La Biblia del horror cósmico
Lovecraft, el "árabe loco" y el regreso del libro maldito que jamás existió
Duomo publica el 'Necronomicón', grimorio ficticio que el autor de 'En las montañas de la locura' convirtió en pilar maestro de su universo literario
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H.P. Lovecraft, en una imagen de archivo / EPC

"Todo parece empezar como una broma, lo que los anglosajones llaman una 'in-joke', pero con el tiempo va creciendo en manos de su autor, hasta adquirir un papel central en la ficción y la fantasía lovecraftiana". La broma, maldita la gracia, no es otra que el 'Necronomicón', "texto de magia evocadora" y "llave para entrar en el reino de los muertos y en las dimensiones extraterrestres". Encuadernado con piel humana, escrito con sangre fresca y con el ligero contratiempo de que su lectura provoca la locura y la muerte, no necesariamente en este orden. Un chollo, vamos. Un grimorio más versátil que una navaja suiza y el libro maldito más famoso del mundo. O, mejor dicho, el libro maldito inexistente más famoso del mundo.
Porque, como recuerda el editor y traductor italiano Giuseppe Lippi, eminente lovecraftiano fallecido en 2018, todo esto es un fenomenal chiste privado que se acabó saliendo de madre. Una colosal y macabra invención que no solo creció: echó raíces, enroscó tentáculos y acabó catalogado durante un par de años en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires por obra y gracia de José Luis Borges. Se dice incluso que el autor de 'El Aleph' se quedó ciego tras intentar leer el 'Necronomicón', leyenda urbana que no hace más que alimentar la mitología de un 'pseudobiblion' convertido en pieza central del horror cósmico y los mitos de Cthulhu. "Me resulta muy divertido otorgarle a esta mitología artificial un aire de verosimilitud a base de citarla ampliamente", reconocía H. P. Lovecraft en 1930 en una carta remitida a su colega Robert E. Howard, creador de Conan y Solomon Kane.
Leí 'Las mil y una noches' a los cinco años. En aquellos días solía vestirme con un turbante, me pintaba la barba con corcho quemado y me hacía llamar con el nombre sintético (¡solo Dios sabe de dónde lo saqué!) de Abdul Alhazred"
"Para divertirnos creando un ciclo convincente de folclore sintético, todos los miembros de nuestro grupo aluden frecuentemente a los demonios favoritos de los demás; así, Smith usa mi Yog-Sothoth, mientras que yo uso su Tsathoggua. Además, a veces inserto uno o dos demonios propios en los relatos que reviso o escribo para clientes profesionales. De este modo, nuestro panteón negro adquiere una amplia publicidad y una pseudoautoridad que de otro modo no obtendría", le confesaba un par de años después a un fiel lector interesado por el llamado Círculo Lovecraft, movimiento de escritores e ideas casi siempre abominables que formaban, entre otros, Clark Ashton Smith, Frank Belknap Long, Robert E. Howard y August Derleth.
Delirio ilustrado
Casi un siglo después de todo aquello, al de Providence le agradaría descubrir que su feliz ocurrencia, su "monstruoso y aborrecible volumen", vuelve a tener publicidad gracias a la lujosa y cuidada edición del 'Necronomicón' que acaba de publicar Duomo. Cantos tintados, más de 600 páginas e ilustraciones de Greta Grendel con demonios alados, dioses egipcios a medio momificar y pesadillescos ancestros del Demogorgon de 'Stranger Things'. "Que no está muerto lo que puede yacer eternamente" y tal. "¿Terror? ¿Fantasmas? ¿Ciencia ficción? Todo se funde en un delirio que deja atónito a un lector acostumbrado a una fantasía más pobre y convencional", advierte Lippi en el prólogo de un libro que, apuntan desde la editorial, "juega a convertir algo que no existe en un objeto físico muy cuidado".

Ilustración de Greta Grendel inspirada en el 'Necronomicón' / DUOMO
Para conseguirlo, el volumen reúne medio centenar de relatos escritos por Lovecraft o a medias con Zealia Bishop, Hazel Heald o Robert H. Barlow y tocados por la magia negra del 'Necronomicón'. Una espeluznante colección agrupada en secciones dedicadas a los viajes terrestres, los manifiestos de Randolph Carter, el alter ego onírico y ocultista de Lovecraft; el terror morboso y necrólatra; y las colaboraciones a cuatro manos. "El escritor, que lo demuele todo hasta el horror, nos deja una visión personal del universo como una burla y un vacío", resume Lippi. Se echan de menos en la selección títulos clave como 'El horror de Dunwich', único relato de Lovecraft que reproduce un pasaje largo del grimorio, o el fundacional 'El caso de Charles Dexter Ward', con su arsenal de pavorosas invocaciones, pero a cambio se ofrecen extras como la siempre entretenida 'Historia del Necronomicón', dos páginas garabateadas con furia por Lovecraft en 1927, y una antología de apariciones estelares del libro en relatos como 'El sabueso', 'El descendiente' o 'El abrazo de Medusa'.
El auténtico 'Necronomicón' —es decir, el de mentirijilla— nació en la imaginación del estadounidense como grimorio maldito compilado en el siglo VIII por el "árabe loco" Abdul Alhazred, un poeta y demonólogo que vagó por los desiertos de Arabia y las ruinas de Babilonia y murió despedazado a plena luz del día por un horripilante demonio. De origen yemení y enloquecido tras sus incursiones en Menfis e Iram de los Pilares, adoraba a entidades desconocidas y creó un códice repleto de saberes arcanos y magia ritual que permitía invocar a Nyarlathotep, Azathoth y demás deidades primordiales. A años luz de todo aquello, en la casa de sus abuelos paternos en Providence, un Lovecraft de apenas cinco años empezaba a atar cabos y anticipar terrores entre cuentos orientales, leyendas medievales y apasionadas lecturas iniciáticas.

Ilustración de Greta Grendel inspirada en el 'Necronomicón' / DUOMO
"Leí 'Las mil y una noches' a los cinco años. En aquellos días solía vestirme con un turbante, me pintaba la barba con corcho quemado y me hacía llamar con el nombre sintético (¡solo Dios sabe de dónde lo saqué!) de Abdul Alhazred, que luego recuperé, en recuerdo de los viejos tiempos, para atribuírselo al hipotético autor del hipotético Necronomicón", dejó escrito un autor que, como recuerda Javier Calvo en el prólogo de 'Escribir contra los hombres', primer volumen de su correspondencia, "murió sin haber obtenido nada remotamente parecido al reconocimiento de su literatura".
Cuestión de ingenio
"Inventar libros horribles es un pasatiempo común entre los aficionados a lo extraño", relativizó en 1934 el propio Lovecraft, mago del terror que, claro, hizo algo más que eso, ya que dotó a su invención de vida y cosmogonía propias: escrito en árabe en el 730, fue traducido al griego en el 950; quemado por el patriarca Miguel en el 1050; traducido al latín y prohibido por el papa Gregorio en 1228 y 1232, respectivamente; impreso en letra gótica en Alemania en el siglo XV; y reimpreso en España en el siglo XVII. "El libro está estrictamente prohibido por las autoridades de la mayoría de los países y por los jerarcas de las diferentes ramas eclesiásticas que existen. Y es que leer el 'Necronomicón' tiene consecuencias terribles", fantaseó el soñador de Providence en la biografía apócrifa de su más célebre creación.
Un libro que jamás existió pero que, aún hoy, librerías y bibliotecas de todo el mundo reciben peticiones para comprarlo, consultarlo o echarle un rápido vistazo. No está mal para una broma que si no fue (aún) a más no fue por falta de ganas. "En cuanto a escribir el 'Necronomicón', ¡ojalá tuviera la energía y el ingenio para hacerlo! Me temo que sería una tarea ardua, dadas las diversas alusiones y pasajes que le he atribuido a lo largo del tiempo", le confesó Lovecraft a Howard en una de sus incontables misivas. Casi mejor así.

'Necronomicón'
Howard Philips Lovecraft
Traducción: Marcelo E. Mazzanti, Noelia Pousada, Víctor Manuel de Isusi, Consuelo Gallego, Mario Cornejo, Lucía Urbano, Eva Martínez
Duomo Ediciones
648 páginas
24,90 euros
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