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Estrenos de series

Crítica de 'Stuart no consigue salvar el universo' (HBO Max): la franquicia 'Big bang' se reinventa como (pobre) aventura de ciencia ficción

El segundo 'spinoff' directo de la querida telecomedia es una exploración poco original y sin demasiados buenos chistes del concepto del multiverso

Chuck Lorre, el genio de la telecomedia

Acaba 'The Big Bang theory'

De izquierda a derecha, John Ross Bowie (Barry), Lauren Lapkus (Denise), Kevin Sussman (Stuart) y Brian Posehn (Bert) en una imagen de 'Stuart no consigue salvar el universo'

De izquierda a derecha, John Ross Bowie (Barry), Lauren Lapkus (Denise), Kevin Sussman (Stuart) y Brian Posehn (Bert) en una imagen de 'Stuart no consigue salvar el universo' / Warner Bros. Discovery

Juan Manuel Freire

Juan Manuel Freire

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'Stuart no consigue salvar el universo'

Creadores: Chuck Lorre, Zak Penn, Bill Prady

Dirección: Kyle Newacheck

Reparto: Kevin Sussman, Brian Posehn, Lauren Lapkus, John Ross Bowie

País: Estados Unidos

Duración: 10 episodios 

Año: 2026

Género: Comedia de ciencia ficción

Estreno: 24 de julio de 2026 (HBO Max) 

★★

El famoso productor Chuck Lorre cierra los episodios de sus telecomedias con unas fugaces tarjetas personales que, en algunos casos, arrojan luz sobre los procesos creativos de este poderoso creador televisivo. Al final del primero de 'Stuart no consigue salvar el universo' nos recuerda que lleva más de cuarenta años haciendo series ('Cybill', 'Dharma & Greg', 'Dos hombres y medio', 'Big bang', 'Mom') en las que unos pocos personajes se acomodan en un sofá para mantener diálogos ingeniosos. Y reconoce haberse cansado de esa fórmula.

"Había que volverse loco o irse a casa", dice en una nota posterior sobre esta cuarta serie del universo 'Big bang', segundo 'spinoff' directo de la serie madre. Como en el primero, 'El joven Sheldon', Lorre trata de hacer las cosas de manera diferente; aquí se sale de las lineas básicas de la telecomedia multicámara para perseguir un estilo más cinematográfico y crear una comedia de ciencia ficción sin límites, con (modestos) efectos especiales que pueden cobrar forma de drones mortíferos, explosiones gore o saltos interdimensionales. El tema principal corre a cargo de Danny Elfman, como en la similar en espíritu (pero muy superior) 'Futurama'. 

Al principio de la serie más insólita (que no mejor) del universo 'Big bang', nos adentramos en una Pasadena posapocalíptica donde manos zombis emergen de la tierra y polillas gigantes campan a sus anchas. En ese panorama sigue en pie, misteriosamente, la tienda de cómics de Stuart Bloom (otra vez encarnado por Kevin Sussman), donde habituales como el geólogo Bert (Brian Posehn) pagan ahora con latas de judías en lugar de dólares. Cuando parecía ajustarse a la nueva realidad, Stuart recibe la visita de una versión alternativa de sí mismo que le avisa que esta situación no es inevitable, que el dispositivo de entrelazamiento cuántico detrás del desastre (obra de Leonard, Sheldon y Howard, héroes clásicos de 'Big bang') sigue localizable en el Instituto Tecnológico de California y que él es la persona capaz de deshacer el apocalipsis. 

Stuart acaba uniéndose a su exnovia Denise (Lauren Lapkus), el físico cuántico Barry Kripke (John Ross Bowie) y el citado Bert en un intento de recomponer el tejido de la realidad que los conduce por diferentes mundos, desde uno similar al del paraíso suburbano de 'Bruja Escarlata y Visión' o la distopía optimista de 'Pluribus' (aquí con la IA como responsable del feliz desaguisado) a otro donde la brujería existe y la ciencia es el enemigo.  

Lorre busca una revisión lúdica de paisajes y lugares comunes de los géneros fantásticos, pero es difícil sorprender en este terreno cuando series torrenciales como la citada 'Futurama' y 'Rick y Morty' vienen cultivándolo a altísimo nivel desde hace tanto tiempo. Aunque hay pequeños guiños a la cultura pop, el proyecto peca de endogámico: su marco referencial es, sobre todo, el propio universo de 'Big bang', revisado con versiones alternativas de personajes bien conocidos de la serie. Stuart no consigue salvar el universo y Chuck no consigue renovar (exitosamente) su libro de estilo de la 'sitcom'. 

Que no sea tan innovadora como pretende sería menos grave si por lo menos los chistes fueran menos infantiles y/o redundantes; todos los referidos a la dislalia de Barry resultan, además de ofensivos, bastante pobres. Tampoco se entiende que la saga siga tratando a sus personajes como marginados cuando la cultura que manejan es parte del 'mainstream' desde hace tiempo. En más de un sentido, nunca para bien, 'Stuart no consigue salvar el universo' parece una serie de hace treinta años

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