Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

RITUAL DOMÉSTICO

Toda mi casa es un altar: la exposición que convierte lo doméstico en sagrado

Gema Polanco lleva a PHotoEspaña una intervención que mezcla cultura punk, objetos cotidianos y memoria emocional para mirar de otra forma la vida puertas adentro

Gema Polanco, en el Museo Nacional de Artes Decorativas.

Gema Polanco, en el Museo Nacional de Artes Decorativas. / JORQUERA

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Antes de ser una dirección, una casa es una constelación de objetos. Un paño doblado, una fotografía que resiste en un marco, una silla heredada, una cortina, una prenda que conserva la forma de otro cuerpo. Cosas pequeñas, casi mudas, que sostienen una vida entera. En Toda mi casa es un altar, Gema Polanco escucha esa vibración secreta de lo doméstico y la lleva al Museo Nacional de Artes Decorativas como quien enciende una vela en una habitación conocida. El centro se convierte así en un territorio de apariciones. No hay aquí una hogar reconstruido, sino un hogar invocado: hecha de telas, banderas, collages, trajes, amuletos y talismanes. Un espacio donde lo cotidiano roza lo sagrado y donde cada objeto parece reclamar su propio poder.

Impulsada por PHotoEspaña, la exposición puede verse en Madrid hasta el 25 de octubre. Bajo ese título rotundo, Polanco despliega una intervención que transforma la fotografía en instalación y la familia en una pregunta abierta: qué guardamos, qué heredamos y qué fantasmas nos acompañan en los lugares donde creemos estar a salvo.

Una de las piezas que componen 'Toda mi casa es un altar'.

Una de las piezas que componen 'Toda mi casa es un altar'. / JORQUERA

Gema Polanco, en el Museo Nacional de Artes Decorativas.

Gema Polanco, en el Museo Nacional de Artes Decorativas. / JORQUERA

La propuesta comienza con un gran tapiz suspendido, una suerte de umbral blando que prepara al visitante para abandonar la lógica de la sala expositiva tradicional. A partir de ahí, el recorrido avanza como una ceremonia fragmentada. No se trata de mirar piezas aisladas, sino de dejarse envolver por una atmósfera. En manos de Polanco, la casa deja de ser escenario de lo privado para convertirse en un archivo emocional, político y simbólico. Este desplazamiento resulta sugerente en este museo, una institución dedicada a pensar la vida cotidiana a través de los objetos, las técnicas y los usos. Allí donde conserva muebles, tejidos y cerámicas, Polanco introduce una lectura contemporánea. No contempla el pasado desde la distancia: lo atraviesa con imágenes que hablan desde el presente.

'Toda mi casa es un altar' estará en el Museo de Artes Decorativas hasta el 25 de octubre.

'Toda mi casa es un altar' estará en el Museo de Artes Decorativas hasta el 25 de octubre. / JORQUERA

Su obra se mueve en un territorio híbrido. Parte de la fotografía, pero no se queda en ella. La expande, la cose, la viste, la convierte en cuerpo. En esta muestra, la imagen necesita rozarse con otros materiales para desplegar todo su sentido. El resultado es una práctica que desborda categorías: hay instalación, hay escultura textil, hay evocación performativa y hay cultura popular.

Fragilidad y desafío

También hay una tensión muy fértil entre fragilidad y desafío. La artista trabaja con elementos asociados tradicionalmente a lo doméstico y lo ornamental, ámbitos que durante mucho tiempo fueron relegados a un lugar secundario en la jerarquía cultural. Pero aquí esas materias no aparecen como delicadeza complaciente. Tienen filo. Una bandera puede ser refugio y advertencia. Un traje, máscara y protección. Un amuleto, memoria y resistencia. Lo que parecía decorativo se revela cargado de fuerza. Polanco ha construido un imaginario en el que conviven lo íntimo, lo punk, lo místico y lo popular. Su trabajo cuestiona las formas heredadas de identidad y cuidado, así como las normas que determinan qué cuerpos, qué gestos y qué relatos merecen ocupar espacio. Por ello, Toda mi casa es un altar no propone una visión ingenua del hogar. La casa puede ser guarida, pero también mandato: puede proteger y encerrar, puede conservar afectos y reproducir fantasmas.

La intervención de Gema Polanco ha sido diseñada específicamente para el museo..

La intervención de Gema Polanco ha sido diseñada específicamente para el museo.. / JORQUERA

Dentro de la 29ª edición de PHotoEspaña, celebrada bajo el lema Volver a imaginar, la intervención de Gema Polanco funciona como una invitación a ampliar la idea misma de fotografía. No se trata sólo de representar el mundo, sino de activar una experiencia. Al salir, quizá, el visitante mire de otra manera su propia casa. Tal vez repare en una fotografía torcida, en una prenda que no se decide a tirar. Esa es la potencia silenciosa de Toda mi casa es un altar: no termina en el museo. Se queda adherida a la mirada y la devuelve al lugar más común y más enigmático de todos.

Suscríbete para seguir leyendo

Fuente: El Periódico de España