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Un concierto astronómico

Música y lágrimas entre viñedos en el eclipse del Festival Jordi Savall

El estreno por sorpresa de una pieza coral de Bernat Vivancos en el momento de máxima oscuridad aporta un clímax sobrecogedor al concierto barroco de Josep Maria Martí Duran

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Rafael Tapounet

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"¡Eclipse total! ¡Ni sol, ni luna!". En una de las arias más conmovedoras del repertorio de Georg Friedrich Händel, perteneciente al oratorio 'Sansón' (1743), el juez israelita a quien los filisteos han arrancado los ojos lamenta haber perdido para siempre la luz del mundo. El suyo es, pues, un eclipse metafórico. El eclipse solar total que a las 20 horas y 29 minutos vieron y vivieron las cerca de 300 personas reunidas en la finca Estol Verd en Les Pobles (Aiguamúrcia) después de escuchar diversas piezas de Händel y de otros compositores barrocos fue, en cambio, de verdad. Mágico y extraordinario, pero real.

Enmarcado en la programación de la sexta edición del Festival Jordi Savall, el llamado 'Concierto para un eclipse' había empezado, por decirlo de alguna manera, dos horas antes, junto al aparcamiento del Monasterio de Santes Creus. Allí habían sido convocados los espectadores para ser conducidos en autocares a un "espacio secreto" que resultó ser un espléndido viñedo situado en una planicie desde la que la contemplación del fenómeno prometía grandes dosis de satisfacción astronómica.

Gafas y cava

Tras el preceptivo reparto de gafas protectoras (no eran pocos quienes traían las suyas de casa) y la cortesía ritual de una copa de cava rosado, a las 19,37 horas, cuando la luna ya daba su primer mordisco a la esfera de un sol hasta entonces implacable, salió al escenario el vilafranquino Josep Maria Martí Duran, músico especializado en instrumentos de cuerda pulsada y miembro habitual de Le Concert des Nations y Hespèrion XXI, formaciones dirigidas por Jordi Savall. Con una versión para tiorba (instrumento barroco de 14 cuerdas y aspecto imponente) del aria 'O sleep, why dost thou leave me?' de la ópera 'Sémele', de Händel, dio comienzo, ahora sí, el concierto.

Santes Creus 12/08/2026 Sociedad Eclipse solar en el concierto del festival Jordi Savall. AUTOR: JORDI OTIX

Josep Maria Martí Duran y su tiorba, en el 'Concierto para un eclipse' / Jordi Otix

Hay algo anacrónico y sugerente en la idea de un recital de música barroca seguido por varios centenares de personas pertrechadas con gafas de última generación para la observación solar directa. La imagen es, en cualquier caso, potente; como un recordatorio de que la exposición a la belleza conlleva siempre un riesgo. Entre las primeras filas, la 'consellera' de Cultura, Sònia Hernández Almodóvar, y el propio Jordi Savall, que poco después debía dirigir en la Plaza de Sant Bernat del Monasterio de Santes Creus un concierto de homenaje al astrónomo polaco Nicolás Copérnico.

Mientras la luna y el sol avanzaban en su fascinante cortejo, se sucedían las piezas de Händel, Henry Purcell y Robert de Visée. No estaba muy claro si los aplausos del público iban dedicados a la delicada interpretación del músico o al asombroso movimiento de los cuerpos celestes. Probablemente, a ambos. La experiencia fue creciendo en intensidad hasta que, a las 20,27 horas, Martí Duran dejó de tocar, se puso las gafas de rigor y miró hacia el eclipse mientras ocho cantantes dirigidos por Lluís Vilamajor interpretaban a capella un fragmento de la obra 'Lumen tenebrae', del compositor barcelonés Bernat Vivancos, cuyo estreno oficial tendrá lugar el viernes en el mismo festival. Fue un momento de belleza cósmica no anunciado en el programa que arrancó lágrimas de emoción a más de uno de los presentes (entre ellos, el director de la muestra, Martí Sancliment) y conmovió profundamente a todos. "Una experiencia incomparable", apuntó la 'consellera' Hernández. Imposible no darle razón.

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