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Ópera

Pons remata su faena en el Liceu con un gran ‘Falstaff’

El maestro Josep Pons se despedía tras 12 años de la titularidad musical del Gran Teatre dirigiendo la última obra maestra verdiana, que pudo verse en una genial puesta en escena de Laurent Pelly

La ópera 'Falstaff' en el Liceu, el 9 de julio de 2026

La ópera 'Falstaff' en el Liceu, el 9 de julio de 2026 / ANTONI BOFILL

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Pablo Meléndez-Haddad

Pablo Meléndez-Haddad

Barcelona
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Han pasado ya casi 16 años desde la última vez que subían al escenario del Liceu el vividor y cobarde gordinflón shakesperiano y las alegres y astutas comadres de Windsor en la visión verdiana. Y si entonces lo hicieron en un gran espectáculo de Peter Stein, esta vez se contó con otra propuesta de lujo, detallista y plena de magia teatral, de ese maestro contemporáneo de la comedia lírica que es Laurent Pelly. La crítica social con la que Verdi y Boito, su libretista, empaparon la última ópera del compositor encontró en este espectáculo un imaginario de excepción, convirtiendo el escenario literalmente en un espejo en el que se refleja, para su sonrojo, la burguesía.

Para construir su genial rompecabezas, Pelly diseñó bien pensadas caracterizaciones que miran a la historia del cine y una soberbia escenografía de Barbara de Limburg, cambiante y llena de sorpresas. Y, claro, contó con un grupo de cantantes-actores capaces de articular esta comedia de enredos que se narró con total fluidez.

Para su John Falstaff Pelly encontró en Luca Salsi a un aliado extraordinario, espléndido de voz y centrado en el retrato de este protagonista tan lleno de aristas y de detalles. Conquistó también la Alice de Carolina López Moreno con una voz bien proyectada y seductora, así como la Nannetta de Serena Sáenz, entregada a su papel. La “reverenza” de la Mrs. Quickly de Daniela Barcellona resultó chispeante, aunque algo sorda en según qué frases, mientras Gemma Coma-Alabert convencía plenamente como Mrs. Meg Page.

El Ford de Lucas Meachem se lució sobre todo en su escena de cuernos y, como Fenton, Santiago Ballerini expuso un timbre muy atractivo. Le sacaron punta al personaje Josep Fadó como Doctor Cajus y Pablo García-López como Bardolfo y fantástico, sonoro y poderoso el Pistola de Alessio Cacciamani, pleno de comicidad.

En sus apariciones del Coro del Liceu se mostró motivado y la Simfònica del Gran Teatre sonó flexible ante la dirección de Josep Pons, que con esta ópera se despedía como titular del coliseo. El maestro, tan afín a repertorios complejos y de gran densidad orquestal (como la inmensa ‘Octava’ de Mahler que dirigirá el 24 de julio, también en el Liceu), quiso, como Verdi, decir adiós probando suerte una vez más con la comedia, y lo consiguió con esta difícil partitura. Más allá de algún número de conjunto algo errático, mostró contrastes, brillo y tensión, más una fuga final impecable.

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