A los 62 años
Fallece el actor Manolo Solo, pilar del cine español y ganador de un Goya por 'Tarde para la ira'
El actor, nacido en Algeciras y criado entre Huelva y Sevilla, ha muerto a los 62 años

Ha muerto uno de los nuestros. Ha fallecido Manolo Solo (Algeciras, 1964), uno de los pilares del cine español con acento andaluz. Su muerte ha dejado en shock a toda la profesión: a sus amigos, que en muchos casos fueron también sus directores -Alberto Rodríguez, Santi Amodeo y un larguísimo etcétera-, a la legión de admiradores y a todo ese ecosistema del audiovisual andaluz y español que hoy llora una muerte demasiado temprana, justo en el momento en que el gran público disfrutaba de la versatilidad de un actor enorme. Como han informado fuentes de su entorno a este periódico, los médicos le comunicaron hace apenas un mes que el cáncer le estaba devorando por dentro.
Hace justo 10 años ganó el Goya a Mejor Actor de Reparto por su inolvidable Triana en Tarde para la ira (2014), de Raúl Arévalo, pero había brillado en La isla mínima (2014) en el papel de un fotógrafo de la prensa que despertaba a la democracia con muchos tiros dados encima. En realidad, por pequeña que fuera su aparición en pantalla, siempre convencía. Cada papel era de premio, en total estuvo nominado cuatro veces a los Goya y recibió un buen puñado de reconocimientos en la profesión: Feroz, Unión de Actores y Premios Carmen del cine andaluz, entre otros. Deja más de cincuenta personajes en su filmografía.
2025 fue un año glorioso para Manolo Solo, un actor nacido en Algeciras, criado en Los Barrios y formado en Sevilla. Un andaluz sin subrayados. En marzo, estrenó El cielo de los animales, de Santi Amodeo, que en una entrevista a este periódico confesó que el algecireño siempre estuvo en su cabeza para dar vida a uno de los personajes de la película que adaptaba la novela de David James Poissant. En noviembre fue el turno de la monumental serie Anatomía de un instante (2025), adaptación de la obra homónima de Javier Cercas y producida por Movistar Plus. Bajo la dirección de Alberto Rodríguez, se metió en la piel del general Gutiérrez Mellado en una interpretación increíble.
En la última edición de los Premios de la Academia 2026 compitió por el Goya a Mejor actor por su papel en Una quinta portuguesa (Avelina Prat, 2025), en el que dio vida a un profesor devastado por la desaparición de su mujer que trata de rehacer su vida como jardinero en una tranquila finca portuguesa, entablando una inesperada amistad con la dueña, una deliciosa María de Medeiros. Hace tres años, había rodado con el maestro Víctor Erice, que lo convirtió en uno de los grandes protagonistas de su tercera y esperada película, Cerrar los ojos (2023). En 2021, se convirtió en la mano derecha de Javier Bardem en El buen patrón a las órdenes de Fernando León de Aranoa. Mucho antes, dejó su sello en Celda 211, con Daniel Monzón (2009) y antes El laberinto del fauno de Guillermo del Toro (2006). Si se mira en conjunto, la carrera de Manolo Solo sirve también para medir cómo ha crecido el cine español en las últimas dos décadas y quiénes protagonizan ese éxito.
Una carrera de fondo que estaba en su mejor momento
Hay intérpretes que construyen su filmografía a golpe de grandes protagonistas y otros que, sin necesidad de ocupar siempre el primer plano, terminan convirtiéndose en imprescindibles. Manolo Solo ha pertenecido a esta estirpe de actores. Se consolidó como uno de los rostros más respetados del cine español con una carrera marcada por la versatilidad, el rigor interpretativo y una presencia constante en algunas de las producciones más relevantes de las dos últimas décadas. El Goya al Actor Revelación por esa encarnación del lumpen puro en Tarde para la ira (2016) lo colocó en el radar nacional cuando ya llevaba décadas fajándose como actor bandera de toda la gran familia del cine andaluz, un intérprete que antes trabajó en la televisión y el teatro. Construyó su carrera con tesón con una regularidad poco común, con humildad y una inteligencia natural a la hora de meterse en la piel de personajes muy diferentes. Personajes también que le dieron muchas alegrías en la nueva hornada de series de plataformas: además de la serie sobre el 23F, encarnó a un paparazzi en Celeste, junto a Carmen Machi, y legó un cameo desternillante en Poquita fe.
Su carrera, de fondo, se construyó con la sana alergia a ese star system que se pasea por los photocalls. Siempre fue discreto con su vida privada. En una de las escasas ocasiones en las que habló de su historia personal, recordó la influencia que tuvo la figura de su padre, fallecido cuando él era muy pequeño. "Mi padre terminó una carrera antes de su edad, escribía, pintaba… Era un tío muy brillante. En cierta manera he querido vivir una continuación de su vida", confesó a Vanitatis. Hijo de maestros, estudió Ciencias de la Educación en la Universidad de Sevilla antes de dedicarse de lleno a la interpretación. Aunque nunca llegó a ejercer como docente, siempre defendió que aquella formación le ayudó a comprender mejor a las personas y, con ello, a construir sus personajes. Era un tipo comprometido -sus últimos mensajes públicos son de apoyo a la causa palestina-, bético y buena gente. Un tipo formidable que celebró la segunda estrella de la selección española: "Si no imposible, es realmente difícil ganar un mundial con más merecimiento", escribió en Twitter.
Más allá del cine y el teatro, la música fue otra de sus grandes pasiones. Desde muy joven tocó la guitarra eléctrica, el bajo y cantó, y en los años 80 formó parte de la banda sevillana de rock Los Relicarios, en la que también militaba el director Santi Amodeo. Solo formó parte del reparto de su primera película en solitario, esa inolvidable Astroanutas (2003). Este fin de semana pasado, en una gran fiesta que reunió en el Palmar a lo más granado del cine andaluz, varios fueron los que se cruzaron comentarios sobre el estado de salud de Manolo Solo. Nadie quería creérselo. Tenía que seguir la fiesta también en su honor. Descanse en paz.
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Fuente: El Correo de Andalucía
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