Amor prohibido bajo esvásticas
Nazis y fámulas en la Barcelona de 1941: "Las monjitas no advertían a las sirvientas de que el señor podía abusar de ellas si quería"
Marta Platel publica 'El baile de las criadas', novela ganadora del Premio Fernando Lara que mezcla romance y 'thriller' en un momento siniestro de la historia de la capital catalana

Marta Platel, en una imagen promocional / Javier Ocaña

En una nota final, Marta Platel explica que las sirvientas protagonistas de 'El baile de las criadas' tienen pinceladas de las sirvientas que conoció en el barrio donde vivía y en las casas de sus compañeras de colegio, a caballo de los años 60 y 70, inferimos. El barrio era la Bonanova y el colegio, "de niñas", el Sagrado Corazón de Sarrià, concreta la autora con reticencia. "A ver si voy a parecer elitista. ¡No es que fuéramos una familia de millonarios, ni mucho menos!", dice.
No tenía tata Platel, pero había tatas en su entorno. A las que no prestaba ninguna atención. "Cuando ibas a hacer los deberes a casa de amigas, te traían la merienda y te explicaban batallitas -recuerda-. Y yo pensaba: 'Para estos rollos ya tengo a mi abuela'". Tras publicar en 2023 'El último vuelo de la abeja reina', su primera novela, decidió dar voz a esas "mujeres olvidadas" en 'El baile de las criadas', novela ganadora del último premio Fernando Lara, recompensado con 120.000 euros.
Esvásticas en el Palau de la Música
Retrocedemos a 1941, en Barcelona. Los nazis campan a sus anchas en la ciudad, hay grandes esvásticas desplegadas en actos en la Universitat de Barcelona, el teatro Coliseum o el Palau de la Música, el régimen franquista, no obstante ser neutral, y parte de la alta burguesía barcelonesa se ponen a los pies del nacionalsocialismo, por algo va de momento Alemania ganando la Segunda Guerra Mundial.

Fachada del Parlament, ornamentada con esvásticas, con motivo de la Exposición de Arquitectura Moderna Alemana que acogió en octubre de 1942, en una imagen del libro 'Nazis a Barcelona' / BRANGULÍ / ARXIU NACIONAL DE CATALUNYA
No parece una estima recíproca. Se desprende de la novela cierto desprecio de la mimada colonia alemana por los jerarcas, ricos y trepas franquistas. "Los nazis consideraban que el fascismo español era demasiado religioso y clerical -expone Platel-. ¡Franco llevaba cuando iba de viaje la mano incorrupta de Santa Teresa!". La autora, como muchos otros, tuvo noticia de la simpatía de Barcelona por Hitler con 'Nazis a Barcelona', de los historiadores Mireia Capdevila y Francesc Vilanova. "Es un libro fantástico. Desconocía por completo el tema y a partir de ahí empecé a indagar".
Miedo a ser cursi
Sí es recíproco el amor entre una criada y un vicecónsul alemán, un romance explosivo que surge en el Salón Cibeles, baile de 'chachas' donde él no pinta nada. Este romance prohibido, digno de una canción de Bambino, es el corazón de 'El baile de las criadas'. "No soy especialmente romántica y me daba mucho miedo resultar cursi -relata la escritora-. ¿Cómo logras que ese amor se palpe y se sienta sin caer en la cursilería? Creo que he conseguido no ser demasiado relamida".

Celebración del cumpleaños de Hitler de 1943, en el escenario modernista del Palau de la Música, adornado con toda la parafernalia nazi, que aparece en el libro 'Nazis a Barcelona' / ARXIU NACIONAL DE CATALUNYA / SOLIDARIDAD NACIONAL-LA PRENSA
El vicecónsul del que se prenda Melisa, fámula en casa de los asquerosos Llebrera, sobre todo él, resulta ser un miembro bueno del partido nazi: forma parte de una red clandestina que ayuda a judíos a huir de Europa. "Los nazis fueron lo peor que ha pasado por la historia, pero hubo personas decentes en el nazismo -reflexiona Platel-. Todos sabemos de Oskar Schindler por la película ['La lista de Schindler'], pero hubo otros como él. Yo me inspiré un poco en Georg Ferdinand Duckwitz [diplomático alemán que arregló la huida a Suecia de miles de judíos de la Dinamarca ocupada]".
Señores y señoritos
Una vez descubierta por Melissa la actividad secreta del vicecónsul, la doméstica monta con compañeras en otras 'cases bones' una red de espionaje para echarle una mano a su amor. "No es una historia de espías al estilo John Le Carré, ¿eh? -bromea Platel-. No se convierten en espías de buen grado, tienen miedo, pero deciden hacerlo como una forma de resistencia y de tomarse la revancha ante los abusos que sufren". De todo tipo. "Hay investigadoras y autoras que han escrito libros sobre esa época basándose en testimonios de criadas, y realmente eran casi esclavas -cuenta la novelista-. Tenían fiesta los jueves por la tarde y cobraban una miseria, cuando no trabajaban a cambio de techo y comida. A muchas las colocaban las monjitas, que les enseñaban que tenían que ser chicas buenas, limpias, obedientes y trabajadoras. Pero no les advertían de que si el señor o el señorito querían, podían abusar de ellas con impunidad".
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