Un verano astronómico
Eclipses de ficción (y 5): la noche más corta también alberga horrores
De cómo el cine de terror ha utilizado los eclipses como una señal de que el destino de la humanidad está controlado por fuerzas cósmicas que escapan a nuestra comprensión
Eclipses de ficción (4): Al amor hay que mirarlo con gafas protectoras
Eclipses de ficción (3): Soles rotos y encuentros sexuales en el espacio

Imagen promocional de la película 'Hermana Muerte', de Paco Plaza / EPC

Es el momento de admitirlo, ahora que esta serie llega por fin a su último capítulo. Los eclipses de sol pueden dar muy mal rollo. La oscuridad lo envuelve todo, la temperatura desciende varios grados, el horizonte se tiñe de color naranja, los desconcertados animales no saben si ha llegado la hora de iniciar sus hábitos nocturnos, se produce un silencio inquietante… Durante unos pocos minutos, el mundo se convierte en el portal que da acceso a una realidad alternativa no especialmente confortadora.
Lo sabe bien Stephen King, que lleva más de 50 años lidiando en sus libros con cosas espeluznantes. King tenía 15 años cuando el 20 de julio de 1963 se produjo un eclipse solar total perfectamente visible en el estado de Maine, donde vivía. El fenómeno causó en el joven aspirante a escritor una impresión honda y duradera. Tanto, que al cabo de 30 años incluyó ese mismo eclipse en dos de sus novelas, 'El juego de Gerald' y 'Dolores Claiborne', y en ambos casos lo vinculó con sucesos entre dramáticos y terribles (en el caso de 'El juego de Gerald', esa escena en particular es un 9,5 sobre 10 en la escala de lo perturbador).

Stephen King. / Archivo
El maestro del relato pesadillesco utiliza la rápida alternancia entre tiniebla y luz que tiene lugar durante el eclipse como metáfora de la inesperada revelación de ominosos secretos del pasado y la reaparición de miedos latentes. La desaparición del sol es una imagen poderosa que representa además el triunfo -temporal pero incontestable- del lado oscuro. Una visión demasiado sugerente para ser desaprovechada por el cine de terror, que en las últimas décadas ha utilizado con profusión los eclipses como una señal de que el destino de los personajes está a menudo controlado por fuerzas cósmicas que escapan a su comprensión.
Disney oscuro
Un ejemplo temprano es la muy reivindicable 'Los ojos del bosque', una fantasía perversa que el inglés John Hough dirigió en 1980 para la factoría Disney, aunque la compañía del 'mágico mundo de colores' se horrorizó al ver el tono oscuro de la película y, después de imponer varios cambios en el montaje y de despedir al director, la acabó retirando de los cines para reestrenar 'Mary Poppins'. La trama gira en torno a una familia que se muda a una mansión rural, donde las dos hijas experimentan una serie de fenómenos extraños relacionados con una chica que desapareció años atrás en un rito de iniciación realizado durante un eclipse solar. Hoy es un filme de culto.

Lynn-Holly Johnson, Bette Davis y Kyle Richards, en 'Los ojos del bosque' / EPC
Bastantes menos pretensiones tenía 'Cumpleaños sangriento' (Ed Hunt, 1981), un curioso 'slasher' ochentero protagonizado por tres niños nacidos durante un eclipse solar que, poco antes de cumplir los 10 años, se entregan a un frenesí homicida sin que nadie sepa muy bien por qué. Al final resulta que la culpa es del sol y de la luna, que en el momento de alinearse habían bloqueado a Saturno, el planeta que rige las emociones, por lo que los tres querubines han crecido desprovistos de la más mínima empatía y, en consecuencia, no ven nada raro en apiolar al profesor cuando este se niega a dispensarles de hacer los deberes.
La planta que vino del espacio
¿Saben quién vino al mundo también durante un eclipse solar total? Audrey II, la insaciable planta carnívora que se alimenta de sangre humana en la comedia de terror musical 'La tienda de los horrores' (Frank Oz, 1986). En este caso, la monstruosa criatura aprovecha el fenómeno astronómico para llegar del espacio y colarse en una floristería china bajo la apariencia de una plántula adorable. Y lo hace, además, mientras un trío femenino de escuela Motown y un quinteto de doo-wop cantan 'Da doo' en una escena llena de encanto, así que es normal que Rick Moranis se encapriche de Audrey II y pase por alto las funestas repercusiones que suelen traer consigo los eclipses en la ficción.
La lista de películas de miedo con eclipse incorporado podría seguir y seguir -dejaremos aquí un repóquer de muestra: 'La séptima profecía', de Carl Schultz (1988); 'Pitch Black', de David Twohy (2000); 'Wolf Creek', de Greg McLean (2005); 'La casa del diablo', de Ti West (2009); 'Dark glasses', de Dario Argento (2022)-, pero hay dos nombres que, por cercanos y reincidentes, merecen una especial atención. Son los de Jaume Balagueró y Paco Plaza, que, además de compartir tareas de dirección en filmes de terror como '[REC]', '[REC]2' y 'OT: la película', comparten también una particular obsesión por los eclipses.
Balagueró hizo aparecer el fenómeno en dos de sus películas: 'Darkness' (2002), en la que un eclipse que ocurre cada 40 años marca el momento en el que deben ser sacrificados siete niños en un ritual satánico (como ven, no es una comedia), y 'Venus' (2022), relato de empoderamiento femenino a medio camino entre el costumbrismo cañí y el horror cósmico. Y Plaza convirtió el alineamiento de la luna y el sol en un elemento esencial para la trama del díptico formado por 'Verónica' (2017) y su precuela 'Hermana Muerte' (2023). En las dos salen eclipses. En la primera, por cierto, las chicas y las monjas cometen la imprudencia de mirarlo a través de negativos fotográficos y radiografías. ¡No sigan su ejemplo el próximo día 12!
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