Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | La caja de resonancia

Barcelona

Las salas de conciertos sufren, pero el público no es el enemigo

Los clubs catalanes programaron más conciertos en 2025, pero atrajeron a menos asistentes e hicieron menos caja. Algo falla en la cadena de la música en vivo, y quejarse y pedir justicia no es suficiente

Una de las salas de conciertos de Barcelonna en una fotografía de archivo.

Una de las salas de conciertos de Barcelonna en una fotografía de archivo. / Ferran Sendra

Pese a la ‘festivalización’ reinante, las salas catalanas iban arrojando números favorables tras el lapsus pandémico. Hasta ahora: en 2025, el número de asistentes bajó un 4% y la facturación, un 10%. Y lo peor es que esto sucedió habiendo aumentado en un 13% el número de conciertos. Es decir, más esfuerzo por programar y menos público y menos caja. Son cifras del ‘Anuari de la Música 2026’, editado por ‘Enderrock’ y ARC (la asociación de representantes, promotores y managers) y expuesto estos días.

La media de asistencia por bolo bajó de 500 a 428, y la caída se centra en Barcelona, con un descenso de público del 5%, porque que en el resto de Catalunya subió un 5%. En la capital hay mucha más oferta ‘macro’, claro. Y mirando sala a sala, vemos que Razzmatazz acogió un 11% más de conciertos que le sirvieron para atraer solo a un 1% más de público, pero peor fue lo de Apolo, que programó un 3% más y cayó un 12% en el volumen de asistentes. Para estudiarlo. Pero estamos a favor de las buenas noticias (aunque den menos 'clickbait') y el Club Sauvage, el ex-Sidecar, contradiciendo algunos gritos alarmistas, recuperó la velocidad de crucero acogiendo conciertos, si bien sus 11.312 asistentes queden por debajo de los 12.476 del año 2023, antes de que pasara parte del 2024 cerrado por obras.

Sí, los clubs van a contracorriente. Crece la asociación mental de música en vivo a evento gigante, y el Anuari nos recuerda que los escenarios pequeños y medianos dependen de un ingrediente ajeno al acierto programador: el 43% de sus ingresos vino del gasto en las barras. Se entiende (y celebra) la iniciativa del ciclo Directes Estrella Damm, en alianza con la Asacc, que organizará 45 conciertos en otras tantas salas de Catalunya. Suministra alimento al mundillo musical (y mueve el foco), como, de otro modo, esa anunciada ayuda municipal de un millón de euros a los locales más pequeños.

Pero, aunque la queja esté a flor de piel en el sector, no es el mejor aliado de las salas: nadie se apunta a un mundo percibido como declinante, o que le dé pena, y reñir a la ciudadanía porque no hace lo correcto no es la mejor de las ideas. Hay que hablar del concierto en un club como de un acto refrescante y liberador frente al maldito FOMO, desligarlo de la presión social y de las redes, realzar la vivencia musical concentrada que representa, transmitir que es allí donde se pueden hacer los descubrimientos (antes de que estallen). Sí, hay un público latente gigantesco ahí fuera, y las salas no deben verlo como el enemigo.

Suscríbete para seguir leyendo