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Opinión | Análisis

Barcelona

Compañía nacional de teatro: otro debate pendiente

Catalunya impulsará una compañía nacional de teatro

El Teatre Nacional de Catalunya (TNC), en una imagen de archivo.

El Teatre Nacional de Catalunya (TNC), en una imagen de archivo. / Manu Mitru

El río sonaba hace tiempo por los mentideros del teatro y ahora se confirma que lleva agua. La consellera de Cultura, Sònia Hernández Almodóvar, admite ya que el Govern estudia crear una compañía nacional de teatro, además de la de danza avanzada por este diario en julio. Lo ha hecho con agostidad, en pleno parón vacacional del sector y sin apenas concretar, apuntando únicamente a la creación de un “espacio de trabajo” para ver “cómo debe articularse”. Un globo sonda lanzado sobre un sector cuya precariedad lo hace especialmente sensible a cualquier cambio de temperatura.

Con los presupuestos en expansión hacia el tan reclamado 2% para la Cultura, resulta sensato pensar más allá de las tiritas del corto plazo y plantar cara al déficit de infraestructuras culturales en Catalunya. De concretarse una fórmula para la futura compañía, no le faltarán opositores. Cualquier nuevo actor viene a comerse una parte de un pastel pequeño y el sector privado (o subvencionado) siempre frunce el ceño ante competidores dopados por lo público.

Ya en los orígenes del TNC, el fundador Flotats fue defenestrado por soñar con la 'grandeur' de la Comédie-Française. Su modelo de formación estable puso los pelos de punta al circuito comercial. Más suerte tuvo Sergi Belbel con la compañía fija del T6 que contribuyó a proyectar la dramaturgia catalana hasta su buen momento actual, un acierto de profesionalización que se cargó la crisis posterior a 2008. Quizá por la espina de no haber continuado el T6, Xavier Albertí es el principal promotor intelectual de una compañía nacional que sirva para representar el patrimonio dramático catalán, un equivalente a la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) de Madrid. El reciente éxito de su montaje en verso 'La corona d'espines', de Sagarra, supone un buen ejemplo de cómo una estructura institucional puede irrumpir como una apisonadora sobre el codiciado circuito de giras por el territorio.

Tampoco parece casual la agostidad de una propuesta que llega en pleno relevo entre Carme Portaceli y Josep Maria Mestres en la dirección del TNC, la institución que parece llamada a cargar con el sambenito de las nuevas formaciones de teatro y danza. El contrato programa 2027-2030, que debe aprobarse antes de que termine el año, puede ser la puerta de entrada. El pulso se dirimirá en la dotación presupuestaria adicional y en determinar si una institución ya sobrecargada y burocratizada como el TNC puede asumir en condiciones la responsabilidad. Harán falta altura de miras, debate y ambición, e instituciones que estén a la altura del reto.

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