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Entrevista

Miguel Ríos: "La derecha extrema, más que el nuevo punk, es el viejo fascismo"

El cantante granadino presenta su nuevo álbum, ‘El último vals’, y recupera sus clásicos en la gira que le traerá 18 de agosto al Festival de Cap Roig

Miguel Ríos, en una imagen de archivo.

Miguel Ríos, en una imagen de archivo. / Europa Press

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Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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Tras celebrar el 40º aniversario de su doble en vivo ‘Rock & Ríos’, en 2022, Miguel Ríos regresó al estudio para publicar un álbum más rockero en muchos años, ‘El último vals’, publicado en noviembre de 2025. Lo presenta en una gira acompañado de un cuarteto.

¿Una gira en la que mezcla las canciones de ‘El último vals’ con su enorme catálogo de éxitos?

Tocamos cinco canciones de ‘El último vals’, pero la gente no paga por oír solo eso, claro. Si pagan su entrada y no les cantas ‘Santa Lucía’ te maldecirán toda su vida. Y yo estoy en este oficio para que la gente me quiera.

Este disco supone su regreso al sonido más rock, batería incluida, después del semiacústico ‘Un largo tiempo’ (2021) y del orquestal ‘Symphonic Ríos’ (2018). ¿El 40º aniversario de ‘Rock & Ríos’ le animó a recuperar su versión más rockera?

La verdad es que nos metimos en el nuevo disco como una continuación de ‘Un largo tiempo’, pero en el combo se integró Luis Prado (batería de Señor Mostaza) y empezó a haber cambios. Él toca todos los instrumentos, fuimos probando y nos gustó la textura que le daba la batería. Es un placer ver a este cuarteto tocando.

En el tema que abre el álbum, ‘En la rampa de salida’, canta a “celebrar la vida, aunque estés regular”.

Casi todas las canciones son autobiográficas. Yo siempre he tratado de explicar lo que me pasaba, la vida cotidiana, las cuitas políticas y todo eso, las cosas que te preocupan. Hay un tema, ‘Si pudiera parar el tiempo’, que es una especie de cuaderno de bitácora para los que tenemos ya 80 tacos, o más. Da mucho placer poder contar tus averías sin intentar buscar nada más que la empatía, sin dar pena ni nada de eso.

En ‘Oro irlandés’ recuerda un amor antiguo y fugaz, en "aquel verano del setenta y tres", y dice: "Hace un siglo que escapé del calor de tu cama porque huía del mundo burgués". ¿Los principios por encima de todo?

Yo era hippie y ella era casi burguesa, sí. Una chica que entró en mi vida así, como pasaba en los 70, para desaparecer al rato, ¿no? Pero para hacer una canción vale todo. Tienes que utilizar todos los recursos, los recuerdos. Para eso sirven.

Miguel Ríos celebrando los 40 años de ‘Rock and Ríos’, en un concierto en el Palau Sant Jordi, el 28 de octubre de 2023.

Miguel Ríos, durante el concierto de celebración de los 40 años de ‘Rock and Ríos’ en el Palau Sant Jordi, el 28 de octubre de 2023. / Jordi Cotrina

¿Ve la ideología como un elemento troncal en su obra?

Me ha gustado utilizar las canciones para intentar arreglar el mundo, aunque luego sabemos que eso no se consigue. Pero me encanta la libertad que te puede dar hacer una canción contra un poder que, como eres una hormiga, no te va a atacar directamente. Contra Trump, por ejemplo, y los nuevos fascismos y esa cosa de la nueva política escorada hacia la ultraderecha.

Hace unos días, en el festival Starlite (Marbella), un asistente le recriminó su pañuelo palestino y su "politiqueo", dijo, y usted le replicó: "¿Cómo no voy a hacer política si yo soy político?".

Me lo puso a huevo, porque yo le dije: "tú me conoces, ¿no?, ¿no sabías a qué habías venido?". Cuando algo se hace ‘trending topic’ caes en el peligro de que luego todos quieran tener su momento de gloria, pero la situación se superó estupendamente.

¿No es posible separar las cosas y que haya un público que siga su trabajo, aunque no se identifique políticamente con usted?

No lo sé. La verdad es que yo no le pregunto a nadie cuál es su ideología cuando va a entrar a un teatro. Yo soy tolerante. Pero desde que hice el ‘Himno a la alegría’ y luego los 'Conciertos de rock y amor' tomé conciencia de para qué servían las canciones: para parar guerras o intentarlo, como la de Vietnam. Aprendí que no era un yonqui de la pasta, que lo importante del dinero es lo que puedes conseguir con él, si no quieres ser el más rico del cementerio.

¿Qué le parece que se diga que "la derecha es el nuevo punk"?

Oye, que los punks se sentirían muy ofendidos, tío. Estarían muy cabreados y harían ‘riots’ para que estos se enteraran. La derecha extrema, más que el nuevo punk, es el viejo fascismo. No hay más. Que un falangista sea punk… Yo lo que no entiendo es que la política llegue a tapar el humanismo. Lo que está pasando en Gaza es una falta de piedad cristiana y que a la gente que va a misa no le importe esa desgracia, donde ya no manda la ideología sino la pasta, es algo obsceno.

En España se ha normalizado, en ciertos ambientes, insultar al presidente del gobierno. Personas de una ideología que figuraba que encarnaba el orden.

¡Eso es lo más punk que hace la derecha! Por eso decía que tendrían que encontrarse con los punks, con los Sex Pistols, en un callejón sin salida, a ver… Ahora lo que han conseguido es globalizar los intereses políticos, decir que no a los extranjeros y eso de la prioridad nacional, que es un cuento. Un país que ha estado toda su vida emigrando…

Pero si ahora la gente joven tiende a la derecha, algún error habrá cometido la izquierda, ¿no?

Claro, claro. Pero el relato en las redes lo ha ganado la extrema derecha de forma torticera, contando mentiras. La izquierda tiene un problema, que no defendemos los valores poniendo pie en pared, diciendo que por eso no paso y se acabó.

Esta gira termina el 8 de diciembre en el madrileño Movistar Arena. Después de 'El último vals', ¿qué?

Yo ahora mismo estoy un poco saturado. Tuve un accidente casero. Me caí por las escaleras, me pegué un golpe terrible y he estado de pruebas. Estoy perfectamente, sin secuelas, pero creo que necesito un tiempo para mí. Hay un trabajo por hacer con la fundación que tengo en Granada. Luchamos para que la música forme parte de los primeros años lectivos en la educación pública. Y tengo pasar por chapa y pintura, como decía Paco Rabal. Se trata de vivir sin dar por culo a nadie.

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