Cita musical en el Fòrum
David Byrne, en vanguardia en otro espectáculo para recordar en el Cruïlla
El cantante brindó un 'show' imaginativo, con siete músicos y cinco bailarines y cantantes, en el que rompió convenciones y combinó canciones de su discografía en solitario con numerosos clásicos de Talking Heads

David Byrne no había vuelto desde su recordado concierto en el Cruïlla en 2018, y las expectativas, altas, fueron colmadas este viernes en el mismo festival con otra sesión para el archivo histórico. Artista innovador en las puestas en escena desde los días de Talking Heads, a través de espectáculos como ‘Stop making sense’, el escocés neoyorkino brindó un ‘show’ imaginativo y expresivo, a cuenta de sus obras en solitario, como la reciente ‘Who is the sky?’, y de citas de aquel grupo que revolucionó el punk desde un prisma ‘arty’.
Concierto y espectáculo, ambas cosas, con siete músicos y cinco bailarines-cantantes hilvanando dinámicas escénicas que combinaban la sincronía y el ‘free style’, todo ello sin que las canciones dejaran de seguir su curso, tocadas en modo ‘marching band’. Incluyendo el teclado o la marimba, sujetados por arneses. Una ejecución impecable, aunque Byrne tenga sus reservas con la perfección, como insinuó al abrir con ‘Heaven’, de Talking Heads, canción que cuestiona los ideales celestiales. El humanismo envolvió el ‘show’, con la imagen del planeta para empezar: “El único que tenemos”.
Diez de las 18 canciones procedieron de su antigua banda, y tres, del último álbum, empezando por la vivaz y tierna ‘Everybody laughs’, sobre nuestras penas y alegrías cotidianas. Escenario desnudo y tres paredes de video. El vestuario alterna colores de una noche a otra: el miércoles, en Bilbao, iban todos de naranja; en Barcelona, de azul cobalto. Hombres y mujeres que no parecían salir de una pasarela de modelos, como tanto se estila hoy, sino de las escuelas de música y danza de vanguardia. Mezclándose con Byrne, paseaban, corrían, bailoteaban, gesticulaban, sobre tablas rítmicas apuntaladas en un bajo poderoso y cambiantes polirritmias.
Sorprendió la repesca de la cumbia ‘Independence day’, así como ‘Air’, perla de ‘Fear of music’ (1979), de Talking Heads, como ‘Life during wartime’, ilustrada con imágenes de conflictos civiles y del ICE. Este fue un álbum de transición de la new wave al avant-funk con sintonía ‘afro’ que luego sublimó ‘Remain in light’ (1980), disco del que salieron ‘Houses in motion’ y ‘Once in a lifetime’. Byrne indulta en esta gira ‘Psycho killer’, tras casi 20 años sin cantarla, cuyo “qu’est-ce que c’est?” fue coreado en el Fòrum, y el número final fue el demoledor ‘Burning down the house’. Último reflejo de un Byrne que, a los 74, sigue desmarcándose de lo convencional.
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