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Cultura

Una fan se quedó sin ver a El Último de la Fila tras acabar en silla de ruedas: "Las promotoras deben reflexionar"

"No puedo recuperar aquella noche", asegura Carmen, pero sí que un caso similar encuentre al otro lado del teléfono algo más que un "no es posible".

Grupo de amigas de la fan de El Último de la Fila que no pudo ver el concierto tras quedarse en silla de ruedas

Grupo de amigas de la fan de El Último de la Fila que no pudo ver el concierto tras quedarse en silla de ruedas / Levante-EMV

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No busca una compensación, no quiere líos. Lo único que espera es que no vuelva a suceder. Carmen es una de tantos fans de El Último de la Fila, el grupo de rock que lideraba Manolo García y Quimi Portet, y que tanto escuchó junto a sus amigas en Denia. Así que al enterarse de la gira del reencuentro no dudaron en comprarse una entrada sin saber que al poco tiempo Carmen se quedaría en silla de ruedas fruto de un agresivo tumor. No hace falta decir cómo cambió su vida pero sí lo que significaba para ella este concierto que finalmente no pudo ver al no encontrar la promotora una alternativa para ella.

"Nunca renuncié a la ilusión de asistir porque no era solo un concierto: en medio de hospitales, pruebas médicas, tratamientos y una vida que había cambiado radicalmente, aquel concierto representaba una de las pocas oportunidades que tenía de olvidarme, aunque solo fuera durante unas horas, de la enfermedad. De volver a sentirme la misma persona que compró aquella entrada un año antes", explica Carmen en una carta que ha hecho pública su entorno.

Es por ello que sus amigas se pusieron a remover cielo y tierra para hallar alguna forma de asegurarle la asistencia. "Sabíamos que los promotores tendrían que hacer un esfuerzo y por eso nos pusimos en contacto con ellos con antelación pero aún así pasaron olímpicamente", denuncia Ilona, la amiga que se puso en contacto con la organización. Primero con Ticketmaster, pero había 'sold out' en las entradas de movilidad reducida, así que se dirigió a la promotora.

"Lo único que nos dijeron es que fuéramos antes al concierto para ver si la organización lo podía solucionar allí in situ, pero mi amiga no está para ir de un sitio a otro y más sin saber si nos iban a atender", explica Ilona, que acabó escribiendo un mail para consultar si, como última opción, al tener entradas de pista, se podían ubicar al fondo, sin molestar. "Aunque no escucháramos ni viéramos bien, al menos estaríamos todas juntas en el concierto", explica. Pero ni con esas: la promotora respondió que por seguridad, no se podía acceder con silla de ruedas a la pista.

"El día del concierto mis amigas me llevaron a comer, después me dejaron en casa y ellas fueron al concierto, creo que no hace falta explicar cómo me sentí", relata Carmen, que estuvo toda la tarde llorando mientras su grupo de amigas presenciaban que había "una explanada muy grande" en la pista y que varias personas con movilidad reducida se habían ubicado allí sin problema. "Teníamos a un chico en silla de ruedas al lado y podría haber estado ella, pero se tuvo que quedar en casa", lamenta con rabia: "Bastante tiene con lo que tiene para que encima le pongan trabajas a su vida, que ella intenta hacer con normalidad".

Consciente de lo excepcional de su caso, Carmen no denuncia desde la venganza: "Me gustaría que las promotoras reflexionaran sobre cómo gestionan estos casos de movilidad reducida sobrevenida porque las persoans no siempre encajamos dentro de un protocolo. Hay enfermedades, hay accidentes, hay vidas que cambian por completo entre el momento en que compras una entrada y el día del concierto. Y esos casos merecen, al menos, que alguien se detenga a escucharlos". "No puedo recuperar aquella noche", dice, pero sí que un caso similar encuentre al otro lado del teléfono algo más que un "no es posible".

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Fuente: Levante - EMV