El divorcio en la literatura
Cómo escribir sobre tu ex sin odiarle demasiado: "El final de una relación es solo el principio de la historia"
Leslie Jamison narra en 'Astillas' el proceso de reconstrucción vital tras su divorcio en plena pandemia

Leslie Jamison (Washington, EEUU, 1983), novelista y ensayista. / L.O.

En 2020, un mes antes de que un virus confinara a la humanidad, Leslie Jamison firmó los papeles de su divorcio. Poco después se contagió de covid y pasó la enfermedad con su hija, una bebé de algo más de un año a la que no dejó de alimentar, bañar, dormir, en definitiva, cuidar ni durante los picos más altos de fiebre ni en los siguientes meses de encierro forzado. Las dos solas, sin ver a nadie más durante semanas y semanas. Hay libros que nacen de una idea y otros que empiezan como un simple gesto de supervivencia. 'Astillas' (Anagrama) pertenece a la segunda categoría. Jamison empezó a tomar notas, fragmentos desperdigados de una vida que parecía desmoronarse, íntima y globalmente. El resultado puede leerse como un ensayo sobre la separación, un tratado sobre el divorcio en el siglo XXI o unas memorias sobre la maternidad y lo intensa y agotadora que esta puede llegar a ser.
Una buena parte de ‘Astillas’ transcurre en el pequeño apartamento alquilado en forma de pasillo al que fueron a parar Jamison y su bebé tras la separación, al lado de una estación de bomberos en Nueva York. Una amiga lo bautizó como "el canal de parto", una imagen que Jamison recuerda hoy con una sonrisa porque condensa exactamente la sensación que sentía en ese momento: “No era un destino, sino un espacio de tránsito. Sabía que estábamos en una transición muy brusca, de una vida a otra», explica. «Me sentía abrumada emocionalmente, pero también sentía curiosidad», recuerda la escritora, que empezó a registrar breves escenas aparentemente insignificantes, como el olor de las naranjas impregnado en los dedos, las luces de los camiones de bomberos entrando por la ventana o el olor a pis de los pañales mezclado con el de los restos de leche reseca.
Jamison, una de las ensayistas más audaces y aplaudidas de la literatura norteamericana actual, comprendió que estaba ante un libro en el que se entrelazaban dos historias: el final de un matrimonio y el comienzo de la vida de su hija, que hoy tiene 8 años. En sus páginas no hay grandes revelaciones epifánicas o melodramáticas, sino desayunos, mudanzas, custodias compartidas, viajes en coche y muchas noches sin dormir. Hay una mujer intentando reconstruir una vida mientras aprende que "el dolor no siempre adopta formas espectaculares", apunta.
"Existe la idea equivocada de que escribir desde tu propia vida es menos artístico que escribir una novela"
"Un día normal y corriente al lado de un niño pequeño puede convertirse en narrativa, en algo con valor literario", defiende. "Las mujeres siempre han vivido experiencias increíblemente importantes, siempre han reflexionado sobre ellas y han intentado encontrar un lenguaje para narrarlas", reflexiona. "Durante demasiado tiempo la escritura autobiográfica fue considerada un género menor, casi un territorio sospechoso frente a la ficción. Existe esa idea equivocada de que escribir desde tu propia vida es menos artístico que escribir una novela", dice. "Pero, ¿qué son si no las 'Confesiones' de San Agustín? Cualquier vida puede convertirse en materia literaria. No hacen falta gestas extraordinarias ni traumas monumentales", apunta.
Contar un divorcio sin resentimiento
Jamison, habrán deducido, no es la única persona que aparece en 'Astillas'. ¿Cómo se escribe sobre los otros, en concreto sobre tu ex, el padre de tu niña, o tus padres, dos personajes cuyo divorcio marcó a la autora de adolescente? "Esa fue probablemente la mayor dificultad del libro. Encontrar el equilibrio entre la precisión ética y lo literario. Aunque todo en 'Astillas' sea cierto, elijo qué decir y cómo decirlo", afirma. "Lo que me interesaba era no convertir a nadie en una caricatura. Era muy importante para mí reconocer la dignidad de la complejidad. No quería convertirme en una víctima ni convertir a los demás en villanos. Porque no sería verdad. Todos somos complicados", resume.
"Las buenas historias no nacen de personajes completamente buenos o completamente malos, sino de seres humanos llenos de contradicciones", confiesa tras reconocer que en los primeros borradores escribía desde un lugar más cercano al resentimiento. "Todavía estaba demasiado cerca del dolor del divorcio. Fue durante la revisión cuando comprendí que algo faltaba. Y empecé a preguntarme qué partes de mi ex no estaban apareciendo en estas páginas". Entonces, explica, regresaron también los recuerdos felices: "el enamoramiento, el humor compartido y la ternura de él ejerciendo como padre". Eso también está en el libro.
"Experiencias incrustadas"
Aunque probablemente lo más novedoso de 'Astillas' es que el libro comienza precisamente donde muchas historias sentimentales terminan. En muchas ficciones solemos asistir al deterioro de la pareja hasta llegar a la ruptura. Jamison coloca el divorcio al principio. "El final de la relación es el principio de la historia. Porque el final de nuestra relación no significa que la relación haya terminado. El amor que existió, la historia compartida, los viajes, los recuerdos y, sobre todo, nuestra hija, todo continúa existiendo. Ese es el sentido del título. Las astillas son las experiencias que permanecen incrustadas en nosotros, algunas duelen, otras apenas se perciben, pero todas siguen ahí, integradas en el cuerpo y en la memoria. La escritura funciona como una forma de examinar esas pequeñas esquirlas sin arrancarlas", describe.
No es la primera vez que Jamison, siempre inteligente, minuciosa y con un don sobrenatural para descodificar sentimientos complejos y autodiseccionarse como una especie de forense emocional, se abre en canal. De ella hemos leído libros dedicados a sus desórdenes alimentarios, su lucha contra el alcoholismo, la adicción y cómo comprender el dolor de los demás sin apropiárselo. Sus padres aparecían brevemente en 'La huella de los días', el ensayo sobre su relación con la bebida en los años universitarios, pero no de la manera en la que emergen en 'Astillas', donde Jamison narra su separación y posterior reconciliación amistosa, de lo más modélica y civilizada. ¿Hasta qué punto el matrimonio y el divorcio de ellos moldeó silenciosamente su manera de entender el amor? "Me di cuenta de que había idealizado el divorcio de mis padres. Ellos consiguieron reconstruir una amistad profunda muchos años después de separarse. Durante mucho tiempo eso fue una especie de ejemplo tranquilizador. Pensé que el divorcio siempre podía terminar de esa manera. Pero tuve que aprender que el mío iba a ser muy diferente".
Una conclusión, desliza, es que "no somos amados de la manera que elegimos. Somos amados de la manera que cada persona sabe amar. El amor nunca coincide exactamente con nuestras expectativas, pero eso no lo convierte en menos verdadero".
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