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Crítica

Magia y superpoderes en el Vida Festival

Concierto de Lia Kali en el Vida Fest de Vilanova

Concierto de Lia Kali en el Vida Fest de Vilanova / Ray Molinari

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Ignasi Fortuny

Ignasi Fortuny

Vilanova i la Geltrú
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Hay algo de mágico en los bosques, y el Vida, el festival que dice (con algo de razón) que no es un festival, se aprovecha de ello, instalado en el idílico entorno del Mas d’en Cabanyes de Vilanova i la Geltrú, para presentar fuerzas de la naturaleza como Lia Kali, este viernes en el papel de dama de la noche con su notable ‘Kaelis’.

“Es el concierto en el que menos gente me conoce, soy Lia Kali y vengo dispuesta a conquistaros, nos vemos en el siguiente concierto”, se presentó, vacilona y convencida, en la que ha sido su primera vez en la cita del Garraf. La catalana, global como casi nadie con colaboraciones con casi todos (punto y aparte para el ‘Fosforito’ con Dellafuente y ‘Brindo x los míos’ junto a Queralt Lahoz), condujo la segunda jornada del Vida (10.000 asistentes) al anocher con su voz singular y aflemencada, teñida de bases negras, y su capacidad para sobreponerse a las penas lanzando mensajes reconfortantes (“alzo el vuelo, sé que puedo”).

Concierto de Lia Kali en el Vida Fest de Vilanova

Concierto de Lia Kali en el Vida Fest de Vilanova / Ray Molinari

Acompañada de cuatro músicos, Lia Kali se vistió de matriarca al final, apurando un cigarro entre sus labios y sujetando un bastón con pedigrí, para encadenar ‘Me muero’ y ‘Chulx’, tema con Eladio Carrión, como quien entona varios hechizos para convencer a esa parte del público ignorante. Menudo superpoder ese, que nada tiene que ver con el que poco después mostró La Ludwig Band, el grupo que consigue que un técnico de sonido llamado Xavier (por su canción y ‘trend’ viral ‘Xavier, el tècnic de so’, que trasladó su magnetismo al vivo) acapare casi tantas miradas como su líder, Quim Carandell.

La banda de Espolla, y de toda Catalunya ya, vino a cuchichear a Vilanova (su calendario suele pasar por aquí en estas fechas) con su excelente último disco, ‘Pel barri es comenta’, saxo, teclado, batería, guitarras y melodías que evocan a grandes que da apuro propalar.

Arrancada al galope con ‘El teu amor’ y ‘Si fa no fa, Rapunzel’, que creó una tierna imagen con una niña a hombros de su padre (generoso público familiar hoy) levantando una muñeca de esta princesa Disney en cada mención. Más tarde, piezas de película como ‘S’ha mort l’home més vell d’Espolla’, ‘Millor amb ell’, o, pata cerrar, la generosa crónica ‘D’un concert de la Mushka’.

Y el Vida, en una presentación de diferentes maneras de llegar al público haciendo música desde Catalunya, convocó también a Sidonie, unos que llevan “30 años y 10 discos y pico” haciendo esto y haciéndolo, reivindicó Marc Ros con algo de aroma a brandy, “sin autotune, tocando en directo”. A jugar salieron con espíritu juvenil, superpoder que conservan, gracias a su ‘Catalan Graffiti’, disco en catalán al fin que presentan con una berenjena gigante en el escenario. Marc Ros, Axel Pi y Jess Senra lograron en medio de un “apocalipsis climático” (concierto a las 19 horas a pleno sol) que la gente tuviera ganas de sudar más de lo saludable con las piezas de “toda su carrera”, como con la conga de dos pisos de ‘Un día de mierda’. Motor recalentado, pero con gasolina de sobras para seguir circulando por sus ‘Carreteras infinitas’.

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