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Concierto en Pedralbes

Sting vuelve a lo esencial con vigor y elegancia en Les Nits Occident

El músico británico viajó a través de sus casi cinco décadas de trayectoria, con abundantes citas a su etapa The Police, en un dinámico concierto en formato de trío

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Jordi Bianciotto

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Barcelona
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Sting ha vuelto una vez más a lo esencial, al formato de trío, como el que le salvó la vida cuando, a finales de los 70, con The Police (un grupo entonces de músicos ya experimentados), se sumó con éxito a la ola de la new wave. Queda algo de aquella urgencia interpretativa, ahora pasada por el tamiz de la veteranía y el autocontrol, y contando con un catálogo de canciones memorables así de grande, como las que este martes sacudieron con elegancia el festival Les Nits Occident.

Hacía nueve años que no actuaba en Barcelona (aunque en este tiempo ha pasado tres veces por el Festival de Cap Roig), y esta versión de Sting a los 74 resultó ser fibrosa y dotada de cierto grado de entusiasmo. Ha vuelto a lo básico, pero no tanto, o no solo, a su yo juvenil: sí, 8 de las 19 canciones salieron de la discografía de The Police, pero entre las otras 11 hubo representación de la mayoría de sus álbumes en solitario. Y sonó una composición de 2024, ‘I wrote your name (Upon my heart)’, que tiene algo de destilación de sus dos almas: la base rítmica afro-rocanrolera, con el sello de Bo Diddley, y la suave línea melódica del estribillo. Es una canción de amor que habla del compromiso a largo plazo, un mensaje que se puede aplicar también al vínculo del artista con su público fiel.

Suma pulcritud

Audiencia que se levantó de los asientos nada más comenzó a sonar el tema de apertura, ‘Message in a bottle’, en el que Sting cedió partes del estribillo al canto popular. Su voz ha cambiado un poco, ahora más gruesa y cálida, arenosa en ocasiones, aunque con capacidad de pellizcar las notas más altas en temas como ‘If I ever lose my faith in you’. El otro protagonista, más subterráneo pero determinante, fue el fiel guitarrista Dominic Miller, combinando armonías y punteos con suma pulcritud. Fue remarcable la arquitectura sonora nítida y vivaz que levantó el trío, con la batería de Chris Maas como tercer vértice, a las antípodas de la pelota de sonido, abriendo espacios entre los instrumentos.

Hubo éxitos, muchos: un ‘Englishman in New York’ despojado de los embellecedores de la versión original, asaltos vigorosos a ‘Every little thing she does is magic’ y Wrapped around your finger’ (con velas encendidas en la pantalla, evocando el video de 1983 de The Police). También piezas más escondidas de su obra, como ‘Never coming home’, que derivó en una pequeña ‘jam’ de pulso ‘funky’ marcado por el bajo de Sting y con insinuaciones de ‘When the world is running down…’ Y el sobrio ‘Mad about you’, y un ‘A thousand years’ que presentó confesando que cree en “el concepto de reencarnación”.

Sting se comportó con su habitual cordialidad, invitándonos a tomar un té a su casa si algún día nos acercamos a la zona de Stonehenge y gritando una y otra vez “¡Barcelonaaa!” en el clímax de ‘Can’t stand losing you’. Pero las canciones, el baúl del tesoro, hablaban por él, y no hay motivos por los que preocuparse cuando uno tiene registradas partituras como ‘Every breath you take’, Roxanne’ y ‘Fragile’, las que pusieron el acento final a la noche, enérgica y distinguida, en los jardines del Palau de Pedralbes.

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