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Festival de verano de Barcelona

Memoria, diálogos y mucha aventura en el concierto de 50º aniversario de Grec

El espectáculo conmemorativo del festival desarrolló el concepto de mestizaje a través de sustanciosas interpretaciones de voces como Maria del Mar Bonet, Mayte Martín y Estrella Morente

Maria del Mar Bonet en Cançons del Grec, el 20 de julio de 2026

Maria del Mar Bonet en Cançons del Grec, el 20 de julio de 2026 / FERRAN SENDRA / EPC

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Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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Para conmemorar su 50º aniversario, el Grec miró hacia atrás, pero solo un poco, y no tanto para detenerse en el pasado, sino para sacar conclusiones sobre su función histórica en el cruce de culturas que da carácter a Barcelona, y proyectar esa idea hacia el futuro. Fue un trabajo de orfebrería, el del concierto ‘Cançons del Grec. 50 Anys de música, ponts i mestissatge’ (coproducción con TRESC en colaboración con el Taller de Músics), que este lunes nos llevó de viaje en el Teatre Grec.

Si hay una artista con pedigrí en ese campo es Maria del Mar Bonet, y su ‘Merhaba’, adaptación del turco Zülfü Livaneli, abrió la sesión con su mensaje de bienvenida. La apoyaron la guitarra de Borja Penalba y la percusión de Antonio Sánchez. La mallorquina elogió al Grec porque “hace que las personas amen un poco más esta ciudad”, antes de dirigir la mirada a los valencianos, sacudidos por la dana, en la acusatoria ‘S’aigo no’ e invitar a la aventura marinera en ‘Digues amic’, acercamiento a Ramon Llull a través de Jacint Verdaguer.

Mayte Martín acudió a sus ‘Tatuajes’, a través de los cuales brindó un exquisito diálogo con Cuba en ‘El breve espacio en que no estás’, de Pablo Milanés, arropada por piano, contrabajo y percusión. Rebajó el tono hacia los mínimos expresivos cantando a Jacques Brel y José María Cano, con solo una sombra de teatralidad, para alzarse luego en la pieza argentina ‘Porque vas a venir’ (de Carmen Guzmán y Amanda Velazco), en una interpretación memorable, en el punto justo de técnica y sentimiento.

Un grupo de instrumentistas y coristas, una veintena larga, puso el sustento para que Rosa Zaragoza rescatara un canto judeocatalán del siglo XV (‘Cantem una cançó’), camino de la ofrenda a la ‘nova cançó’ de Meritxell Gené (‘Vaixell de Grècia’), de Llach) y Borja Penalba (‘Amanda’, Víctor Jara vía Raimon). Y ciertos modos flamencos se colaron con Estrella Morente, que, vestida con un teatral traje rojo, maldijo a la guerra con contundencia en ‘Lisístrata’ y evocó a su padre entre los sentidos versos ‘a cappella’ de ‘En un sueño viniste’.

En el camino hacia el futuro, el folclore y el eco del pasado resurgíeron con nuevas ideas de la mano de Lucía Fumero, con un formato de cámara y raíz en ‘Del amor’, y un coro y una trompeta ‘jazzie’ (de Alba Careta) en ‘La muerte despierta’. Y con Tarta Relena, que ensamblaron sus voces en honor a las mujeres pastún, de Afganistán (‘El suïcidi i el cant’), camino del cierre colectivo en ‘De cançons com aquesta’. Pieza esta de la directora artística del concierto, Cristina López Gómez, orgánica y electrónica, que culminó el viaje y supo a su vez a nuevo punto de partida.

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