Opinión | La caja de resonancia

Periodista
Conciertos contra la obsesión por el ‘hit’, el himno y el temazo
Las residencias de Pet Shop Boys en Londres y Berlín, tituladas ‘Obscure’ y que pasan por alto sus canciones más populares para profundizar en los álbumes, son una respuesta interesante a la actual ansiedad por consumir éxitos y más éxitos

Concierto de Pet Shop Boys en el Parc del Forum. / Jordi Borràs | ACN
Ser seguidor de un artista de gran éxito tiene sus pegas: los precios suben, los canales de venta se colapsan de recién llegados al fenómeno, debes verlo en un gran recinto rodeado de un público del que sospechas. Pero, además, hay consecuencias artísticas, ya que a los estadios y arenas se va a tocar los grandes éxitos y, aunque algunos artistas abren brechas en los repertorios para canciones menos trilladas, el rodillo de los ‘hits’ suele ser innegociable.
Por eso, saludo con simpatía la iniciativa de Pet Shop Boys, que, mientras siguen paseando su gira ‘Dreamworld’, con un guion lleno de éxitos para dar y vender, se han sacado de la manga un concierto titulado ‘Obscure’, que viene a ser su reverso: canciones que nunca fueron ‘singles’, ‘album tracks’, rarezas de culto. Por ahora, lo han escenificado solo cinco noches en Londres y otras cuatro en Berlín. Salas de aforo medio (Electric Ballroom y Huxleys Neue Welt), para 1.500-1.600 asistentes. A 90 euros la entrada. No es un precio desorbitado.
Me habla de ello el colega Luis Moner, periodista musical (de la revista digital Muzikalia), que ha asistido a una de esas recientes noches berlinesas. Destaca de esos conciertos “la ausencia de la jerarquización habitual de las estrellas”, ya que se trata de “una sala pequeña, con cercanía, sin separaciones, ni zonas ‘golden circle’”. Lo envidio deportivamente por haber escuchado en vivo temas como ‘The theatre’, ‘To faith the truth’ o esa adorable balada llamada ‘Your funny uncle’ (y que, según me cuenta, Neil Tennant cantó solo al teclado).
Los macroconciertos generan una fricción entre lo que el público medio desea oír y los deseos de los ‘connaisseurs’, y muy pocos artistas se prestan a bajar un escalón para cuidar el núcleo duro de sus seguidores a costa de recaudar menos. Recuerdo a David Bowie cuando, en 1995, ignoró sus éxitos en la gira ‘Outside’. “El ‘tour’ de las caras B”, tituló la siempre sarcástica prensa británica. Pues estuve entonces en el Wembley Arena y lo disfruté tanto o más que si hubiera recurrido al catálogo canónico.
Hoy hay síntomas de que los muy fans de un artista se están hartando de verse engullidos por una dinámica que los supera, del ritual masivo, de la necesidad histérica de participar de hitos e himnos que ya han oído mil veces. Hay un campo interesante por recorrer ahí, aunque no todos los artistas pueden permitírselo, solo los que, como Pet Shop Boys, tienen material para consumar un gran concierto sin que nadie eche de menos ‘West end girls’.
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