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Literatura

Melcior Comes, escritor: "En Barcelona está pasando lo que ocurre en Mallorca desde hace 30 años; nosotros ya tenemos un doctorado en turistificación, gentrificación, populismo y xenofobia"

El escritor mallorquín compartió múltiples detalles de su novela 'L'home que va vendre el món' y de su proceso de escritura hace unos días en la Societat d'Agullana, dentro del ciclo literario Punt de Lectura

Melcior Comes firmando ejemplares de su libro en Agullana, el viernes pasado.

Melcior Comes firmando ejemplares de su libro en Agullana, el viernes pasado. / Cristina Vilà

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Cristina Vilà Bartis

Agullana
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Cuando Simó Diarte cree ver un muerto dentro del maletero del coche de la candidata de la derecha nacionalpopulista a la alcaldía de Barcelona empieza a "darle vueltas la cabeza". Ser "el filósofo" de la multinacional que le llevará la campaña le conduce a moverse para "averiguar si aquello que ha visto fugazmente es real o una alucinación paranoica derivada del estrés o de su trabajo obsesivo". Melcior Comes (Sa Pobla, 1980), padre espiritual de la criatura, la describió, con mucha efusividad, el pasado viernes en el ciclo Punt de Lectura de Agullana. Según él, se trata de un hombre "que se dedica a vender humo, que piensa estrategias, que hace antropología del consumo, que se dedica a husmear el mundo y las tendencias contemporáneas", pero también como una persona "que vive una crisis profunda, que tiene dudas sobre lo que hace, sobre su propio trabajo, su vocación". Quizá como le ocurrió al cantante David Bowie cuando escribió la surrealista canción 'The Man Who Sold the World', versionada más tarde por Nirvana, y que da título a esta décima novela que ha publicado, 'L'home que va vendre el món' (Proa). Es, reveló Comes, un título "de personaje" que lanzó al aire y que, aunque no era su primera opción —lo era 'El quadrat d'or', en referencia al centro barcelonés por el que se mueve Simó Diarte—, es la que finalmente sedujo a su editor.

"Planifico las novelas como si fueran películas creando una lista de escenas como un guion cinematográfico", admitió el escritor mallorquín Melcior Comes, una manera de construir un libro que enseñaba en la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonès, pero que nunca había aplicado y que, al hacerlo, "cambió mi manera de escribir o de entender las cosas", pese al riesgo asumido "de hacer más convencional la novela o tópicamente cinematográfica". De convencional, sin embargo, tiene poco esta historia que, dividida en dos tiempos y treinta capítulos, arrastra al lector a ritmo de thriller y con cadáveres de por medio por una Barcelona distópica convertida en una especie de Venecia con canales y góndolas con pececillos mecánicos de colores para distraer a los turistas, "una víctima más de lo que yo llamo mundialización", comentó Enric Tubert, coordinador del ciclo. Más allá del precio que hay que pagar por el turismo masivo, 'L'home que va vendre el món' aborda otros debates como la irrupción de la inteligencia artificial en la comunicación y la publicidad, que "ya ha generado mucho paro", y cómo esta "ya se encarga de hacer el trabajo que nos definía como humanos, que es conocernos, comunicarnos, saber quiénes somos o qué queremos".

La democracia, en peligro

También habla de las campañas políticas y la gestión de datos masivos. Así, la multinacional de la novela se dedica, con los datos que ha comprado, "a descubrir en qué zonas de la ciudad hay más indecisos y dirigir allí publicidad", que no es otra cosa que lo que hizo una empresa real en la campaña de Trump. "¿Hasta qué punto esto es ético, es un comportamiento legítimo o una forma de dopaje electoral, una adulteración de la opinión pública?", se cuestionaba Comes, añadiendo que estos escenarios inéditos "ponen la democracia en peligro y nos debería preocupar mucho". En este sentido, el escritor definió los populismos "como un conjunto de eslóganes, de mensajes y de visiones del mundo absolutamente catalogadas y que en todas partes se venden de la misma manera", como ocurre también con cualquier "idea sensata o insensata". Descartó que "fuera algo original, es la cosa más vieja del mundo y ha puesto en peligro la democracia desde Grecia" y que "cuando te das cuenta de esto, ves que son un conjunto de payasadas, no de argumentos razonados y de sentido común con soluciones políticas sensatas".

Melcior Comes con el coordinador del ciclo, Enric Tubert, en los jardines de la Societat d'Agullana, el viernes pasado.

Melcior Comes con el coordinador del ciclo, Enric Tubert, en los jardines de la Societat d'Agullana, el viernes pasado. / Cristina Vilà

Aunque la acción de la novela transcurre en Barcelona, "que el atrezzo es barcelonés", Melcior Comes defendió que es una novela mallorquina. En este sentido, fue muy crítico con la transformación de su Mallorca natal, en la que ve muchos paralelismos con lo que se vive ahora en Barcelona, que en el libro convierte en "un puro decorado bello y goloso" para los turistas. "Nosotros hemos convertido el paraíso en algo paradisíaco para los demás mientras lo hemos transformado en un infierno absoluto para nosotros, que ya no tenemos ni dónde vivir ni dónde morir literalmente". Y alertó de que "en Barcelona está pasando lo que ocurre en Mallorca desde hace treinta años, que ha sido un laboratorio de la turistificación, la gentrificación, los populismos y la xenofobia, cosas que os darán mucho trabajo los próximos años. Nosotros ya llevamos un doctorado".

En Mallorca ya no tenemos ni dónde vivir ni dónde morir, el paraíso lo hemos transformado en un infierno

Durante la conversación mantenida con Enric Tubert, el escritor dio mucha relevancia al sentido del humor dentro de su novela y no ocultó cómo, a menudo, se le dibuja "una sonrisa canallesca" mientras escribe: "Pertenezco a la tradición de la novela como visión irónica de la realidad, que el libro sea como una especie de prisma que nos permite reconstruir la experiencia, los paisajes, la gente desde una visión que lo hace divertido, goloso y sorprendentemente diferente, haciendo el mundo más rico". Conseguir esto, dijo, "es una señal de que el escritor está haciendo bien su trabajo, que nos obligue a sonreír quiere decir que nos está afectando e impregnando el cerebro y sacándote de tus casillas habituales de ver el mundo".

Construir un mensaje impersonal y abstracto

Por otro lado, Melcior Comes diferenció entre literatura y publicidad y aseguró que la primera es la que te permite "cuestionarte, ponerte contra las cuerdas, hacerte pensar cosas que no habrías pensado antes, para sumergirte en mundos diferentes del tuyo, pero que te sirven para profundizar en el propio", mientras que la segunda "es persuasión". En esta línea, fue muy sincero al reconocer que le incomoda mucho que, por el hecho de ser escritor, tenga que ser "alguien que continuamente tenga que dedicarse a venderse, exponerse en público, explicar lo que hace, lo que es". "Yo no me hice escritor para eso, sino para todo lo contrario, para desaparecer. Es lo que idealmente me gustaría: hacer libros para esconderme detrás de ellos —como el hombre que aparece en la portada— y ofrecerlos como lo mejor que puedo dar al mundo, como un fruto de mi sensibilidad, formación, paciencia, cultura, esfuerzo y capacidad, que el autor no importe, ni quién eres, ni tu vida íntima, pero hoy las cosas se venden por todo lo contrario, tienes que exhibirte, mostrar y demostrar quién eres y qué haces, y para mí es bastante agotador y un poco triste, y contradice la misión de la literatura, que no es improvisar un mensaje personal sino construir uno impersonal y abstracto y esconderte detrás de él porque es el fruto de tu trabajo". No descartó irónicamente, sin embargo, que pudiera dedicarse a escribir textos publicitarios, como fue el caso de Salman Rushdie en sus inicios: "Creo que podría hacerlo bien, ya que la literatura no nos hace millonarios, quizá podría acabar escribiendo discursos para algún político o haciendo eslóganes para vender zapatos, todo es ponerse".

A la pregunta de uno de los asistentes al acto sobre cómo es la sociedad que describe en su novela, el escritor aseguró rotundamente que "vivimos en el tiempo del canto de las sirenas, pero que, a diferencia de Ulises, que se ataba al mástil del barco cuando estas cantaban para evitar naufragar, ahora hacemos todo lo contrario: no nos atamos, sino que pedimos sirenas continuamente, vivimos en un continuo espasmo informativo, en una especie de guerra cognitiva para romper y mantener la atención de la gente". Los personajes que viven de ello son los que él ha retratado y analizado con absoluto acierto en 'L'home que va vendre el món'.

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Fuente: Empordà