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Crítica

Ettore Pagano brilla tocando el violonchelo de Casals en el Palau

El joven virtuoso, ganador del Concurso Queen Elisabeth de Bélgica, interpretó un concierto de Haydn junto a la Orquesta del Festival Pau Casals

Ettore Pagano, en el Palau de la Música de Barcelona

Ettore Pagano, en el Palau de la Música de Barcelona / Toni Bofill

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Pablo Meléndez-Haddad

Pablo Meléndez-Haddad

Barcelona
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En sus conciertos de verano, el Palau recibió a la Orquesta del Festival Pau Casals en una velada dedicada al músico catalán, adelantándose al curso 2026-27, cuando se conmemore el 150º aniversario de su nacimiento. El programa, que contó con el violonchelista ganador de la Queen Elisabeth Competition, el italiano Ettore Pagano, poseía un atractivo especial: no solo incluía piezas relacionadas con la trayectoria del homenajeado, sino también porque Pagano tocó con el violonchelo Matteo Goffriller que perteneció a Casals. Construido en Venecia en 1733, el maestro lo tocó durante más de 60 años. Ahora, la Fundación Pau Casals se lo ha cedido al joven virtuoso por cuatro temporadas como parte del premio del Queen Elisabeth.

La decisión no podía ser más acertada. Muchos se habían preguntado por qué este instrumento no lo lleva por el mundo el gran violonchelista español Pablo Ferrández, pero él ya tiene un instrumento fabuloso, el histórico Stradivarius Lord Aylesford, de 1696. El caso es que el joven Ettore Pagano, a sus 23 años, demostró que se merece a su ilustre compañero; su madurez interpretativa resultó sorprendente, al igual que la sensibilidad y la afinación conseguidas en sus intervenciones.

Antes, la velada arrancaba con una obra de cámara, el ‘Cuarteto con piano’ de Schumann a cargo de varios miembros de la orquesta, una obra apasionada que exige expresividad y compenetración. Y la hubo, con momentos de hermoso diálogo. Casals, divulgador del ‘Concierto para violonchelo’ de Schumann, también rescató esta pieza, imponiendo una técnica con un fraseo pleno de un ‘legato’ casi vocal, tarareado, que al principio se apreció tímidamente en el chelista hasta conseguirlo a partir del ‘Andante’.

Ya bajo la guía de la concertino, Antje Weithaas, la orquesta apareció en escena con el ‘Segundo Concierto para violonchelo’ de Haydn, obra emblemática para el instrumento solista (pero no de Casals) en la que Ettore Pagano lució su técnica y expresividad y una suficiente compenetración con un conjunto al que le costó encontrar la marcialidad propia de Haydn, aunque el empaste fue adecuado en casi toda la obra. La segunda parte, por el contrario, mostró a la orquesta en plenitud, absolutamente concentrada, con una ‘Sinfonía N°. 29’ de Mozart transparente, limpia en la ejecución y muy contrastada.

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