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Un verano astronómico

Eclipses de ficción (3): Soles rotos y encuentros sexuales en el espacio

De cómo Mel Gibson hizo que un Rambo precolombino se salvara de la muerte gracias a un eclipse después de que Georges Méliès convirtiera el fenómeno astronómico en un poético rito de apareamiento

Eclipses de ficción (1): Malos augurios y listillos en apuros

Eclipses de ficción (2): Un 'deus ex machina' colonial en el altar de los sacrificios

Una imagen promocional de 'Apocalypto', con el eclipse solar al fondo

Una imagen promocional de 'Apocalypto', con el eclipse solar al fondo / EPC

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Rafael Tapounet

Rafael Tapounet

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Como ya quedó claro en el segundo capítulo de esta serie, los eclipses convertidos en 'deus ex machina' dan un juego especial cuando se ambientan en la América prehispánica, con todos esos adoradores del sol de rostro impenetrable aficionados a derramar sangre y arrancar corazones en coloridos ceremoniales. Y hasta hoy nadie ha sabido explotar tan bien ese truculento potencial como lo hizo el australiano Mel Gibson en 'Apocalypto' (2006), una hiperrealista película de acción hablada en maya yucateco en cuya trama el eclipse tiene un papel esencial (aunque discutible, como se verá).

El protagonista de 'Apocalypto' es el joven cazador Garra de Jaguar, una suerte de Rambo precolombino que, junto a varios compañeros de su tribu, es capturado por unos invasores mayas y conducido a una ciudad asolada por una extraña enfermedad. Allí se dispone que los prisioneros sean sacrificados ante el rey en un altar situado en la cima de una pirámide escalonada, pero justo cuando le llega el turno a Garra de Jaguar, después de un par de vistosas ejecuciones, empieza un eclipse solar y el sumo sacerdote, convencido de que aquello es una señal de los dioses, ordena detener la matanza.

Aunque Mel Gibson no lo explicita, hay algunos detalles en esa escena que hacen pensar que el rey y el sacerdote sí sabían que en ese momento se iba a producir el eclipse y habían orquestado todo el espectáculo ritual con el propósito de someter y manipular a las masas (esos cruces de miradas no se incluyeron en el montaje porque sí). Esta explicación encajaría bien con lo que sabemos sobre los mayas y su capacidad de predecir con precisión las fechas en las que el sol se 'rompía' (la expresión que empleaban para referirse al eclipse es 'Pa’al K’in', que significa 'sol roto'). Más problemático resulta que inmediatamente después de esa secuencia veamos al protagonista huyendo a través de la selva en una noche de luna llena, algo que solo sería posible si hubieran transcurrido 14 días desde el eclipse.

Ciencia ficción 'queer'

Si la policía del rigor astronómico tiene argumentos para reprender a Gibson, a Georges Méliès debería aplicarle una sanción ejemplar. Pero qué más da. Al mago de Montreuil siempre le interesó más la poesía que la realidad. A la desbordada imaginación del autor de 'Viaje a la Luna' le debemos la que acaso sea la primera representación de un eclipse solar en el cine. Tiene lugar en un cortometraje de poco más de nueve minutos realizado en 1907 y titulado 'El eclipse: el cortejo entre el Sol y la Luna'. No sería muy aventurado decir que es una obra pionera de la ciencia ficción 'queer', si es que tal género existe. O del porno espacial, si prefieren una definición más cruda.

La luna y el sol, poco antes del acoplamiento, en el cortometraje de Méliès

La luna y el sol, poco antes del acoplamiento, en el cortometraje de Méliès / EPC

En la película, Méliès interpreta a un profesor de astronomía que, después de impartir clase a sus revoltosos alumnos, contempla un eclipse con su enorme telescopio desde lo alto de un torreón. Así vemos cómo una luna antropomorfizada con el rostro de un joven de aspecto afeminado se acerca, haciendo gestos lascivos, a un sol que se presenta como un señor bastante más maduro pero igualmente expectante. Después de guiñarse los ojos y sacarse la lengua mutuamente, ambos se superponen durante unos segundos, en lo que solo cabe interpretar como un apareamiento en toda regla. Consumado el encuentro, la luna se aleja con gesto visiblemente satisfecho mientras el sol parece algo descontento (¿disforia postcoital?). Excitado por lo que ha visto, el astrónomo se acaba cayendo por la ventana del torreón y aterriza en un barreño lleno de agua.

Un eclipse como Dios manda

Han pasado 120 años desde el eclipse de Méliès y ningún cineasta se ha atrevido a tomarse tantas libertades a la hora de retratar el fenómeno astronómico. En el otro extremo de la escala del rigor se situaría el eclipse que el director estadounidense Richard Fleischer incluyó en un momento clave de la película de tema bíblico 'Barrabás'. Parece de verdad porque lo es. El productor Dino di Laurentiis quiso aprovechar que el 15 de febrero de 1961 iba a tener lugar un eclipse solar total visible desde Italia y trasladó la producción al pueblo de Roccastrada, en la Toscana, para rodar allí la escena de la crucifixión de Jesús. Ello suponía que el equipo solo tenía dos minutos y 45 segundos para completar la secuencia, sin posibilidad de repetir la toma. Al director de fotografía, Aldo Tonti, no le quedó otra que cruzar los dedos. El resultado es sobrecogedor.

Por lo que sabemos, ninguno de los operadores de cámara o de los actores de 'Barrabás' sufrió lesiones oculares durante la filmación de la escena. Menos fortuna tuvo Marge Simpson, que en el capítulo 13 de la vigésima temporada de 'Los Simpson', titulado en España 'Adiós, Maggie, adiós', se quedó ciega durante un par de semanas después de contemplar un eclipse total sin utilizar gafas protectoras. Mejor le habría ido si hubiera hecho caso a las advertencias del presentador de noticias del Canal 6 Kent Brockman: "Un eclipse solar es como una mujer amamantando en un restaurante. Es gratis, es hermoso, pero bajo ninguna circunstancia deberías mirarlo".

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