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Disco de la semana

The Strokes cantan a la confusión del mundo, entre la melancolía y el caos, en ‘Reality awaits’

El grupo neoyorkino reaparece, seis años después de ‘The new abnormal’, con un notable álbum en el que conserva el espíritu art-punk de sus inicios, fundiendo el músculo y la introspección

The Strokes, en una imagen de archivo del grupo.

The Strokes, en una imagen de archivo del grupo. / EPC

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Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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‘Reality awaits’

The Strokes

RCA-Sony Music

Pop-rock

★★★★

La semana que viene, el 30 de julio, se cumplirán 25 años de la edición de ‘Is this it’ (2001), el primer álbum de The Strokes, saludado en su día como un revulsivo que ponía al día la herencia del art-punk/pospunk neoyorkino de dos décadas atrás desde la perspectiva de unos muchachos de alta cuna que tenían entre 20 y 22 años. Desde entonces, The Strokes han evolucionado y se han asentado como banda relevante, aunque sus álbumes no siempre hayan generado consensos admirativos.

Los Strokes en concierto, en una imagen del documental ’Meet me in the bathroom’.

Los Strokes en concierto, en una imagen del documental ’Meet me in the bathroom’. / EPC

Quizá tampoco los aliente ‘Reality awaits’, el relevo del satisfactorio ‘The new abnormal’ (2020), vista ya la discusión generada por el uso de ‘autotune’ en los dos primeros adelantos. La voz de Julian Casablancas, que el productor Rick Rubin, aliado desde el anterior álbum, pone en primer plano, adquiere a su vez esa textura robótica desnaturalizada en ‘Going shopping’, acentuando el aire de desamparo catatónico de la canción. Es una pieza con madera de ‘hit’, en contraste con el segundo sencillo publicado, igualmente elogiable, ‘Falling out of love’, una larga balada fantasmal en la que, a medio trayecto, entra en escena un sonido de mellotrón digno del primer King Crimson.

Portada disco THE STROKES

Portada disco THE STROKES / EPC

Nuevos ángulos

También ahí canta Casablancas con ‘autotune’, un recurso que va y viene a lo largo del álbum sin que llegue a atentar contra la identidad del grupo. Ahí están The Strokes, muy reconocibles, situando todavía el centro gravitatorio en las guitarras, aunque de un modo minimalista, buscando nuevos ángulos a través de los sintetizadores, y desprendiendo un redoblado recogimiento anímico. Un buen resumen de todo ello es ‘Psycho shit’, apuntalado en el punteo de guitarra, que crece entre la melancolía y el caos, a medida que Casablanca alza el tono (aquí, sin efectos). Notables invectivas: “Aún no cuento los días para tu perdición / Ve a tu habitación, niño herido y sin vergüenza”.

Las cartas más expeditivas con ‘Dine and dash’, con esa corpulencia pospunk (no lejos de The Cure), que habla de hacer un ‘simpa’, simbolizando la falta de compromiso, y ‘Lonely in the future’, pura dinámica ‘stroke’ de primera hora, entre fogonazos líricos que proyectan abandono y nostalgia: “escuché eso hace veinte años”, “me gustaba cuando era un niño”. Quedan vestigios de la adoración a Television en el remolino de guitarras final de ‘Going to babble on’, mientras que ‘The fruits of conquest’ se adentra en una sutil telaraña de disonancias.

‘Reality awaits’ muestra a The Strokes capturando la confusión del mundo y deslizando señales de debilidad e impotencia, enfáticamente en la canción final, ‘Tyrants of the mellow moon’, que avanza con acogedora suavidad entre arpegios de guitarra. Ellos ya no son, como hace 25 años, unos salvadores del rock, sino un clásico moderno cuyas canciones siguen planteando sustanciosos desafíos.

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