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Crónica

Núria Rial, el último regalo del verano en el Festival Perelada

La concertino Lina Tur Bonet también interpreta excelentemente el repertorio barroco en tiempos de Vivaldi bajo la batuta del incombustible Jordi Savall

Tur Bonet, Savall y Rial al finalizar el concierto.

Tur Bonet, Savall y Rial al finalizar el concierto. / Miquel González

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Lluc Perich Pérez / Eduard Boadas Rabassedas

Peralada
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Núria Rial y Jordi Savall ofrecieron el último regalo de este verano en casa en el Festival Perelada. Su concierto, dedicado al barroco italiano en tiempos de Vivaldi, fue una preciosa muestra de ello de la mano de Les Musiciennes du Concert des Nations y su concertino Lina Tur Bonet, que, junto a la maravillosa soprano que es Rial, protagonizó la velada. Savall, incombustible en la batuta, disfrutaba de su maestría casi como un espectador más.

El 'Concert per a violí en La major', de Albinoni, preparó la entrada de la gran protagonista de la noche, Núria Rial y, sobre todo, de su espectacular voz, una delicia de soprano. Con 'Il pianto de Maria', de Ferrandini, la manresana ya exhibió sus capacidades. Su canto plasmaba el dolor de la madre que ve morir a su hijo, y remitía a tantas guerras, injusticias y lágrimas como hay en el mundo.

La potencia vocal de Rial se desplegó por completo con las composiciones de Vivaldi. En la 'Salve Regina RV 617', ofreció un canto lírico muy coherente con el estilo musical y perfectamente empastado con el 'ensemble' barroco; y en el 'Laudate pueri Dominum, RV 600' elevó por completo un viaje en el que cada melodía formaba un bloque continuo hacia el final. Final en el que, además, Savall y Rial tuvieron la cortesía de obsequiar a Peralada con dos bises.

Pero la soprano no fue la única en brillar, porque Tur Bonet dejó a todo el mundo boquiabierto al descargar toda la fuerza y energía de Vivaldi en los 'Allegro' del 'Concert per a violí, RV 208', realmente complicados. Una interpretación fantástica que repitió en el 'Concerto grosso en Re menor' de Geminiani, dialogando con muchísima comunión con sus compañeras del conjunto.

De hecho, las miradas entre todas las integrantes del concierto denotaban complicidad: se escuchaban y, con los cuerpos, daban intención a cada nota para ofrecer el final a la altura que merecía la 40.ª edición de verano del Festival Perelada, que a finales de mes todavía tendrá un bis wagneriano con el Festival de Bayreuth en el Palau de la Música.

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Fuente: Diari de Girona