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Crónica

La Orquestra Jove de Girona saca músculo con Mahler en el Palau

Dos agrupaciones corales juveniles acompañaron a la Jove Orquestra de les Comarques Gironines en la ‘Segunda Sinfonía, Resurrección’, de Mahler, reuniendo a unos 250 músicos y ‘cantaires’ en una velada emocionante y triunfal

La Orquestra Jove de Girona saca músculo con Mahler en el Palau

La Orquestra Jove de Girona saca músculo con Mahler en el Palau / © M. C.

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Pablo Meléndez-Haddad

Pablo Meléndez-Haddad

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Nada menos que la ‘Segunda Sinfonía’ de Gustav Mahler, ‘Resurrección’, fue la obra escogida por la Jove Orquestra de les Comarques Gironines para realizar su ‘stage’ de verano, un reto al que se unieron el Cor Jove Nacional de Catalunya y el Joven Coro del País Vasco (el Euskalherriko Gazte Abesbatza que dirige Isabel Mantecón). La propuesta se estrenó el domingo en el Auditorio gerundense y aterrizó este martes en un Palau abarrotado. Les apoyaron la soprano Marta Mathéu y la mezzo Gemma Coma-Alabert, quienes compartieron su amplia experiencia con casi 250 entusiastas jóvenes músicos.

Desde el podio, la maestra Isabel Rubio se enfrentaba a una auténtica prueba de fuego: lidiar con una obra tan compleja y grandiosa como difícil de concertar. El resultado evidenció un intenso trabajo previo, consiguiendo un sonido de convincente acción de conjunto ya desde el primer movimiento. Rubio insistió en dar brillo a los contrastes, con buenos resultados tanto en las dinámicas como en la agógica, regalando una versión bien fraseada. Los intérpretes le respondieron de manera aseada y eficaz, entregados, concentrados y motivados, incluso trompas y trompetas. Hubo, además, una muy buena respuesta de la concertino y, en general, de los primeros atriles, con una madera brillante y una percusión de profesionales. Ello también se apreció en la prédica de San Antonio, quizás lo más difícil de ensamblar de toda la obra. La entrada del ‘Urlicht’, el maravilloso ‘Lied’ insertado en medio de la Sinfonía, resultó fluida y natural, y Coma-Alabert lo abordó con dominio y expresividad.

Había ganas de que llegara el último movimiento, ‘In Tempo des scherzo’, cuando la orquesta alcanzó unos ‘tutti’ electrizantes de gran exigencia y contó, claro, con la participación del coro en una partitura que acaba siendo gloriosa y emotiva, tal y como sucedió en esta ocasión. Para conseguir este objetivo se contó con toda una experta en la materia, la maestra Mireia Barrera, a cargo de la preparación de unos coros que sonaron empastados, con un convincente canto al unísono y ofreciendo un sonido envolvente al estar ubicados en los palcos superiores, rodeando la platea —como también algunos instrumentos de percusión, además de los bronces—. Marta Mathéu bordó sus intervenciones, coronando una velada que acabó en ovaciones inolvidables.

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