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Entrevista

Aleix Martínez, el catalán que triunfa en el Ballet de Hamburgo y sueña con volver a casa: "Al Mediterráneo lo llevo dentro y eso tira"

A sus 34 años triunfa en el Ballet de Hamburgo y mantiene contacto con Catalunya, a donde le gustaría volver. De momento prepara 'Niu', un proyecto artístico y educativo impulsado por el Festival de Peralada tras debutar en el Liceu con 'Nijinski'

Entrevista a Aleix Martínez, bailarín en el Ballet de Hamburgo

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Marta Cervera

Marta Cervera

Barcelona
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Estudió en la escuela de David Campos en Barcelona, con 12 o 13 años se fue a Marsella a estudiar en el Studio Ballet Colette Armand. En 2008 ganó el Premio de Lausanne y cambió su vida.

No soy muy fan de los premios porque no somos caballos. Somos artistas. ¿Cómo se mide el arte en una competición? Pero reconozco que aquello me puso en un escaparate impresionante porque a Lausanne acuden todos los directores de las compañías y de escuelas internacionales. Ese año el director del jurado era John Neumeier que me llevó a Hamburgo para estudiar en la escuela del Ballet de Hamburgo y después entré en la compañía donde he hecho toda mi carrera.

¿Se plantea volver a Catalunya?

Siempre. La cabra tira al monte por eso desde 2014 he sentido la necesidad de buscar proyectos vinculados al Mediterráneo. Soy bailarín y soy instrumento para otros coreógrafos pero a mí también me gusta hacer mis creaciones. Me interesa trabajar con gente que me seduzca para construir otros mundos. Me gusta moldear y pintar con otros cuerpos en el Mediterráneo, mi hogar. Mi primer proyecto fue una pequeña pieza para el festival de música en Sant Pere de Rodes. Al año siguiente hice otro para las cuevas de Collbató y no he parado. Este mes trabajo en 'Niu' para el Campus Peralada.

¿Pero podría instalarse y trabajar aquí?

De momento he creado puentes. No sé si podré volver porque la situación de la danza en Catalunya no es como en Alemania. De momento me interesa tener un pie aquí y poder compartir mi trabajo. Soy una especie de nómada porque hace muchos años que dejé mi casa aquí. Es extraño sentir que pertenezco a todo y a nada. Pero el espíritu mediterráneo lo llevo dentro y eso tira.

¿Cuánto le ha transformado Alemania?

Me ha moldeado artísticamente. La condición climática influye: te permite profundizar en una introspección interior el simple hecho de tener durante meses de cielos oscuros, lluvia y frío. Allí pasas mucho tiempo en un espacio cerrado, sea el estudio o el teatro. Es algo que también condiciona a una sociedad, a su manera de entender la vida y el día a día. Pero siempre tengo necesidad de conectar con mis raíces, es algo esencial que me sirve como mi motor artístico y personal. No es algo concreto y palpable pero notas que en Catalunya hay mucho y vibrante potencial.

Pero la mayoría de bailarines catalanes y españoles trabajan en el extranjero ¿le extraña?

En todas las compañías con las que he trabajado en estos años sean pequeñas, medianas o grandes siempre he encontrado bailarines españoles: vascos, andaluces, gallegos, madrileños, catalanes.... La única compañía con una estructura sólida a la que pueden volver es el Ballet Nacional de España porque lo de ser 'freelance' es otro mundo y siempre está más relacionado con la danza más experimental o contemporánea.

¿Le gusta estar en Hamburgo?

Me gusta porque Catalunya no me ofrece otra posibilidad. Me marché para desarrollarme y crecer como artista. Pero ahora, con 34 años, me he planteado volver muchas veces. Bailar 'Nijinsky' en el Liceu fue una experiencia agridulce: bailar en mi ciudad no es lo normal sino algo excepcional. Fue muy bonito pero también triste porque solo duró una semana. De todos modos, me encantó mostrar lo que hago en casa a la gente de mi tierra; salir cada día del teatro y estar en Las Ramblas y hablar en mi lengua.

¿Qué condiciones necesita para volver?

Una apuesta real para crear un espacio, una plataforma o una compañía donde los artistas puedan desarrollarse con una base sólida. Se necesita tranquilidad para poder crear. Uno ha de poder entrar en el estudio sin estar angustiado por aspectos relacionados con estabilidad de la compañía. Para mí el estudio es casi como un santuario: necesitas tranquilidad y seguridad para crear.

¿Y si eso no ocurre?

Los bailarines vivimos resignados pero siempre hay esperanza. En Catalunya tenemos teatros públicos, instalaciones y una cantera con artistas de calidad. Y hay público. Tenemos todos los ingredientes necesarios, también el potencial. Falta voluntad. Todo lo demás está.

Hablemos del futuro, de esa joven generación con la que prepara 'Niu', que se verá en el Festival Peralada el día 28.

Es un proyecto donde una quincena de estudiantes de danza del Empordà y Girona, de entre 12 y 17 años, todas chicas, trabajarán con ocho bailarines profesionales del Ballet de Hamburgo, cuatro chicas y cuatro chicos. También estará Arnau Obiols, un músico con el que conecto, y con un octeto de cuerda compuesto de cuatro músicos profesionales y cuatro estudiantes de la zona. 'Niu' pone en valor el proceso creativo. Las estudiantes son la base de este viaje y a partir de ellas surgen las relaciones y diálogos entre todos. Más que su capacidad física o técnica me interesa su energía, ese motor que las impulsa a bailar.

¿Algún estilo en particular?

No me gustan las etiquetas, las líneas ente clásica y contemporánea están superadas hoy en día. ¡El arte es arte y la danza es danza!. Cuando hablas de obras de repertorio puedes hablar de estilo pero no con las nuevas creaciones. Cuantas más herramientas tiene un bailarín mejor, más puede experimentar, descubrir y ser libre.

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