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Literatura

Carlota Gurt: "Hay una cierta pasividad entre la gente, de culpar a los demás y de no asumir la responsabilidad sobre la propia vida"

La escritora inauguró el ciclo Punt de Lectura d'Agullana este pasado viernes hablando sobre la novela 'Els erms', premio Anagrama, y su proceso de escritura

Carlota Gurt estuvo en los jardines de la Societat d'Agullana dentro del ciclo Punt de Lectura.

Carlota Gurt estuvo en los jardines de la Societat d'Agullana dentro del ciclo Punt de Lectura. / Carme Campà

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Cristina Vilà Bartis

Agullana
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Carlota Gurt (Barcelona, 1976) acaba de entregar la traducción al castellano de 'Els erms', su última novela, con la que ganó el premio Anagrama. El volumen está previsto que se salga en octubre bajo el título 'Los páramos'. No es el primer libro suyo que traduce. Ya lo había hecho antes con 'Biografia del foc'. La autora explica que no es cuestión de que los traductores propuestos no fueran buenos, sino de que siempre le quedaba la sensación de que el texto resultante no era suyo. También influyó el consejo del editor, que le dijo: "Si quieres hacer carrera en España tienes que traducirtelo tú misma, tienes que hacerte pasar por un autor castellano". El pasado viernes, la escritora inauguró el ciclo Punt de Lectura d'Agullana para compartir este y muchos otros detalles de su proceso de escritura.

La novela 'Els erms' nace del abandono de un texto anterior y de una emoción que sintió al visitar el pantano de Sau en tiempos de sequía. ¿Siempre es así su proceso de escritura? ¿Necesita que una emoción la atrape?

Más que una emoción, una realidad. Normalmente, los textos siempre parten de algo real, que no quiere decir que sea autoficción, porque a veces existe esta confusión. Al final, todos los textos de todo el mundo parten de la realidad, de algo que te llama, alguna imagen, algún título, alguna palabra, alguna emoción. En este caso, no más que en otras ocasiones. Ver el pantano vacío fue algo muy impactante, una cosa muy bestia ver aquella falta de agua. Como estaba atascada escribiendo otra novela y no había manera… Yo siempre digo que escribo sobre cosas que me mueven o que me interesan, cosas sobre las cuales me pregunto y no tengo respuesta. Entonces, en el caso de 'Els erms', como tenía esa sensación de que estaba igual, así, como seca, escribiría sobre esto.

Durante el proceso creo que la empezó, pero que se detuvo un tiempo para después retomarla escribiendo cada día hasta terminarla. ¿Siempre es así?

No, no lo había hecho nunca porque no me lo puedo permitir económicamente, básicamente. Escribí unas sesenta o setenta páginas y me detuve porque tengo muchos otros trabajos y a veces no encuentro el espacio, ni físico ni mental. Así que la dejé durante mucho tiempo, pero entonces ya vi que estaba como procrastinando. Pedí una beca pensando que, si me la daban, me dedicaría todo el otoño a escribir. Entonces no acepté trabajos para el otoño, pero no me dieron la beca. Y eso fue un poco frustrante, porque siempre me la habían dado y no sé por qué esta vez no y, además, me la denegaron dos años seguidos. Eso me trastocó un poco los planes, porque me había liberado el otoño de trabajo, pero yo necesito ingresar dinero. Tener esos 10.000 euros o no tenerlos era la diferencia entre tener el tiempo o no tenerlo. Además, si te deniegan la beca es como si te estuvieran diciendo que tu proyecto es una mierda. Entiendo que hay muchos y que no se le puede dar a todo el mundo, pero inevitablemente piensas que hay cincuenta becas, no una. Eso me desanimó bastante. Un día, en septiembre, me parece, tuve que hacer muchos kilómetros y estuve como ocho horas en el coche conduciendo, sola, y allí me convencí, decidí que tenía que escribirla y que si quedaba fatal, pues que quedara fatal. Decidí darme un mes y medio, que era el máximo que me podía permitir no estar ingresando dinero. Es una inspiración brutal porque o lo hago en ese mes y medio o no lo hago. Entonces me obligué a escribir cada día y así hice el primer manuscrito en bruto. Hay mucho trabajo, pero cuando terminas el primer manuscrito, al menos tienes una idea más literal del texto.

Si publicas un libro es como si lo tiraras dentro de un pozo. Es verlo en medio de miles de novedades, porque estamos absolutamente ahogados

Para crear en estas condiciones, tiene que haber mucha voluntad detrás.

Una voluntad absolutamente absurda que yo ya estoy perdiendo, porque dices basta. No tiene mucho sentido.

Usted ha dicho en alguna ocasión que escribir o publicar la hace sentir muy vulnerable, que prefería, incluso, hacer el actual monólogo 'Una aniquilació fallida', con el que está recibiendo muchos inputs positivos, antes que exponerse tanto con las novelas.

Sí, y la verdad no sé por qué. Porque al final subir a un escenario debería ser más... Pero no, porque la gente que viene a verte ya sabe de qué va y cuando acabas tienes una reacción muy directa, el público sale muy contento y agradecido, muy entusiasta. Y siempre vendo libros, un montón, porque realmente percibes que hay un entusiasmo, que hay una sensación de que sirve para algo. Yo creo que el monólogo es una especie de servicio público y hay muchas mujeres muy agradecidas, y hombres también. En cambio, si publicas un libro es como si lo tiraras dentro de un pozo. Es ver el libro en medio de miles de novedades, porque estamos absolutamente ahogados de novedades. Sí que te hacen reseñas positivas, me han entrevistado en todas partes, pero ¿y qué? ¿Eso qué me va a aportar? ¿A vender cuántos? ¿Tres mil? ¿Cuatro mil? ¿Ocho mil? Al final es lo que es y tú por cada ejemplar sacas un 10 %. Si llegas a vender ocho mil, que sería una barbaridad, quiere decir que sacas 16.000 euros por un trabajo que es tiempo, implicación, ir a hacer entrevistas, promoción, presentaciones, son muchas horas. Eso en el caso de que fuera maravillosamente bien, cuando a la mayoría de los libros no les va así.

Pero usted es reincidente.

Yo no sé por qué me pongo a escribir en estas condiciones. También está la sensación de que es una batalla que libro yo sola. A mi pareja, el otro día, por ejemplo, le ofrecieron un ciclo de cinco conferencias y me dijo que estaba bien pagado: 150 euros por cada conferencia. Si tienes que descontar el IRPF y, además, prepararla, al final ¿qué te queda? Es humillante. Y si yo, que soy la gran luchadora por los derechos económicos, veo que mi propia pareja hace estas cosas, acepta trabajos de mierda, con retribuciones de mierda, qué quieres. O todos nos unimos un poco, cosa que no pasará, porque aquí cada uno tiene su ego, porque lo que queremos es publicar, aunque después vendamos tres ejemplares. Hay un problema de egos en circulación y todo ello me deja un poco fastidiada. Aunque he ganado el Premio Anagrama y estoy muy contenta de haberlo ganado porque te da visibilidad.

Carlota Gurt hablando de 'Els erms' y su proceso de escritura con Enric Tubert, en los jardines de la Societat d'Agullana.

Carlota Gurt hablando de 'Els erms' y su proceso de escritura con Enric Tubert, en los jardines de la Societat d'Agullana. / Carme Campà

'Els erms' abre con una frase del Apocalipsis que dice: "Quien tenga sed, que venga". Eso me hace pensar que los dos protagonistas, Ramona y Faust, sienten esa sed de vivir, de conseguir una existencia más plena, de no ser como aquellos peces que se ahogan en el pantano de Sau.

Sí, claro, es tomar la idea de la sequía no solo climática, sino un poco existencial. Que necesitamos agua para vivir y que a veces no sabes dónde encontrarla porque no la hay. Al final, las ilusiones son la capacidad de inventar el agua que necesitas, de ser capaz de creer y de visualizar dentro de tu cabeza un futuro diferente. Y a veces cuesta. 'Els erms' es una novela sobre las ilusiones, sobre qué hacemos cuando no las tenemos. De ahí todas esas metáforas que contiene: la de los peces muertos, el ojo seco, las cicatrices, esa cosa de los símbolos que siempre me gusta mucho.

Ramona parece que prefiere entretenerse con el entorno antes que mirar dentro de sí misma.

Ella tiene un perfil claramente de lo que los psicólogos llaman evitador del conflicto. Ramona va a lo suyo y, si algo no está bien, hace ver que todo va bien porque, al final, afrontar el conflicto todavía es más agotador y desgasta. Entonces, hasta que no llega el momento, evita tener conflicto. Ese es un perfil psicológico que, además, no se parece en nada al mío. Hay esta tendencia a identificar a Ramona conmigo, una cosa bastante irritante, la verdad. Yo detesto bastante a las personas evitativas porque yo soy todo lo contrario, cuando veo un conflicto voy de cabeza y cuanto antes me lo quite de encima, mejor. Pero hay gente así. Por ejemplo, hace eso de la mentira, se escuda en la mentira y desarrolla toda esa patología de la necesidad y el sentido de las mentiras porque, claro, la gente que dice mentiras, bien que debe explicarse alguna cosa, ¿no? Al final, es hacer ese ejercicio, preguntarse qué se explica a sí misma la gente que se dice mentiras. ¿Por qué creen que mentir es conveniente?

Al otro lado encontramos a Faust, un hombre que siente una presión muy fuerte, tanto en su entorno laboral como personal.

Es un hombre muy acomplejado, bastante cobarde, que nunca se ha acabado de atrever a perseguir las cosas que quiere. Está en una situación como de frustración, podríamos decir. Pero, básicamente, es una persona con muy poca autoestima.

Carlota Gurt estuvo en los jardines de la Societat d'Agullana dentro del ciclo Punt de Lectura.

Carlota Gurt estuvo en los jardines de la Societat d'Agullana dentro del ciclo Punt de Lectura. / Carme Campà

Observándolos te preguntas por qué a menudo mantenemos situaciones que nos desagradan o que nos hacen infelices durante mucho tiempo.

Porque es más cómodo. Cualquier cosa que altere lo que conocemos es un posible error. Tú conoces eso y, ahora, si sales de ahí quizá vas a peor, no lo sabes. Al final, el miedo nos detiene. Hay mucha gente que tiene trabajos que no le gustan y, si no haces nada, aparte de quejarte, las cosas no cambian. Es algo que decimos a menudo: deja de quejarte y haz algo. Que no quiere decir que mañana puedas cambiar de trabajo, y que si no te contratan quizá tengas que estudiar algo y dentro de tres años plantearte el cambio. Pero si no haces nada, eso no cambiará. Hay una cierta pasividad entre la gente, de culpar a los demás y de no asumir la responsabilidad sobre la propia vida.

'Els erms' es un libro circular: empieza igual que acaba, aunque al final el lector añade nuevos significados. También los personajes solo se encuentran al principio y al final, el resto viven en tiempos diferentes.

La idea era empezar por el final porque, claro, como es una novela que tampoco es que sea trepidante de acción, en el sentido de que pasan pocas cosas, entonces es muy importante cómo las ordenas para que el lector pueda tener un cierto interés a leer, a responder preguntas. Me gustaba la idea de empezar por el final, que sabes que esos dos personajes se encontrarán, pero de entrada parece imposible, que son dos personas que no tienen nada que ver. Poniendo el final al principio, te permite que el lector tenga una pregunta, es decir, cómo se encontrarán esos dos, y que quiera seguir leyendo para respondérsela. Cuando escribes, eso también lo tienes que tener en cuenta porque, si no, a veces nos abandonan porque esto nos gusta, pero, claro, hay alguien que se tiene que interesar y perseverar.

En 'Els erms' hay bastante humor y también mucha luz, aunque los personajes arrancan en situaciones un poco deprimentes.

Cuando hablas de esto piensas: ¿cómo hago un libro sobre la sequía y sobre la falta de ilusión sin que te quede un libro chafado? Al final, si el fondo y las formas se contaminan, la hemos cagado. Y eso era algo que me preocupaba, pero el humor siempre es un gran contrapeso para ciertas cosas. En la ópera 'Estètica i massacre', de la que he hecho el libreto, también hay mucha ironía porque, a veces, las cosas son demasiado solemnes, demasiado trágicas o demasiado lacrimógenas que cargan y, incluso, llegan al ridículo. Respecto a la luz, sí, creo que es algo nuevo porque mis textos siempre han sido un poco oscuros y esta vez me propuse que hubiera un poco más de luz. Que quizá hasta el final del todo no la ves, pero yo creo que entre eso y una cierta mirada irónica en algunos puntos para llegar al final es como si abrieras la puerta de un balcón y, de repente, entrara una especie de aire fresco que lo ilumina todo.

'Els erms'

Autora: Carlota Gurt

Editorial: Anagrama

Páginas: 248

Precio: 18,90 euros

Los espacios donde sucede la acción —el pantano de Sau y Los Monegros— tienen mucho peso y les da otra dimensión. Por ejemplo, cuando entra en escena el tren y nos lo presenta como una prisión.

Los paisajes, los escenarios, no dejan de ser escenarios literales porque también hablamos de la sequía climática, pero son espacios simbólicos. Todo tiene una posible doble lectura y no hace falta que la vayas a buscar porque, si no, el texto también tiene sentido. Al final estos desiertos que nos rodean y en los que habitamos —en este caso, Los Monegros y el pantano— me interesaban en ese sentido.

En 'Els erms' también se hacen muchas referencias al mundo del arte. Aparecen, por ejemplo, los elefantes de Dalí en el castillo de Púbol.

Cuando tú piensas en un personaje, cuando lo imaginas con sus manías, lo vas construyendo poco a poco. Y eso del arte para mí tenía sentido porque hace que, de alguna manera, sea más visual. Si no conoces los cuadros, los tienes que buscar, cosa que es más engorrosa, pero bueno, de alguna manera tú escribes, pero todo eso se ve realmente y creo que eso es importante. Por eso también las descripciones o el uso de metáforas, aunque se trate de una idea abstracta. En el caso de los elefantes de Dalí, esos son kilómetro 0 porque vives donde vives y tienes unos referentes visuales.

Hay un momento determinado en la novela en que se lanza la pregunta al aire de si un hecho incidental puede cambiar la trayectoria de un mundo. ¿Usted lo cree?

La vida está hecha de un cúmulo de casualidades. Yo, por ejemplo, cuando estudié la primera carrera fue como por casualidad porque fui a casa de una amiga y no sabía qué poner, y la hermana me dijo que acababa de salir una carrera nueva. Pero si yo aquel fin de semana no hubiera ido a casa de aquella amiga, no habría acabado estudiando aquella carrera y todo habría sido diferente, no habría tenido aquellos amigos, ni habría conocido a mi pareja como la conocí. Todas nuestras vidas son un cúmulo de casualidades. Kundera ya lo decía: cuantas más casualidades llevan una cosa, mejor es. Nunca lo sabes. Quizá sales a la calle y te atropellan o sales a la calle y te encuentras con alguien a quien no has visto en veinte años y que, de repente, te reanima y te cambia la vida por algún motivo. Esa es la tragedia y la gracia de la vida, que siempre es imprevisible.

Después de su paso por Agullana tiene dos citas más en el Empordà. La primera en el Espai Olivar de Ventalló donde representa 'Una aniquilació fallida' el 17 de julio, y el 25 de julio se estrena una versión ampliada de la ópera 'Estètica i massacre', con libreto suyo, en el Festival Perelada. Este libreto lleva el nombre del ensayo que el personaje de Ramona tiene pensado escribir y acaba por desistir.

Como el título me gustaba mucho, pensé que lo utilizaría en 'Els erms'. El año pasado hicimos la versión de media hora de la ópera en el Liceu y ahora en Peralada se ha ampliado a media hora más, una cosa un poco extraña porque, claro, tú tienes un libreto cerrado que es de media hora, y de repente tienes que alargarlo por el final, cosa que es un poco ortopédico porque la historia es la que es. Veremos cómo irá.

Fuente: Diari de Girona