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NO MOLESTAR

La noche en que Ava Gardner fue expulsada del Ritz: ¿orinó realmente en la alfombra del hotel más lujoso de Madrid?

Las noches de algunos famosos empiezan con una reserva discreta y terminan convertidas en leyenda: repasamos en esta serie los caprichos, excesos y desastres que se escondieron tras las puertas de los hoteles de Madrid

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Ava Gardner, enuna corrida de toros celebrada en la España de los años 50.

Ava Gardner, enuna corrida de toros celebrada en la España de los años 50. / ARCHIVO

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Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid
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Ava Gardner no sabía vivir en voz baja. El día que llegó a Madrid en los años 50 se topó con una ciudad oscura, pero con ganas de divertirse. Así que, haciendo gala de su extrovertido carácter, ojo, abrió ventanas y llenó las habitaciones de luz. Convirtió cada una de las madrugadas que pasó en España en un pequeño desafío. Y, claro, el Ritz, tan acostumbrado a la discreción, se las vio para lidiar con una mujer de su altura. De hecho, tardó muy poco en descubrirlo. A las fiestas que montaba no les faltaban detalle: estrellas, bailes, vestidos, copas. Un batiburrillo de excesos que, una noche, sin esperarlo, se saldó con su expulsión: la actriz fue vetada por el constante malestar que provocaba al resto de huéspedes. Y, bueno, también hubo un detallito que terminó de condenarla, aunque jamás se llegó a demostrar: según los rumores, orinó en una de las alfombras del hotel. Y, al instante, aquella leyenda se dio por cierta sin necesidad de probarla.

El choque tenía algo de película. Por un lado, un establecimiento inaugurado en 1910 bajo el impulso de Alfonso XIII, levantado para que la capital pudiera presumir ante Europa de lámparas de araña y vajillas impecables. Y, por otro, Ava, una mujer criada en Carolina del Norte, convertida por Hollywood en deseo planetario. Aquí encontró algo que Los Ángeles no podía ofrecerle: distancia y un puñado de amigos dispuestos a alargar cualquier cena. En una ciudad gris por decreto, ella era un vestido abierto de par en par: brindis, risas, tacones. Y, luego, otro bar. Y un amanecer. El Ritz podía ofrecerle una suite. Lo que no podía era apagarla.

MD-15 Madrid, 27-9-04.- Doce años vivió Ava Gardner en España, entre 1954 y 1968, periodo de su biografía poco conocido que el escritor Marcos Ordóñez desvela ahora en "Beberse la vida" y que le ha servido para descubrir en pleno franquismo "un mundo subterráneo de grandes fiestas, de juergas interminables y de sexo". En la foto de archivo (25-5-1954) Ava Gardner acompañada por el torero Luís Miguel Dominguín, a su llegada al madrileño aeropuerto de Barajas, para afincarse en España tras romper su matrimonio con Frank Sinatra. EFE

Ava Gardner, junto al torero Luís Miguel Dominguín en el aeropuerto de Barajas. / EFE

Aquellas fiestas no entendían de horarios. Por su habitación pasaban actores, músicos y toreros. Allí se cantaba hasta altas horas de la madrugada. Ava sabía exprimir como pocas las oportunidades que la capital le ofrecía. Y, precisamente, diversas crónicas de la época coinciden en que el hotel terminó invitándola a marcharse por el ruido de las reuniones y por una convivencia cada vez más difícil con las normas de la casa. No cuesta imaginar el escenario: abajo, las flores bien colocadas y los ceniceros en su sitio; arriba, el jaleo atravesando terciopelos y poniendo al límite la paciencia. No fue una postal amable, la verdad. Dormir cerca tuvo que ser un castigo. Pero, aun así, hay algo magnético en esta colisión entre la disciplina del lujo y una mujer que se negaba a bajar los decibelios. El Ritz ofrecía sobriedad. Y Ava respondía con vida. Demasiada, quizá. Ella era así. Vivía el presente con intensidad.

MD-18 BARCELONA, 27-9-04.- Doce años vivió Ava Gardner en España, entre 1954 y 1968, periodo de su biografía poco conocido que el escritor Marcos Ordóñez desvela ahora en "Beberse la vida" y que le ha servido para descubrir en pleno franquismo "un mundo subterráneo de grandes fiestas, de juergas interminables y de sexo". En la foto de archivo (24-8-1953) la famosa actriz, muy aficionada a los toros, en una corrida de la feria bilbaina. EFE/CECILIO. CINE. ACTRICES. FOTOS ANTIGUAS

Ava Gardner vivió en España 12 años, entre 1954 y 1968. / EFE

Y, entonces, apareció la alfombra. Billy Wilder contó a Fernando Trueba en una entrevista grabada en 1991 para El País que el Ritz le había negado el alojamiento porque, atención, la gente del cine no era bienvenida. Según él, aquella medida se tomó tras la noche en la que Ava hizo sus necesidades en la moqueta del vestíbulo. El director polaco, capaz de atravesar cualquier solemnidad con una broma, en este caso, aseguró que había prometido no hacer lo mismo. Su testimonio tiene valor, aunque no convierte los hechos en acta notarial: estaba relatando una historia que circulaba por el gremio, no una escena que hubiera presenciado. Pero, justamente, ahí está la gracia. Y la cautela. Puede que sucediera. Y también puede que el tiempo añadiera alcohol y alcohol al episodio. Quién sabe. De lo que no había duda era de que el cuento resultaba perfecto. Tan ideal que desmentirlo habría sido casi estropearlo.

Proteger los secretos

El hipotético veto, además, habría ido más allá de ella. Durante años, tal y como recuerdan distintos testimonios del cine español, el Ritz miró con recelo a la industria, como si cada claqueta escondiera un vaso roto. El propio Wilder situó su rechazo dentro de esta política y Paco León, al investigar la vida madrileña de Ava para Arde Madrid, recogió la versión de que el incidente había cerrado las puertas a toda la farándula. Tal vez, resulte exagerado atribuir una decisión a una sola madrugada. Los grandes hoteles, como las familias antiguas, suelen proteger sus secretos con medias sonrisas. Sin embargo, la historia encaja con la época: la actriz encarnaba todo lo que el franquismo vigilaba y muchos locales soñaban.

MD-17 Madrid, 27-9-04.- Doce años vivió Ava Gardner en España, entre 1954 y 1968, periodo de su biografía poco conocido que el escritor Marcos Ordóñez desvela ahora en "Beberse la vida" y que le ha servido para descubrir en pleno franquismo "un mundo subterráneo de grandes fiestas, de juergas interminables y de sexo". En la foto de archivo (1950) la famosa actriz en Tossa de Mar (Girona), acompañada de su tercer marido Frank Sinatra (d), donde llegó para rodar la película "Pandora y el holandés errante". EFE

Ava Gardner, en Tossa de Mar (Girona), acompañada de su marido Frank Sinatra. / EFE

Hoy el antiguo Ritz luce renovado, con el verano entrando educadamente en su jardín. Ya no queda nada de aquella moqueta, si es que existió, oye, ni botones que puedan señalar el punto exacto del supuesto delito. Queda algo mejor: una anécdota que explica por qué Ava sigue perteneciendo a Madrid. No sólo por sus películas, sino también por las sobremesas que se desbordaron y por el whisky que pidió una última canción. Tenía una forma muy particular de tocar el alba como una patria. Y lo más importante: nadie podía frenarla. Su adrenalina era el mejor de los escudos. La expulsaron. O eso dicen. Da igual. Ella salió del hotel y se adentró en el folclore. Así que, mientras la ciudad sude en agosto y alguien alargue una copa cuando ya están recogiendo las mesas, habrá quien recuerde que una vez el lujo quiso imponer silencio. Y Ava, por supuesto, vehemente, hizo ruido. Mucho.

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Fuente: El Periódico de España