Entrevista
Sister Bliss (Faithless): "La IA no siempre tiene razón, aunque hable como si todo lo que dice estuviera verificado"
El grupo británico, referente de la música electrónica, con hitos como ‘Insomnia’ y ‘God is a Dj’, actúa este sábado de madrugada en el Fòrum como uno de los cabezas de cartel del Cruïlla

Sister Bliss, teclista y productora de Faithless. / EL PERIÓDICO

Su nuevo álbum se titula ‘Champion sound’, una expresión de la cultura jamaicana de los ‘sound systems’, que nos habla de comunidad y de mestizaje. ¿Ahí está la raíz de Faithless, que han querido resaltar en el disco?
Absolutamente. Es algo muy británico, porque en Londres tenemos el carnaval de Notting Hill y el título alude a toda esa cultura multicultural de los ‘sound systems’. Es un álbum abierto y alegre, con sus momentos de introspección. Decidimos que fuera como bestia de cuatro caras, un doble álbum planteado como una obra conceptual y con colaboradores muy interesantes, como Bebe Rexha, probablemente la artista más pop con la que nunca hayamos trabajado, o el artista de ‘spoken world’ Antony Szmierek. El álbum conserva el ADN de Faithless, pero renovado. Siempre hemos intentado hacer una música que hable tanto a la mente como al corazón, que tenga una filosofía detrás y haga mover los pies. Porque venimos de los clubs, del ‘underground’, y ‘Champion sound’ no es un disco excesivamente pulido, tiene una aspereza.
La portada, con esa montaña de altavoces en un prado bajo un suelo nublado, remite a las ‘raves’ salvajes de otros tiempos en el Reino Unido.
Es una imagen muy británica, sí, el antes o el después de una ‘rave’. Esa foto me cuenta mil historias de mi juventud. Así fue como muchos descubrieron la música electrónica: en un campo, con unas cuantas luces y unos bafles, creando una comunión. Surgimos en la época del ‘thatcherismo’, en un clima político en el que se llegó a decir que la sociedad era algo que no existía. Organizar una gran fiesta en un campo era ilegal y, para mí, el ‘underground’ y la cultura de club tenían un componente político.
La isla de Ibiza tiene un papel en esta historia, ¿no es así?
Fui por primera vez en 1992, tocamos allí en directo en los primeros tiempos, y he estado yendo y pinchando en la isla casi todos los años desde entonces. Estuve allí cuando era algo muy libre y crudo, no de gente con un móvil en la mano. Fiestas locas que tenías que encontrar metiéndote en un camino de tierra. Veías a viejos hippies bailando con jóvenes. En Ibiza siempre hubo ese lado oscuro de contracultura y rebeldía ya en los tiempos de Franco. Gente que no podía ser ella misma porque era gay. Mi carrera como ‘dj’ empezó en un club gay.

El grupo británico Faithless, con Sister Bliss (teclista y productora) en el centro. / EL PERIÓDICO
Faithless era un triángulo, con el multinstrumentista Rollo y la voz de Maxi Jazz. Este falleció en 2022. ¿Diría que su presencia sigue acompañándolos?
Oh, siempre, siempre... Cuando compongo, sigo escuchando la voz de Maxi dentro de mi cabeza. Pienso en él casi todos los días. Sueño con él, y es como si viniera a visitarme. Es entonces cuando el duelo vuelve a hacerse muy intenso. Quieres abrazar a esa persona, tocarla. Nuestra relación era muy física. No como si fuésemos novios, sino que cuando pasas veinte años conviviendo en un autobús de gira, acabáis siendo una pequeña familia, un poco loca, pero una familia. De hecho, la voz de Maxi aparece en este álbum, en ‘Forever free’. Es un pequeño fragmento que él grabó, lo último que hizo, y que ha inspirado el concepto del álbum. La liberad a través de la pista de baile.
Ustedes son fans de la tecnología. ¿Ven la IA como una amenaza?
Rollo me hizo escuchar el otro día una canción en su móvil, un cantante de blues que sonaba como una especie de Nina Simone masculino, y me dijo: “esto no es real”. Le respondí: “¿qué demonios me dices?”. Sonaba un poco comercial para mi gusto, pero el timbre, el tono, era tan auténtico como el de Al Green o Smokey Robinson. Jamás lo habría adivinado. En momentos así piensas: “¿debería dejarlo todo y dedicarme a la agricultura?”. Porque la gracia de hacer música consiste en hacerla tú mismo. Yo todavía no he utilizado ninguna herramienta de IA, pero mi correo está inundado de anuncios. Todo eso tiene un precio, mental y medioambiental. Y la IA no siempre tiene razón, aunque hable como si todo lo que dice estuviera verificado. Pero ayer leí que van a empezar a etiquetar la música con elementos generados por la IA para que el público pueda distinguir qué es real y que no lo es. La música es algo especial, porque no solo la escuchas: la sientes.
Las canciones que llegan al gran público son cada vez más cortas.
A mí me encanta Steve Reich y sus obras pueden tardar 20 minutos en desplegarse. Creo que Faithless tiene algo de esa manera de construir la música. Algunos de nuestros temas más potentes duran ocho minutos. Ahora, los sencillos ni siquiera llegan a los tres minutos. En Spotify una reproducción no cuenta hasta que se superan los dos minutos y diez segundos, por lo que mucha gente piensa: “¿por qué voy a hacer una canción más larga?”. ¿Tiene todavía paciencia la gente para dejarse llevar por un concepto completo? A mí no me interesa rebajar el nivel para llegar al mínimo común denominador. Si alguien consigue concentrarse en algo durante más de dos minutos, le aplaudo. Por eso creo que la IA entraña un gran peligro. Es otra cosa que nos aleja de lo que significa ser humanos, con todo el maravilloso desorden que implica. Muchas veces, es desde ese desorden de donde nace el arte.
Habla del sentido de la comunidad, del multiculturalismo... Se han cumplido diez años del referéndum del Brexit. ¿Cuál es su balance?
Creo que fue un acto suicida. No lo entiendo. Lo alimentó la xenofobia. Sí, la Unión Europea no es perfecta, pero, Dios mío, era mucho mejor estar sentados a la mesa que quedarse fuera de ella. Ahora nuestro país está en declive. Nosotros tenemos la suerte de pertenecer a una banda que puede permitirse pagar visados y gastos, pero en el mundo de la música hay cifras dramáticas. El trabajo de los músicos británicos en Europa se ha desplomado. Yo le debo mi carrera, en parte, al éxito que hemos tenido en toda Europa. ¿Qué puedo decir? Me parece una decisión terrible. Yo no voté a favor, y quedé desolada cuando ganó el sí. Hubo mucha desinformación: se dijo que el Servicio Nacional de Salud perdía dinero porque se lo dábamos a Europa, y que Europa nos controlaba. Era una narrativa tan simplista como patética. Y no era verdad. Ahora somos un país más pobre, económica y espiritualmente. Soy claramente europeísta. Mis antepasados son de diferentes países de Europa. Es verdad que algunas cosas empiezan a cambiar poco a poco. Por ejemplo, se ha recuperado el programa Erasmus para los jóvenes.
¿Cree que el Brexit podría revertirse? ¿Otro referéndum o algún tipo de acuerdo con la UE?
No lo sé, creo que prefieren no tocar el asunto. Es lo que llaman un cáliz envenenado. Pero creo que el Ministerio de Asuntos Exteriores está trabajando ente bastidores para reconstruir las relaciones con Europa de una manera seria, porque el aislacionismo no nos beneficia.
Actuarán el sábado en el Cruïlla, un festival musicalmente transversal, con artistas pop y rock como David Byrne o Suede, y a una hora un poco extrema, la 1.55 de la madrugada. ¿Cómo lo ve?
¡Muy bien, es la hora punta de la noche española! (ríe) Me alegro de tocar tan tarde porque hará menos calor. Ya hemos coincidido con Suede en varios festivales. Veréis que Faithless funciona como una banda en el sentido más tradicional: siete músicos en escena haciendo un ruido enorme. Somos tan rock’n’roll como cualquier grupo de rock.
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