Festival Celsius
La literatura fantástica también puede ser 'funtasy' (como el fenómeno Matt Dinniman)
La combinación de humor y terror o ciencia ficción sigue aportando nuevos títulos y autores; y ha roto techo en el mercado con las novelas de Matt Dinniman, que llevan ya 14 millones de ejemplares en EEUU

Matt Dinniman, en el festival Celsius de Avilés / Nova
No hay ninguna duda de que fusión entre fantasía y novela romántica, el ‘romantasy’, es el gran motor de la renovada y rejuvenecida atracción a la lectura de nuevos públicos (y de gran parte de la cuenta de resultados de las editoriales). Pero no solo de ‘romantasy’ se vive y otra fusión, la de humor y fantasía, o horror, o ciencia ficción, también está allí. Y después de unos años más bien discretos tras el adiós de dos grandes como Terry Pratchett o Douglas Adams, tiene ya su nuevo fenómeno editorial con las novelas de ‘Carl el mazmorrero’, el éxito tardío del casi sesentón afincado en Tucson (Arizona) Matt Dinniman. Aunque lo haya logrado con la ayuda de dos elementos más: los videojuegos y una gata. Sobretodo, la gata. Con Dinniman (y con Grady Hendrix y T. Kingfisher) hemos hablado estos días en el Festival Celsius de Avilés de esa alquimia de lo cuando menos divertido, 'fun', que podríamos llamar ‘funtasy’, un término que no se ha hecho tan popular. Al menos por ahora.
La serie de Carl el Mazmorrero empieza con la novela del mismo nombre, sigue con ‘El juicio final de Carl’, ‘El libro de cocina del anarquista de la mazmorra’, ‘El portal de los dioses ferales’, ‘La mascarada del carnicero’, publicada hace una semana en España, y aún la han de rematar cinco títulos más, que la editorial Nova publicará sin apenas pausa entre uno y otro. Su punto de partida es tan brutal como el de la ‘Guía del autoestopista galáctico’ de Douglas Adams. Aquí, un conglomerado alien tiene la costumbre de extinguir la vida de un planeta cada temporada, dejando solo unos millares de supervivientes que protagonizan un salvaje ‘reality show’ en el que deben superar diez círculos infernales siendo masacrados por toda serie de pesadillas, y que se retransmite a toda la galaxia. Le toca a la Tierra y a Carl, un ‘loser’ que debe acarrear durante esta ordalía, vestido con los calzoncillos que llevaba cuando llego el apocalipsis, con la gata de concurso de su expareja, tan estirada como, de repente, inteligente.
Dinniman encontró el éxito en la autoedición tras haber trabajado de repartidor de pizzas, retratista de gatos, redactor de obituarios, detective privado en Arizona, “vidente telefónico para Miss Cleo, una famosa médium televisiva que acabó en prisión” y agente de soporte técnico para Microsoft Windows (algo que quizá fue lo más duro). Tras pasar a los brazos de Penguin Random House (solo para el libro impreso) el fenómeno se descontroló, y con su octavo libro ya ha sido número uno en la lista del ‘New York Times’, con una preventa de 400.000 ejemplares antes de llegar a librerías y, le acaba de decir su agente, 14 millones de copias vendidas en EEUU de toda la serie.
Dinniman se ha inspirado, directamente, en los videojuegos de rol (su obra es clasificada como ‘RPG fiction’), con sus niveles, recompensas escondidas, vidas y amenazas, y en los ‘reality’. Seguimos, dice, siendo “los mismos” cabrones que los romanos que veían morir a los gladiadores en el circo: “Personas desesperadas participan en ‘realities’ donde son explotadas por gente mucho más poderosa y mucho más rica simplemente porque pueden hacerlo, mientras millones de espectadores permanecen sentados en sus casas viendo el espectáculo y riéndose; hay mucha gente que hace lo mismo cuando celebra las muertes que ve en TV de quien considera enemigos”.
El humor como contrapunto
Pero a pesar de lo siniestra y cruel que resulta la historia, también hay muchísimo humor. ¿En el éxito de la saga que pesa más, su conexión con el público ‘gamer’ o el humor? “Yo nunca definiría ‘Carl el mazmorrero’ como una novela humorística. Es una historia que contiene humor, pero en el fondo es una tragedia. Es una novela de terror sobre la extinción progresiva de la especie humana. La historia trata de cosas horriblers, y el humor hace que todo resulte más llevadero. Si eliminara el humor, la serie no sería ni de lejos tan popular”, admite. “Pero si fuera solo de humor, tampoco. Lo importante -añade- es el equilibro, mantener esa línea entre el terror y la comedia, con un protagonista con el que el lector pueda identificarse y, después, introducir a la gata, la Princesa Donut, de la que todo el mundo termina enamorándose”.

Grady Hendrix, en el Festival 42 / Manu Mitru
Aunque sin llegar al bombazo comercial que está experimentando en estos momentos Matt Dinniman, otro autor norteamericano, Grady Hendrix (Charleston, Carolina del Norte, 1972), ha cimentado su popularidad en la combinación entre horror y humor. Aunque hasta cierto punto haya un equívoco en ello: hay más dosis de comicidad, de hecho, en sus presentaciones ante el público que en sus libros, aunque ‘Paperbacks from hell’, su libro sobre la literatura ‘pulp’ de los años 70 y 80 (editado por Minotauro al igual que el resto de sus novelas, y algunas de ellas en catalán por Obscura) sea francamente divertido).
En sus novelas (‘Hörrostor’, una noche de terror dentro de un Ikea, ‘El exorcismo de mi mejor amiga’, ‘Cómo vender una casa encantada’, ‘Grupo de apoyo para final girls’, una especie de alcohólicos anónimos para las traumatizadas actrices supervivientes de películas como ‘Viernes 13’, ‘Vendimos nuestras almas’…) el horror suele ser el punto central. Y el humor, el contrapunto. Incluso cuando trata temas duros como en su última novela, ‘Brujería para chicas descarriadas’, sobre las maternidades donde las familias escondían a adolescentes embarazadas para que pariesen y dejasen atrás a sus hijos sin saber nunca nada más de ellos. “Quiero que mis personajes tengan sentido del humor: hace que el lector conecte con ellos y los perciba como personas reales”, apunta.

T. Kingfisher (o Ursula Vernon) / Ernest Alós
T. Kingfisher, otra adicta a aliñar con humor sus historias de fantasía o terror para adultos (también sus libros infantiles firmados con su nombre real, Ursula Vernon) destaca sobre todo esa función anticlimática. “Escribo mucho terror y suelo colocar a mis personajes en situaciones muy peligrosas o muy estresantes. Y la gente que vive situaciones así hace bromas constantemente. Es una forma de sobrellevarlas. ¿Aquí llegó a emitirse MAS*H, la serie de televisión? Es un buen ejemplo. Era una comedia ambientada en un hospital de guerra. Y precisamente funcionaba porque las personas sometidas a un estrés insoportable hacen bromas. Es una de las maneras que tenemos de soportar el horror”.
Dos caras de la misma moneda
Matt Dinniman considera que humor y terror no son dos componentes incompatibles, sino complementarios. “El humor y el terror están mucho más cerca de lo que parece. Son dos caras de una misma moneda. La reacción que provoca una buena historia de miedo es muy parecida, en el fondo, a la que provoca un buen chiste. Y tanto el humor como el terror son maneras de mirar la realidad desde otro ángulo, de hacerla un poco más soportable y ayudarnos a comprenderla. Al final ambos sirven para despertar empatía hacia la condición humana. Eso sí, siempre que el humor no se construya humillando a otros y que el terror no sea simplemente gratuito”.

Matt Dinniman, en Avilés / Ernest Alós
Si esa fuera la fórmula mágica, había mucha más literatura humorística. “Pero escribir humor es extraordinariamente difícil. Probablemente sea una de las formas de escritura más complicadas dentro de la fantasía. De entrada el humor es algo muy personal porque cada lector tiene uno distinto”.
Poner gatitos
Y el gran instrumento para el humor en su libro es una gata pretenciosa y cínica. ¿Qué tienen los gatos para que, en cuanto aparecen, todo empiece a funcionar? “Es que a la gente le encantan los gatos. Y ella hace cosas propias de los gatos. La Princesa Donut existe por dos razones. La primera es que resulta muy divertida. La segunda es que, en realidad, también es como una niña. Está descubriendo el mundo, aprendiendo a pensar y a sentir como un ser verdaderamente consciente. Eso me permite contar la historia desde un punto de vista ingenuo, alguien que experimenta por primera vez emociones y situaciones completamente nuevas”-
Grady Hendrix también considera que la risa no es solo un respiro anticlimático al terror sino un recurso narrativo integral. “Intento engañar al lector para que sienta que los personajes son personas reales y llegue a identificarse con ellos. Y creo que una de las primeras cosas que nos atraen de alguien es precisamente el sentido del humor. Nos sentimos atraídos por la gente que nos hace reír y, una vez ocurre eso, bajamos la guardia. Y entonces resulta que una de las razones por las que mucha gente dice que le gusta Trump es porque afirman que ‘es divertido’”. Bueno, eso también da miedo. La distancia irónica sobre el género también lleva al humor, cree. “Si trasladas fantasmas al mundo real, o brujas al mundo real, o monstruos al mundo real... inevitablemente todo resulta un poco ridículo. Justo quiero llegar al punto en el que, como también decimos en inglés, no sabes si reír o llorar”.
Pero en el fondo añade, si no hay humor, no hay realismo. Porque la vida es así. “Uno de los escritores que más admiro es Dickens. Obviamente,ente él era muchísimo mejor escritor que yo. Pero siempre utilizaba el humor para rebajar ligeramente la solemnidad de las situaciones importantes y de los personajes importantes. Y eso también es profundamente humano”.

Pratchett / Rob Wilkins
Pratchett y Adams, los clásicos
Aunque debamos incluir a Kurt Vonnegut (sobre todo a él), a Jasper Fforde, a Christopher Moore en el elenco de los maestros del humor y la ciencia ficción, no hay duda de que el género tiene dos grandes maestros. Terry Pratchett y su ‘Mundodisco’ y Douglas Adams con su ‘Guía del autoestopista galáctico’. Ambos demostraron que pese a las reticencias del mundillo, “los lectores -opina Grady Hendrix- aceptan perfectamente esa mezcla”. “En el caso de Douglas Adams, por ejemplo, su público conectaba con él porque escribía ciencia ficción, que era el género que les gustaba, pero además era extraordinariamente ingenioso. Y muchos de sus lectores eran informáticos, ingenieros, aficionados a la tecnología, gente muy curiosa intelectualmente. Y entonces llegaba el humor. La idea de que la Tierra no sea más que un ordenador gigantesco… O que se pueda responder al sentido de la vida pero el problema es no haber hecho la pregunta correcta. Son ocurrencias divertidísimas, pero también extraordinariamente inteligentes. Creo que es precisamente eso lo que fascinaba a sus lectores”.
Ese humor basado en juegos de palabras que de repente acaban desvelando absurdos y lanzando verdades como puños siempre ha tenido su público. “Lo interesante -tercia Dinniman- es cuando alguien se ríe y, unos minutos después, empieza a pensar en aquello que le hizo gracia. Terry Pratchett era un auténtico maestro en eso. Planteaba una situación divertidísima y, cuando te detenías a reflexionar, comprendías hasta qué punto era absurda... y hasta qué punto ocurría exactamente igual en el mundo real. Douglas Adams y Terry Pratchett siguen siendo tan importantes precisamente porque utilizaban el humor como una sátira muy afilada de la realidad. Estoy convencido de que dentro de cien años la gente seguirá hablando de ellos”.

‘Matabots’, 007 paranormales y aliens cuquis
Hay algunos títulos de aparición o reaparición reciente en librerías que amplían el menú donde elegir. John Scalzi utiliza también el comodín infalible del gato en su último libro, ‘Villano en prácticas’. Una sátira en la que un heredero desinformado e improbable descubre que la distancia entre las grandes corporaciones y las organizaciones tipo Spectra es tenue, y en esa frontera se puede mover gatos inteligentes modificados genéticamente (y delfines sindicalizados y cabreados).
‘Matabot’, la adaptación de Apple TV de las novelas de Martha Wells, ha impulsado la reedición de esta serie de novelas breves, los ‘Diarios de Matabot’, iniciada pero interrumpida y recuperada ahora por Hidra en castellano y Duna en catalán. El principal recurso humorístico (que se escacharra algo en TV) es la voz interior de un androide de seguridad que fue humano y que redescubre esa humanidad a través de la adicción a los culebrones.
Otra recuperación de mérito es la de los ‘Expedientes de la lavandería’ de Charles Stross. James Bond más Lovecraft. Una agencia secreta del Reino Unido (unos ‘Slow horses’ paranormales) deben evitar que los horrores de otras dimensiones lleguen a nuestro mundo cuando descerebrados cultistas quieren abrirles la puerta. Tras un largo hiato, Insólita lanza el tercer libro de esta serie, ‘El Memorando Fuller’.
Y finalmente, no deberíamos olvidar el humor ‘feel good’ que inspira a Andy Weir en su novela, ahora película, de primer contacto alienígena, ‘Proyecto Hail Mary’ (Nova / Mai Més). No se había visto un alienígena tan cuqui desde ‘ET’.
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