Creación literaria
La Fantàstica: un taller de escritura donde los niños dejan volar su creatividad y aprenden a ser constantes
El espacio, ubicado en Gràcia, está fundado por la escritora Berta Mongé y busca que pequeños y jóvenes lleven a cabo sus proyectos hasta el final

Local de La Fantàstica, ubicado en el barrio de Gràcia, donde niños y jóvenes vienen a desarrollar su escritura creativa. / CEDIDA
Ubicado en el barrio de Gràcia de Barcelona, cerca de la plaza de la Vila de Gràcia, se encuentra La Fantàstica, un local pensado para que niños y jóvenes que sienten el deseo de escribir puedan desarrollar sus habilidades literarias.
La impulsora de este proyecto de escritura creativa para chavales es Berta Mongé (Barcelona, 1979), escritora y directora de Arte en la editorial Malpaso. Su pasión por la escritura la condujo a abrir La Fantàstica cuando se dio cuenta de que, de pequeña, le habría gustado poder asistir a un local de estas características. "Era una actividad muy solitaria y echaba en falta compartir con otros niños la experiencia, así como tener a alguien que me guiara y me diera unas pautas", reflexiona.
Libertad
El objetivo principal de La Fantàstica es que los niños que ya disfrutan escribiendo y leyendo tengan un espacio donde puedan llevar sus obras hasta el final: "Vienen a escribir y a concentrarse en una mesa donde otros niños hacen lo mismo, no vienen a leer ni a contar historias oralmente". En el local, cada niño escribe su propio relato en el formato y el género que desee, como un cómic, el ámbito de la fantasía o un diario, algo que no les obliga a desarrollar un proyecto que no les motiva. "Cuando iba a talleres y me decían que tenía que escribir algo concreto, como un cuento de terror, me mataban porque tenía ganas de escribir, pero no de escribir eso en concreto", rememora Mongé.
A diferencia de otros talleres o locales de escritura, lo que ofrece La Fantàstica son encuentros, no clases: "Les digo que yo no soy profesora y ellos no son alumnos". En este sentido, el espacio permite a los niños desarrollar sus ideas sin normas rígidas, ya que no se destina tiempo a corregir ortografía o gramática, tarea de la que se encarga posteriormente Mongé. "Allí no pierdo tiempo con estas cosas, que lo que hacen es poner trabas a su creatividad -cuenta Mongé-. Dejo que fluyan y luego ya me encargo de la parte más académica".
Constancia
En grupos reducidos, los encuentros tienen lugar un día a la semana, lo que permite un acompañamiento más individualizado: "Cada niño es diferente, así que no tengo un método específico, sino que lo hago con intuición. Lo que más les cuesta es plasmar en el papel las ideas, así que hablo con ellos y les doy las pautas que veo que necesitan". Según Mongé, el mayor reto que suelen tener los niños es acabar sus proyectos, algo que en La Fantàstica aprenden a conseguir. "Es muy fácil empezar a escribir y dejar la historia porque no te gusta, no estás seguro o se te ocurre una idea mejor -desarrolla Mongé-. Aquí entienden que la constancia es lo que hará que mejoren porque la escritura es más de hacer que de que llegue la inspiración".
En estos tiempos de tecnología y pantallas, La Fantàstica ofrece un espacio sin herramientas digitales para que los aspirantes a escritor dispongan de tiempo y concentración. "Los niños conectan con esta tranquilidad de la calma y no con la rapidez ni la inmediatez, y la tecnología va en contra de todo esto", considera. "Aquí tienen tiempo para la escritura, pero también les hace ver la vida con un tempo que no tienen en otro sitio y les permite concentrarse", añade la fundadora.
Antoñita la Fantástica
El nombre del local viene porque a Mongé, de pequeña, su madre y su abuela siempre le decían que parecía Antoñita la Fantástica, el personaje creado por Borita Casas, porque, como ella, inventaba e imaginaba historias. Además, el nombre ha acabado funcionando como un apodo para cada niño. "Cada uno es un 'fantástico'. Tenemos a 'la fantástica de los ojos azules' o 'la fantástica de los zapatos rojos', por ejemplo. Hemos hecho un ente de La Fantàstica", se enorgullece Mongé.
El local lleva abierto desde enero, y la creadora confirma que estos meses, valga la redundancia, han sido fantásticos: "Los niños están supercontentos, cada uno está realizando su proyecto, y están entendiendo que la escritura es un proceso de lentitud, reflexión, creatividad y corrección". "Me gustaría que, cuando los niños se vayan de La Fantàstica, se lleven consigo el placer de escribir para toda la vida", concluye Mongé.
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