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Disco de la semana

Weezer vuelve a sonar a Weezer: guitarras crujientes, estribillos con pegada y un poco de mala uva en 'Gold album'

La banda de Los Ángeles, que sacudió el rock de los 90 con su 'Blue album' y canciones como 'Buddy Holly', recompone su sonoridad más reconocible desde una perspectiva adulta y con sentido del humor

Weezer, con Rivers Cuomo en el centro

Weezer, con Rivers Cuomo en el centro / EPC

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Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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'Weezer (Gold Album)'

Weezer

Warner

Rock

★★★★

Tras un largo ciclo de discos de lo más variado y ocurrente, Rivers Cuomo ha decidido que era hora de entregar un álbum canónico de Weezer. Venimos del crisol sónico reflejado en los cuatro epés 'SZNZ' (2022) y, más atrás, del tributo heavy-hard rock de 'Van Weezer' y del orquestal 'OK Human' (ambos, de 2021), del acopio de 'covers' de 'The teal album' y del heterodoxo-un-poco-experimental 'Black album' (doble entrega de 2019)… Y sí, ahora, este trabajo, el séptimo homónimo de su catálogo, ya conocido como 'Gold album', suena como imaginamos que debería sonar un clásico disco de Weezer. O algo así.

Ante el cliché de la vuelta a las raíces, Cuomo muestra sus cartas y se mofa un poco de sí mismo. Muy intensamente en 'CEO', el nuevo sencillo, cuya plantilla evoca al clásico 'Undone (The sweater song)', del primer álbum (el memorable 'blue', de 1994), con su guitarra arpegiada, la voz hablada y la tonada que estalla a toda distorsión, mientras él cavila sobre tener que componer "otra canción de los 90". Gracioso vídeo, en el que dos ejecutivos tratan de aleccionarlo ("la gente quiere ver lo viejo, pero con un nuevo giro") y le sugieren la genial idea de soltar un nido de avispas en el 'set' como guiño a los perros que aparecían en el clip de 'Undone'.

Tapones en los oídos

Este 'Gold album' bascula entre cierta narrativa de la impotencia respecto a uno mismo y al pasado y la determinación de fastidiar a quienes quieran ver en Weezer a un artefacto que claudica ante el 'revival'. Porque, sí, el disco conecta con el 'blue album' (un trabajo que marcó los 90 con su cruce de guitarras gamberras y melodías pop, vía de salida del 'malrollismo' grunge), pero lo hace desde un encuadre adulto en el que las armonías crujientes y esos fugaces solos asilvestrados no transmiten tanta inocencia como contrariedad, cabreo y liberación. Es así desde el agudo arranque con 'Say yes', donde Cuomo dice ponerse tapones en los oídos para no escuchar a quienes tratan de asustarlo y manipularlo, y a través de piezas en las que se percibe el desconcierto: "Compré una tostadora para hacerme unas tostadas/ Tuve que escanear primero un código QR", canta, sin miedo a sonar rematadamente viejuno, en 'Hoops'.

Esta versión de Weezer, realzada por la producción de Klas Åhlund (Ghost, The Weeknd) y Kenneth Blume (Idles, Geese) atrapa a través del cruce de crudeza y melancolía de 'Shine again', del trote de 'We might as well be strangers' (con los miembros de Wednesday) y de la herencia de los viejos héroes metaleros perceptible en el pico épico de 'Nowhere' y en el concluyente 'The LA Sound'. Este es el tema más abiertamente nostálgico, con su memoria del "club de huele a meado" y de la vieja furgoneta con la calefacción averiada. "No puedes simular lo auténtico", repite Cuomo de un modo que no te queda otra que creérle.

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