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La noche en que los Beatles dieron plantón a El Cordobés: el episodio más marciano del Madrid de 1965
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Los Beatles llegaron a Madrid el 1 de julio de 1965. / EFE

Madrid estaba un poco aturdida. Era 1 de julio de 1965 y cuatro chavales de Liverpool acababan de aterrizar en Barajas para hacer algo que hoy parece inevitable, pero entonces tenía bastante de anomalía: tocar en una España que miraba con prevención sus melenas y lo que representaban. Los Beatles llegaron a las 17:40 y se refugiaron en el Hotel Fénix, junto a la plaza de Colón. Había policías, curiosos y periodistas, la expectación era absoluta. Al día siguiente actuarían en Las Ventas, pero antes la ciudad les tenía preparada una colección de escenas muy típicas: flamenco, calor, vino de Jerez y un torero famosísimo llamando a una puerta, ojo, que no se abrió.
Aquella noche, John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr salieron. Poco, pero lo hicieron. Después de pasar el día en el hotel, terminaron en un tablao acompañados por el periodista Alfredo Amestoy. La imagen era, cuanto menos, atención, peculiar: ellos venían de una gira europea, con aeropuertos y gritos todavía pegados a la ropa. Estaban agotados, pero Madrid quería enseñarles sus tópicos más exportables. Sin embargo, el plan no se alargó. Regresaron al Fénix y se retiraron a descansar. Era tarde. Los pasillos recuperaban la calma acolchada de los lugares caros. Parecía que la función había terminado, pero no fue así. Aún faltaba Manuel Benítez, El Cordobés, con un fotógrafo detrás y una idea sencilla: conseguir la foto que todo el mundo quería publicar.

Cartel del concierto de los Beatles en Las Ventas. / EFE
Por aquel entonces, era uno de los fenómenos populares de una España en la que los toreros llenaban plazas y portadas. Una fama que desbordaba cualquier ruedo. De hecho, dicen, llegaron a preguntar a los Beatles por él, como si para entender el país hiciera falta pasar primero por los toros. Así que la imagen tenía lo suyo: los cuatro músicos más famosos del mundo junto al hombre que aquí despertaba suspiros. Dos mundos alejadísimos en la misma fotografía. El problema fue el horario. Cuando Benítez apareció, la banda ya estaba durmiendo. Así que el torero tuvo que marcharse sin la pieza. A veces, la cultura popular se construye con fotografías. Y otras, como ésta, con la imagen que nunca llegó a existir.
La escena tuvo su gracia porque invertía los papeles. El hombre al que media España quería acercarse fue, por unas horas, quien se quedó esperando. No hubo paseíllo posible. Una puerta se lo arrebató. Detrás dormían los Beatles. Delante estaba El Cordobés. Y entre ambos, algún empleado obligado a administrar una colisión de celebridades que hoy habría provocado teléfonos en alto y vídeos verticales antes de que nadie pudiera decir Yesterday. Todo era más lento hace 61 años. También el fracaso. Ahora bien, aquel episodio trascendió precisamente por eso: tiene la medida exacta de una buena anécdota, la que traspasa generaciones. No cambió la historia de la música ni del toreo: sólo las cruzó durante unos minutos en un rincón madrileño para, luego, sin anestesia, volver a separarlas como si nada hubiera pasado.
Extraer vino
A la mañana siguiente, llegó el vino de Jerez. Y, claro, otra vez, todos los ojos se dirigieron a los Beatles. La casa Domecq había trasladado al Fénix varios toneles que Lennon y compañía acabaron firmando frente a una comitiva encabezada por Primo de Rivera. No se limitaron al autógrafo. También probaron suerte con la venencia, la vara larga con la que se extrae el vino de las botas y se sirve desde cierta altura. La técnica, obviamente, no se aprende entre una rueda de prensa y una prueba de sonido: así que allí estaban los cuatro, aplicados, pero bastante menos precisos que con sus instrumentos. Fue tal la estampa que, durante un rato, los artistas que estaban cambiando la música popular dejaron de parecer inalcanzables para convertirse en turistas intentando que el fino llegara a la copa con dignidad.

Los Beatles, a su llegada a Madrid en avión. / EFE
Horas después tocaron en Las Ventas y la visita siguió rumbo a Barcelona, pero el Fénix ya había acumulado material suficiente para una película. Todo en pleno julio y en un país que no sabía muy bien qué hacer con aquellos cuatro jóvenes, salvo preguntarles por el pelo y enseñarles flamenco. Puede que resultara lo más folclórico del planeta, pero también un poco delirante. Y, sin embargo, seis décadas después, funciona como una cápsula de aquel verano: la modernidad acababa de aterrizar con guitarras eléctricas y España corrió a recibirla con todo lo que tenía en la mano. El Cordobés quiso la foto y llegó tarde. Quizá, por ello, la historia sigue teniendo tanta gracia. Hay noches en las que hasta las mayores estrellas se cruzan. Y otras en las que, literalmente, ay, se quedan a una puerta de distancia.
Un giro inesperado
Ahora bien, hay un problema. O, mejor dicho, un misterio. Durante años, la versión más repetida fue ésta: El Cordobés llegó tarde, los Beatles ya dormían y aquella fotografía nunca llegó a hacerse. Así lo contó El País en 2013, apoyándose tanto en el intento de Jesús Hermida por propiciar el encuentro como en los recuerdos de Joaquín Luqui. Y volvió a sostenerlo en 2025. Pero Manuel Benítez lo negó después. En una entrevista concedida en 2017 a Radio Córdoba aseguró que aquello de que los Beatles rechazaran fotografiarse con él era "un bulo y una mentira". El matiz es importante: el torero desmontó el supuesto plantón, pero tampoco aportó aquella imagen ni dejó claro que finalmente llegara a tomarse. Para enredarlo todavía más, Benítez sí se reunió con miembros del grupo un año después, en 1966, cuando dos Beatles y Brian Epstein viajaron a Córdoba para hablar de una posible película. Puede que, con el tiempo, ambas historias acabaran mezclándose. O puede que todavía falte una fotografía por aparecer.
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Fuente: El Periódico de España