Celsius
T. Kingfisher, la reconstructora de cuentos: "Parece que, si aparece un personaje gay o 'queer' en un libro, automáticamente deja de ser apto para niños. Y no"
Bajo pseudónimo o con su nombre real, Ursula Vernon, la escritora estadounidense reformula cuentos de horror o tradicionales tanto para el público infantil como para adultos

T. Kingfisher (o Ursula Vernon) / Ernest Alós

Ursula Vernon (Japón, 1977), la autora de cuentos infantiles con una princesa hámster inspirada en la guerrera Xena, es también T. Kingfisher, pseudónimo con el que firma sus novelas o relatos cortos para adultos, como una versión con hongos invasores de ‘La caída de la Casa Usher’. O viceversa. Aunque, más allá de lo conveniente de orientar al comprador de sus libros, no hay tanta diferencia entre ambas. “El problema es que nunca he sabido muy bien qué resulta apropiado para los niños. En los libros infantiles, obviamente, no hay palabrotas ni sexo. Pero yo tendía a incluir bastante violencia, porque a los niños les encanta la violencia. Aunque siempre esté dirigida hacia los villanos”, explica durante su paso por el festival Celsius de novela fantástica y de ciencia ficción de Avilés. Las fronteras entre franjas de edades no es un tema menor, ahora, en EEUU, con las listas de libros prohibidos que plagan las bibliotecas escolares. “Parece que, si aparece un personaje gay o 'queer' en un libro, automáticamente deja de ser apto para niños. Como si eso lo convirtiera en literatura para adultos. Y no. Esos niños también merecen tener libros donde verse reflejados”, explica. “Pero ahora Estados Unidos no está viviendo un buen momento”…
En sus historias pueden aparecer varias versiones de cuentos tradicionales, de hadas o de horror (Poe, Lovecraft) reconstruidos en distintas formas. En su prolífica producción quizá la Bella Durmiente sea la que ha reformulado más veces, aunque su preferida sea Barba Azul. Hablamos con ella de sus recetas para hacer de una historia conocida algo muy diferente. “En parte es una cuestión muy práctica: construir una trama es difícil. Y lo que se me da mejor es construir escenas, a partir de una estructura básica que ya está allí”, explica, solo medio en broma. Pero si solo fuera eso sería un caso de vagancia literaria.
“También ocurre otra cosa. Muchas veces leía un cuento y al terminar pensaba: ‘La gente normal no actuaría así’. Y empezaba a preguntarme qué tendría que cambiar para que la historia resultara creíble o qué haría una persona corriente en esa situación. Si una rana parlante te dice que en realidad es un príncipe, nadie respondería: ‘No, no eres un príncipe’. Lo primero que harías sería exclamar: ¿Cómo demonios puedes hablar?’”
Y eso sucede también en la trilogía protagonizada por una soldado de género fluido en un país imaginario de centroeuropa y su criado, quizás la puerta más accesible a sus libros. En el primero de estos libros, ‘Qué mueve a los muertos’ (Crononauta / Obscura), Kingfisher se sorprendió de lo “inútil” que era el personaje que narraba la historia de 'La caída de la casa Usher'. “Todo lo que hace es gritar y desmayarse. Su amigo cae desplomado, la hermana, que había sido enterrada viva, regresa... y simplemente sale corriendo. Escribí la novela partiendo precisamente de esa idea: ¿qué pasaría si el narrador fuera alguien realmente competente?” Aunque el romance propio de las novelas ambientadas en el Reino Unido de inicios del siglo XIX aparezca de vez en cuando. “Curiosamente, creo que ambos géneros no son tan diferentes como parece. Tanto el terror como la novela romántica no se definen tanto por el escenario como por la emoción que provocan en el lector”. Y si se mezcla con la fantasía… bingo. “No sé cómo será aquí, pero en Estados Unidos la novela romántica representa aproximadamente la mitad de toda la industria editorial. Es el género que paga las facturas del resto y que permite que puede escribir novelas de terror”.
Para dar alguna otra pista de qué leer de la autora: tanto en ‘Ortiga y Hueso’ (Gran Travesía / Insòlita) como ‘Corazón de acero’ (Oz), su último libro traducido al castellano, aparecen jóvenes que luchan por liberarse del control de los hombres y de sus familias, pero necesitan algo más que escaparse por una ventana (una espada, algo de magia...) “Si eres una mujer y vives en nuestro mundo… desde niña te encuentras con situaciones en las que piensas ‘Necesito salir de aquí’ o ‘Por qué no me dejan hacer esto’» .
Además, en sus libros hay humor. “Es mi forma natural de escribir. Además, escribo mucho terror y suelo colocar a mis personajes en situaciones muy peligrosas o muy estresantes. Y la gente que vive situaciones así hace bromas constantemente. Es una forma de sobrellevarlas”. Y, siempre, animales. Uno de los que más le interesan es el correcaminos. “En mi novela ‘Una casa con buenos huesos’ aparece un correcaminos malvado, y siempre bromeaba diciendo que ese libro solo iba a funcionar en el suroeste de EEUU, porque allí la gente conoce a esos animales de verdad. En el resto del mundo todo el mundo piensa en los dibujos animados. Pero si ves un correcaminos real descubres que parece un dinosaurio en miniatura. Son carnívoros. Se esconden debajo de los bebederos para pájaros y esperan a que lleguen aves pequeñas para atraparlas y comérselas. Son criaturas realmente inquietantes”.
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