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Festival Celsius

Carlos di Urarte, Cristopher Buehlman y Johan Gwynne: la fantasía barbuda rebaja su dosis de testosterona

Hablamos con tres autores que quizá sean el estereotipo del autor de 'grimdark', pero que discuten que este subgénero y la 'romantasy' sigan encasillados como productos para lectores y lectoras, respectivamente

Cristopher Buehlman, Carlos di Urarte y John Gwynne, de izquierda a derecha, en Avilés

Cristopher Buehlman, Carlos di Urarte y John Gwynne, de izquierda a derecha, en Avilés / Ernest Alós

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Ernest Alós

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Avilés
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El ‘grimdark’ nació como un subgénero de la fantasía épica bajo en épica y alto en cinismo y sangre, típicamente escrito por un autor de género masculino, con barba y tatuaje y con una audiencia acorde a esa imagen. Y quizá en algún momento podríamos llegar pensar que el mercado se ha polarizado entre una ‘romantascy’ hoy superventas con autoras y público mayoritariamente femeninos y una fantasía oscura estereotípicamente masculina (y con su nicho, pero sin duda más reducido). O quizá no sea así. Y haya trasvase de público. Y de autores, con Anna Smith Spark bautizada ya como la ‘queen of grimdark’. Y de temas. A lo mejor alguno de esos señores barbudos hace ya, a ratos, ‘romantascy’, sin saberlo. Hablamos del tema (y de sus últimos libros) con tres autores de pelo en cara: el cántabro Carlos di Urarte (la competición pilosa la gana de calle y en cuanto a su debut literario, está sin duda a la altura de sus colegas), el norteamericano Cristopher Buehlman y el británico John Gwynne.

Carlos di Urarte

Carlos di Urarte / Ernest Alós

Carlos di Urarte (Santander, 1980), tras años trabajando en la trastienda de la edición, ha convencido con las dos primeras partes de su trilogía de debut, ‘Salitre y cenizas’ y ‘Hábito y mortaja’ (El Transbordador). Su personaje, Leo, explica desde un calabozo su historia tras su fogoso paso por un monasterio de un cristianismo alternativo imaginario en el que Cristo no muere clavado en una cruz sino atado a una ancla, hay una quinta evangelista femenina y tanto los seres de los abismos (con tentáculos) como las criaturas del folklore montañés conviven con inquisidores con remordimientos y templarios no muertos en laberintos subterráneos (“hay mucho rol y hay mucho videojuego aquí”, reconoce). Una historia que, dice, “al principio ‘grimdarkea’ y por supuesto es fantasía oscura, pero tiene más en común igual con el costumbrismo o la novela picaresca”.

En el libro hay también un romance lésbico de los que llaman ‘slow burn’, aunque de repente, bromea, “se pone ‘fast burn’”. Y reconoce que su caso empezó con muchos lectores masculinos y ahora quizá tenga más lectoras que lectores. Pero duda que se estén hibridando dos géneros que siguen teniendo sus nichos con una fuerte marca de género. “Cuando una editorial publica un ‘romantasy’ sabe perfectamente el nicho, el ‘target’ al que va, y que habrá lectores masculinos, pero pocos. Y cuando alguien publica ‘grimdark’ de señores con barba, sabe perfectamente que va a tener lectoras, pero van a ser pocas”.

Christopher Buehlman

Christopher Buehlman / Ernest Alós

Christopher Buehlman (Tampa, 1969) se ha hartado estos días de firmar ejemplares de ‘Entre dos fuegos’ (Oz) en Avilés. Un libro que fracasó miserablemente y estuvo a punto de acabar con su carrera y que, recuperado 15 años más tarde, triunfa en EEUU y va ya por la quinta edición en pocos meses en España. Buehlman escribió en la que era su segunda novela la historia de un caballero excomulgado, un cura borrachín que contiene su atracción por los chicos jóvenes y una huérfana con habla con los ángeles, en una ‘road novel’ a través de una Francia en que la peste negra resulta ser una excrecencia de la nueva guerra que libran en lo alto ángeles y demonios (y finalmente en pleno Aviñón de los papas, y a lo largo del camino, con seres sacados de la imaginería de El Bosco). Entre ‘El séptimo sello’ y tanto lo siniestro como los vínculos afectivos entre los personajes de ‘La carretera’ y ‘The last of us’, digamos.

Su historia podría tener claramente elementos de ‘grimdark’. Pero se hace sentir la transformación de este género en los últimos años. En la nueva edición de EEUU (no en la española, que es una traducción de la original) eliminó una escena de agresión sexual a la protagonista. “Cuando escribí la novela me parecía una situación perfectamente verosímil. Era mucho más joven y todavía no había aprendido a preguntarme qué podía sentir una persona que hubiera pasado realmente por una experiencia así al encontrarse con esa escena en una novela que, en principio, había abierto para disfrutar. Así que decidí eliminarla”. Aunque mirándose admite que quizá haya acabado convirtiéndose “en el estereotipo del escritor de grimdark” inconscientemente, “lo que sí he intentado conscientemente -dice- es aprender a escribir personajes femeninos con la misma profundidad y complejidad que los masculinos. Y, por lo que me dicen muchas lectoras, parece que voy por el buen camino”.

“No hay muchas mujeres escribiendo ‘grimdark’, aunque cada vez más”, nos decía Anna Smith Spark, también presente en el Celsius, hace unos meses. Esta la visión del género de la denominada ‘reina del grimdark’: “Es radical porque, en lugar de la narrativa tradicional del bien contra el mal, muestra el dolor, el sufrimiento y los horrores. Para mí, como feminista, mi papel es señalar que la violencia siempre es negativa”.

John Gwynne

John Gwynne / Ernest Alós

John Gwynne (Singapur, 1968), de quien se acaba de reeditar con los cada vez más ornamentales y omnipresentes cantos tintados el primer libro de su trilogía ‘Hermanos de sangre’, ‘La sombra de los dioses’ (Minotauro), además de ‘Maldad’, el inicio de su otra saga ‘Fieles y caídos’, recuerda que no se debe olvidar a otro referente femenino en el género como Robin Hobb.

Gwynne, que entre sus aficiones tenía participar en grupos de recreación armado de pies a cabeza como un guerrero vikingo, decide situar ‘La sombra de los dioses’ tras el Ragnarok, el cataclismo de la mitología nórdica, en que el gran dragón se ha convertido en una cordillera, restos de los dioses pululan en forma de monstruos y una mujer (homenaje a su esposa y a la experiencia de haber perdido hace años a su hija) intenta rescatar de ellos a su hijo. Una veterana mercenaria retirada que debe volver al tajo, clásico ‘grimdark’ (y ‘Sin perdón’). En el fondo, el ‘grimdark’, opina, lo que hace es aportar realismo a la fantasía. “Los personajes ahora son mucho más imperfectos y, precisamente por eso, más humanos”.

Y en cuanto a esta fantasía, ¿sigue siendo tan hirsuta y masculina? “Es evidente que está evolucionando en una dirección muy positiva. Si retrocedemos diez o quince años, era mucho más habitual encontrar libros considerados «para hombres» y otros considerados «para mujeres». Pero los autores actuales intentamos ofrecer una visión mucho más equilibrada del mundo y eso también se refleja en nuestros libros. Yo intento escribir personajes femeninos fuertes, inspirados en las mujeres de mi vida: mi mujer, mi hija… Y, por suerte, veo cada vez más lectoras disfrutando de mis novelas, lo cual me alegra muchísimo”. Y algo paralelo sucede, cree, con la ‘romantasy’. “Cada vez hay más mujeres leyendo fantasía épica y más hombres acercándose a novelas que tradicionalmente se consideraban dirigidas a un público femenino. Además, la ‘romantasy’ está incorporando nuevos lectores al género fantástico. Y eso siempre es una buena noticia”.

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