sentido de la justicia y siente que quizá no está bien que el uno por ciento de la población mundial posea tanto. Necesitan justificarlo, y la mejor manera consiste en transformar el privilegio en mérito. La ideología del esfuerzo individual cumple exactamente esa función. Hacernos creer que todo el mundo tiene metas y todo el mundo trabaja duro para conseguirlas". Lo que venden esos discursos, apunta, no es una explicación del éxito sino una "absolución moral". "Si ellos son ricos porque madrugan, perseveran y visualizan sus objetivos, entonces el sistema sigue siendo justo. Y de ese modo, el azar, la herencia, las redes de poder y la desigualdad desaparecen del relato. Solo queda la voluntad".

Liv Strömquist, retratada en Barcelona. / Ferran Nadeu / EPC
El regreso de la superstición
Pese a lo tecnificada que se ha vuelto nuestra existencia, las formas de pensamiento mágico no paran de ganar espacio en las vidas de, sobre todo, los jóvenes. Manifestar deseos al universo, creer en cristales energéticos, rituales de abundancia y la astrología general se han convertido en pocos años en un fenómeno masivo que la autora sueca observa con distancia, curiosidad y escepticismo. "¿Qué es el manifesting? Una forma pagana, capitalista y egoísta de rezar. Si antiguamente la oración aspiraba, al menos en teoría, a conectar al individuo con algo superior, el nuevo espiritualismo parece obsesionado con conseguir ascensos laborales, dinero o relaciones sentimentales exitosas. ¿Cómo puede alguien confiar en una piedra?", bromea al comentar la obsesión por los cristales de cuarzo.
El oráculo de Delfos era mejor ‘influencer’
Strömquist opina que Delfos funcionaba mejor que todos los expertos actuales no porque dijera la verdad, sino porque nunca ofrecía respuestas fáciles. Los historiadores creen que las sacerdotisas del templo inhalaban gases procedentes de una grieta en el subsuelo antes de pronunciar sus profecías y que por ello sus respuestas eran enigmáticas y muchas veces, directamente incomprensibles, pero precisamente por ello, útiles. "Me gusta cuando el consejo se vuelve más críptico y menos autoritario. Una buena pregunta obliga a pensar; una mala respuesta evita que pensemos. Los nuevos oráculos funcionan exactamente al revés. Lo simplifican todo, prometen certezas y convierten la complejidad humana en una lista de diez pasos", reflexiona.
Ante el boom de los influencers conservadores y viendo cómo la ultraderecha ha encontrado en las redes sociales una herramienta perfecta para comunicar su mensaje de una forma mucho más eficaz que la izquierda, Strömquist se muestra muy crítica con la izquierda. "Tenemos la manosfera con su autoayuda de extrema derecha y tenemos toda la industria del éxito y de la belleza. Pero la izquierda no ofrece una alternativa. La gente tiene problemas concretos: sufre ansiedad, soledad, precariedad. Y necesita respuestas inmediatas. La respuesta de la izquierda siempre es: deberías cambiar la sociedad por completo. Ya, pero ¿qué hago mientras tanto?". Esa es una de las ideas del libro: cómo construir formas de ayuda que no terminen convirtiéndose en mercancía.
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