Música
Oriol Aguilà, director de Peralada: "Si el festival no existiera, habría que inventarlo. Montserrat Caballé y Carmen Mateu fueron visionarias"
El festival busca reinventarse constantemente con un lenguaje propio y ambición, creando una experiencia única para el público asistente

Oriol Aguilà transmite estima por un festival que conoce profundamente, Peralada. / Miquel González
Cuando se le pide a Oriol Aguilà, director artístico del Festival Perelada desde hace dieciséis años, que elija alguno de los espectáculos programados en la edición de este año, se muestra reticente. "Cada espectáculo es un proyecto, cada espectáculo tiene su ritmo, sus ensayos, sus personalidades e idiosincrasias. Cada espectáculo tiene la misma importancia, porque todo el trabajo que hay detrás es inimaginable, de encargos de obras nuevas, de cesión de derechos editoriales, es todo una filigrana... interesante".
¿La suya es la etapa en la que el festival ha apostado más por las producciones propias?
Lo que he querido formular es esa transformación del modelo de festival con una identidad en el riesgo artístico. Es decir, esta apuesta por la contemporaneidad desde el patrimonio histórico, monumental y paisajístico impresionante en lo que estamos, que exista ese diálogo con las artes. Ese uso de los espacios con una mirada de dramaturgia, un diálogo entre el paisaje, la creación. Y todo esto muy focalizado en un festival de excelencia, de grandes artistas y de estrellas, porque la estela de Montserrat Caballé y Rudolf Nureyev impregnan cuarenta años de historia, pero hemos querido apostar por el talento emergente, acompañando la evolución del público con estas ganas de descubrir nuevas formas de entender... internacionalización efectiva. Yo creo que estas han sido líneas muy constantes. Además, siempre decimos que hemos sido un festival de carta blanca, un lienzo en blanco para los creadores, algo que nos agradecen much. Pero lo que hemos hecho como pocos es crear las condiciones para que las obras existan. En el caso de la ópera y la danza ha sido muy determinante y esto tiene su peso en el mapa catalán, español y europeo. Ésta ha sido nuestra bandera, nuestra línea.
¿Esta apuesta de Peralada ha ayudado a transformar un poco el panorama musical de los festivales de verano?
Joaquim Nadal, que conoce bien el Empordà, decía que si el festival de Peralada no existiera debería inventarse. Y creo que es verdad. Si tú ahora imaginas el Empordà, la Costa Brava, Cataluña, España, Europa, si no hubiera existido Peralada sería, francamente, muy diferente, porque Montserrat Caballé y Carmen Mateu fueron muy visionarias al entender que aquí se podía generar un epicentro y ser un festival de referencia. De hecho, el estilo Peralada ha inspirado a muchísimos festivales en el ámbito peninsular con esta forma de ser anfitrión, que haya un ritual, que sea una experiencia completa. Con un mosaico de festivales que, afortunadamente, va creciendo, porque cada vez somos más compañeros de viaje, y eso está muy bien, porque significa que la música es el punto de encuentro de las personas y en verano aún más, nosotros nos hemos ido reinventando constantemente, porque hemos querido que Peralada siempre tuviera un espacio propio, unos códigos de identidad propios. Por tanto, yo creo modestamente que, no por el período que a mí me toca inspirar, sino por toda la trayectoria de los directores que han sido antes y de la familia que hace posible el festival, que éste ha hecho una aportación muy notable en la entrada de directores de teatro por primera vez en la ópera, en la apuesta por coreógrafos, por compositores arquitectos, poetas en el escenario del festival, como confluencia de las artes, con este mestizaje, festival híbrido, en el que personas del mundo del cine han entrado en el espacio de la música o del teatro.
Ahora que todo está tan acotado es como romper límites, ¿no?
Hemos querido no poner limitaciones en el formato. Nos gusta pisar los límites y nos gusta acompañarnos en este espacio de creación máxima. Pienso que lo interesante de esto es que el público que cree y nos acompaña sabe que venir a Peralada es un descubrimiento. Hay veces que es reveladora, otras que se anticipan los tiempos y otras que se queda medio camino, porque las apuestas son riesgo y no siempre deben salir bien, pero también esa es nuestra visión de lo que debe ser un festival. Pero el público disfruta tanto como los creadores, y se crea como una comunión, que creo que esto es lo más importante, que hemos contribuido a hacer crecer la ambición de lo que debería ser un festival, que no es sólo un exhibidor-programador de la música de hoy, con una mirada más comercial, sino que lo que hace es apostar por nuevos descubrimientos.
La idea es revisitar esos cuarenta años de trayectoria. ¿Cómo lo plantean hacer?
Estos cuarenta años no los miramos con una mirada historicista o nostálgica, por eso hay una exposición fantástica que se podrá disfrutar en la biblioteca del castillo durante estos próximos meses. Lo que nos corresponde es hacer valer todo este patrimonio y darle un sitio propio en el mapa de festivales del Mediterráneo. A través de este aprendizaje de cuarenta años lo que queremos es todavía generar más estímulos y programar con mayor ambición, si cabe. Cuando decimos que nos refundamos permanentemente es porque cada año vamos poniendo más dosis de diferenciación, de un lenguaje propio, de ambición, y ésta es la narrativa que hacemos. Un poco para que todo el mundo que venga a Peralada, el público, sobre todo, siempre quede sorprendido y se lleve a casa un nuevo aprendizaje, una experiencia artística nueva, un disfrute musical de máxima calidad. Ésta es la premisa que nos guía.
Lleva dieciséis años dirigiendo este festival de los cuarenta que tiene de historia. A usted, personalmente, ¿qué le ha aportado?
Yo venía a Peralada como aficionado melómano desde el primer año, porque cuando vino ya lo hizo para quedarse y transformar, desde el primer año, el mapa musical. También venía en mi etapa en el Gran Teatre de Liceu y después como colaborador, cuando estaba en la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales. Por último como programador y director artístico. Por tanto, he vivido Peralada desde todas las facetas y creo que no cambia nada mi percepción porque el espíritu de anfitrión de Peralada, esta manera de hacer que Carmen Mateu impregnó en la casa, es como muy universal, disfrutas desde el ámbito que sea. Y curiosamente no me ha cambiado la percepción porque Peralada tiene una manera de hacer muy especial que los artistas aprecian tanto porque el imaginario de Peralada es algo único que no existe en el resto del mundo. Tengo el gozo de conocer bien el mapa de festivales europeos e internacionales, pero Peralada tiene una magia que es única e irrepetible.
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Fuente: Empordà
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