Series con final polémico (3)
'House': esta no es manera de colgar el bastón
El Dr. Gregory House se despidió de nuestras vidas con un desenlace a la vez profundamente sentimental y curiosamente desalmado
Series con final polémico (1): 'Expediente X', historia de dos finales (poco satisfactorios)
Series con final polémico (2): 'Girls', ¿y si al final todo es más sencillo?

Hugh Laurie (Gregory House) en una imagen del episodio final de 'House' / Archivo

Bastantes primeros casos de 'House' habían sido descritos por Berton Roueché, escritor especializado en temas médicos, en las páginas de 'The New Yorker', pero el personaje titular era básicamente una analogía médica del Sherlock Holmes de Doyle: un hombre igual de inteligente y cascarrabias, también con problemas de adicción, todavía más aferrado a su bastón (por necesidad médica), experto en hacer la vida imposible a los demás y, al mismo tiempo, hacerse indispensable para todos.
En este popular 'procedimental' de investigación, el gran Hugh Laurie se reveló a la población global como carismático líder del departamento de Medicina Diagnóstica del ficticio Hospital Universitario Princeton-Plainsboro de Nueva Jersey. Dirigía con maliciosa autoridad un equipo de jóvenes especialistas encargado de investigar y diagnosticar enfermedades raras cuya sola descripción podía dejar sin dormir a los más hipocondríacos tras acabar cada episodio. La entrega final tenía un título, además, nada halagüeño: 'Todo el mundo muere'. Bien es sabido, no hacía falta recordarlo. Pero la idea se podía entender como un juego de palabras con 'Todo el mundo miente', mantra del Dr. House y título del primer episodio: el círculo (de la vida) se cerraba. Eso sí, esta vez el capítulo lo dirigía David Shore, creador de la serie, en lugar de Bryan Singer.
Al principio de este cierre de serie y temporada, estrenado el 21 de mayo de 2012, veíamos a House despertando junto a un cadáver en un edificio al que también parece quedarle poco tiempo. Hay un incendio en marcha y no se oye a los bomberos. House no sabe si escapar o, en fin, dejarse llevar. Su subconsciente le ofrece ayuda en forma de conversaciones con antiguos colegas, entre ellos los fallecidos Lawrence Kutner (Kal Penn) y Amber Volakis (Anne Dudek), que lo animan a rendirse. Poco después aprendemos que el cadáver de al lado es el heroinómano Oliver (James LeGros), paciente que, ante una muerte segura, se había ofrecido a agenciarse los cargos de vandalismo que colgaban sobre House, idea que este último rechazó.
Una larga serie de adioses
En el exterior de su cabeza y ese edificio, el oncólogo James Wilson (Robert Sean Leonard) y el Decano de Medicina Eric Foreman (Omar Epps) andan en busca de House. Acaban dando con ese edificio casi derruido, pero antes de que su amigo pueda salir, se produce una explosión fatal. El forense confirma los peores augurios a través de los registros dentales: uno de los muertos es nuestro antihéroe.
Al sentido funeral organizado por colegas y amigos acuden personajes y actores ya ausentes de la serie, como las doctoras Remy Hadley (Olivia Wilde) y Allison Cameron (Jennifer Morrison) o la abogada Stacy Martin (Sela Ward), exnovia con la que House tenia buena relación; no estaba allí, en un giro polémico, la Dra. Edelstein (Lisa Cuddy), su principal interés amoroso. Todos tienen buenas palabras para el fallecido, salvo el siempre empático, sensible Wilson, su particular Dr. Watson, quien lo describe como un tipo al que nunca le importaron mucho sus amigos. Todo lo contrario que al propio Laurie: siempre recordaré cómo en su concierto de blues en el Teatre Artèria Paral·lel de 2012 aprovechó toda pequeña oportunidad para cantar las virtudes de sus compañeros y presentar aquello como un trabajo en equipo.
Malas maneras poco simpáticas
Que en realidad House no estuviera muerto y que todo el mundo llorara por él en vano dividió bastante a la crítica. De acuerdo, 'Todo el mundo muere' resultaba coherente en el marco de un proyecto con mucho de homenaje (no tan) velado a Sherlock Holmes, personaje que simulaba su propia muerte en el relato 'El problema final', base no solo del final de 'House' sino de, lógicamente, los de 'Sherlock' o 'Miss Sherlock'.
Para algunos detractores, 'Todo el mundo muere' era solo una muestra más del melodramatismo en que había caído 'House' tras su revelación como una serie más bien oscura y realista. Ciertamente, el funeral está cargado, o mejor dicho, saturado de adioses. Pero la gran broma final es un acto de cinismo desalmado. House cambió sus registros dentales por los de Oliver para simular su propia muerte y librarse de la cárcel. Solo vuelve a verlo con vida Wilson, quien tiene el privilegio de pasar sus últimos meses de vida de ruta motera con su viejo amigo. Al resto solo le queda el dolor, aunque a Foreman le deja una especie de pista.
"Es tremendamente divertido, imaginativo… Y también algunas cosas malas", decía Laurie sobre House en una entrevista con 'Entertainment Weekly' en los días del final. "Básicamente, está del lado de los ángeles, sin ser necesariamente un ángel". En el mismo artículo, David Shore añadía más adelante: "Tiene una profunda brújula moral, para su detrimento". Un momento, ¿"del lado de los ángeles"? ¿"Profunda brújula moral"? Lo más natural sería parafrasear cierto clásico de Leonard Cohen de 1967 y cantar: "Hey, esta no es manera de colgar el bastón".
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