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Literatura

Becky Chambers y Juliet Marillier convierten el estreno del Celsius en un alegato frente a la crisis ambiental: "Los problemas sistémicos requieren soluciones sistémicas"

El auditorio de la Casa de Cultura se llenó en la primera mesa del festival, con colas para acceder al recinto, en un debate que reivindicó el poder de la literatura fantástica y la ciencia ficción para concienciar sobre el futuro del planeta

Por la izquierda; Becky Chambers y Juliet Marillier.

Por la izquierda; Becky Chambers y Juliet Marillier. / Miki López

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Pelayo Méndez

Avilés
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La Bienal Climática y el Celsius se dieron la mano este martes en la Casa de Cultura. Lo hicieron en la primera gran mesa redonda del festival, titulada "Liderando el mensaje ecológico desde la ciencia ficción y la fantasía", que reunió a las escritoras Becky Chambers y Juliet Marillier, moderadas por la autora española Sofía Rhei. El interés por el encuentro fue máximo desde mucho antes del inicio. El auditorio de la Casa de Cultura se llenó por completo y se formaron colas en la entrada para acceder a una cita que confirmó, una vez más, el poder de convocatoria del Celsius, donde la reflexión sobre el cambio climático, la naturaleza y el papel de la literatura ocupó el centro del escenario.

La autora estadounidense Becky Chambers, una de las voces más reconocidas de la ciencia ficción contemporánea y ya conocida por el público del Celsius tras anteriores visitas, centró buena parte de su intervención en desmontar la idea de que la solución a la crisis climática dependa exclusivamente de los gestos cotidianos de los ciudadanos. "Los problemas sistémicos requieren soluciones sistémicas", afirmó con rotundidad. Aunque defendió la importancia de reciclar, separar residuos o consumir de forma responsable, insistió en que "individualmente, el impacto que podemos tener con nuestras acciones es bastante limitado".

Lejos de despreciar esos pequeños gestos, Chambers defendió que tienen un importante valor simbólico y educativo. "Cada pequeña acción individual sirve como recordatorio colectivo de que necesitamos cambiar como sociedad", señaló. Incluso confesó que para ella reciclar tiene un significado que trasciende el resultado inmediato. "Cuando me pongo a separar los residuos me estoy recordando a mí misma que esto es importante, que tengo una responsabilidad personal", explicó. La escritora también quiso combatir el pesimismo absoluto recordando algunos avances recientes en materia ambiental, desde la recuperación del lince ibérico hasta el desarrollo de nuevas tecnologías o la entrada en vigor de acuerdos internacionales para proteger los océanos.

La autora norteamericana defendió además que el verdadero reto pasa por cambiar la forma en que la sociedad entiende el progreso tecnológico y el consumo. Criticó una cultura basada en el deseo permanente y en la sustitución constante de productos. "Vivimos en una sociedad estructurada para distraernos y para crearnos necesidades artificiales", lamentó. Sin embargo, aseguró mantener la esperanza porque, pese a todo, "los seres humanos seguimos sintiendo una necesidad innata de reunirnos con los demás". Precisamente puso como ejemplo el propio Celsius 232, donde centenares de personas se congregaron para compartir una pasión común. "Lo que necesitamos es fuerza de voluntad para huir de esas necesidades artificiales", afirmó.

La literatura como herramienta de futuro

Durante su intervención también reivindicó el papel de los escritores a la hora de formar a las futuras generaciones. Chambers recordó que la sociedad contemporánea ha perdido buena parte de su relación cotidiana con la naturaleza y defendió que la ficción puede contribuir a recuperarla. "Las escritoras tenemos todavía la responsabilidad de transmitir esos códigos a las futuras generaciones", sostuvo. A su juicio, los libros ayudan a comprender conceptos como la familia, la comunidad o el respeto por el entorno natural. "Está muy bien que consuman ocio, pero también es importante darles historias con un mensaje que les permita entender qué temas son importantes a lo largo de su vida", explicó.

La neozelandesa Juliet Marillier, residente desde hace años en Australia, coincidió con Chambers en que la solución no llegará únicamente desde el ámbito doméstico. "Lo realmente importante es concienciar a la gente que está en el poder", afirmó. Aunque reconoció que cada vez más ciudadanos reciclan o hacen compost con los residuos orgánicos, defendió que esos esfuerzos "no son más que pequeños granitos de arena" si no van acompañados de decisiones políticas y económicas de gran alcance. Marillier puso como ejemplo la actividad minera en Australia, donde algunas empresas ya incorporan energías renovables, aunque advirtió de que siguen siendo industrias profundamente agresivas con el medio ambiente.

La escritora también vinculó su defensa de la naturaleza con sus propias convicciones personales y con la inspiración de buena parte de su obra. Recordó que creció rodeada de bosques, aves y paisajes salvajes en Nueva Zelanda y explicó que esa experiencia marcó para siempre su literatura. "Todos los seres vivos que ocupamos el planeta formamos parte de la naturaleza", señaló. Integrante de una orden druídica desde hace años, aseguró que el gran reto consiste en recuperar esa conexión perdida. "Creo que todavía estamos a tiempo de acabar con los actos que están destruyendo nuestro mundo", afirmó, convencida de que "todos tenemos dentro una brizna de bondad" que debe cultivarse.

Historias para aprender a convivir

Marillier cerró el debate reivindicando el valor de la narrativa como herramienta para transmitir valores ambientales y sociales. Recordó que los antiguos relatos alrededor del fuego enseñaban a las nuevas generaciones dónde estaban los peligros y cómo convivir con el entorno, una función que considera plenamente vigente. "Las historias sirven para transmitir códigos sobre cómo debemos vivir", explicó.

Tanto ella como Chambers coincidieron en que la ciencia ficción y la fantasía poseen una capacidad privilegiada para imaginar futuros posibles y provocar reflexión en los lectores. La ovación del público puso el broche a una mesa redonda que abrió el Celsius con el auditorio completamente lleno y con un mensaje compartido: la imaginación también puede convertirse en una herramienta para afrontar la emergencia climática.

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Fuente: La Nueva España