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Crítica

Roger Mas y la Cobla Sant Jordi, una serena y vibrante majestuosidad en el Teatre Grec

El cantautor reafirmó el esplendor atemporal de los dos álbumes que grabó con la cobla Ciutat de Barcelona, en 2012 y 2024, en un generoso concierto en el que recorrió su cancionero propio y adaptaciones de autores como Fabrizio de André, Barbara o Mikel Laboa

Concierto de Roger Mas i Cobla Sant Jordi en el Teatre Grec

Concierto de Roger Mas i Cobla Sant Jordi en el Teatre Grec / FERRAN SENDRA / EPC

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Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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El abuelo de Roger Mas tocaba el saxo tenor, el clarinete y la tenora, y a él, escuchar una cobla, todavía le hace recordar las mañanas soleadas de los domingos, desde el momento preciso en que trinaba el ‘flabiol’. Un imaginario sentimental, y algo más, que se propuso revivir, y llevar al siglo XXI, en un álbum importante, ‘Roger Mas i la Cobla Sant Jordi – Ciutat de Barcelona’, publicado en 2012 y que contó con un segundo volumen en 2024. El cantautor de Solsona demostró ahí que la cobla es esa suerte de ‘big band’ a la catalana que, con esas texturas del trombón, el tible y el fliscorno, podía llevar canciones de origen muy diverso a un lugar único y vibrante.

El concierto de este miércoles en el Grec fue especial porque fue la primera vez que Mas y la cobla interpretaban íntegramente todo ese repertorio, el de ambos discos. Ocasión para disfrutar de un triángulo mágico: su voz, muy asentada, los metales y esas partituras doradas, empezando por ‘L’home i l’elefant’, con su simbolismo existencial propulsado por la cobla y, en la base, el pianista y arreglista Xavier Guitó. Sustanciosos recesos, de extrema sutileza, con ‘Si tu m’ho dius’ y el rescate ‘telúrico’ de ‘Caminant’, con texto de Jacint Verdaguer.

Concierto de Roger Mas i Cobla Sant Jordi en el Teatre Grec

Concierto de Roger Mas i Cobla Sant Jordi en el Teatre Grec / FERRAN SENDRA / EPC

Hay una gravedad cordial y una majestuosidad discreta, muy mesurada, en este repertorio portador de muy distintos modos anímicos, que no perdió de vista la afirmación cultural de los Països Catalans (en ‘Muixeranga’ y ‘Tres branques’), al tiempo que se acercaba a otras lenguas: el italiano (vía Fabrizio de André) y el francés (Barbara), el gallego (Rosalía de Castro) y el vasco (Mikel Laboa) Y el castellano en la copla ‘La bien pagá’, que Mas cantó con un aplomo con reminiscencias de un Carlos Cano.

Mas, calzando sus ‘espardenyes’, como siempre, evocando al sabio Francesc Pujols (según el cual llegará el día en que “los catalanes, por modestia, no dirán que lo son y se harán pasar por extranjeros”), y conectando con un alma colectiva profunda, adoptó un tono un poco más liviano en la segunda parte, donde repasó el disco de 2024, menos severo que el de 2012. Ahí estuvieron la radiante ‘Massardana’ y el toque de swing de ‘Quan tothom viurà d’amor’, encarrilando un concierto generoso (dos horas y 45 minutos) que condujo hasta esa perla psicotrópica llamada ‘El dolor de la bellesa’ . Ya fuera de programa, propinas como 'Passeig del Carme', de Pere Tàpias, y el tótem 'La santa espina', de Enric Morera y Àngel Guimerà, inyectando épica patriótica a una memorable noche de Roger Mas en el Grec.

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