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Estados Unidos cumple 250 años

Menos 'soft' y más 'power' que nunca: la IA irrumpe en Hollywood en busca de su hegemonía cultural global

Centro neurálgico del audiovisual mundial y de la industria del entretenimiento, Hollywood es uno de los mayores inventos estadounidenses. Ahora afronta un presente marcado por la IA, el ‘streaming’ y las muchas asociaciones empresariales en busca del poder hegemónico

El icónico letrero de Hollywood, en una imagen de archivo.

El icónico letrero de Hollywood, en una imagen de archivo. / ARMANDO ARORIZO / EFE

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Quim Casas

Quim Casas

Barcelona
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Aunque el cine lo inventaron los hermanos Lumière y la primera proyección pública de películas se hizo en París, en 1895, lo que entendemos como industria cinematográfica se creó en los Estados Unidos de la mano de los Thomas Edison, William Fox, Adolph Zuckor, los hermanos Warner y un buen número de emigrantes judíos que concibieron el ecosistema conocido como Hollywood, una industria que tantas mutaciones ha experimentado en su casi siglo y medio de vida. Industria y arte. Hegemónico en todos los sentidos. Gran ejecutor del ‘soft power’ mundial.

'Barbie'

'Barbie' / RTVE

El bosque de los acebos, traducción literal de ‘holly’ (acebo) y ‘wood’ (bosque, también madera), surgió de un promotor inmobiliario que compró aquellos terrenos en 1886. El famoso letrero que corona una de las colinas, que inicialmente tenía el nombre de Hollywoodland, fue instalado en 1923. Desde entonces sería tan famoso como el león de la Metro. Y no tenía nada que ver inicialmente con el cine: era un simple reclamo para vender parcelas de una urbanización en construcción.

Robert Redford posa con su Oscar honorífico, en la ceremonia número 74 de los Oscar, el 24 de marzo del 2002, en Los Ángeles.

Robert Redford posa con su Oscar honorífico, en la ceremonia número 74 de los Oscar, el 24 de marzo del 2002, en Los Ángeles. / DOUG MILLS / AP

Hollywood es el epicentro, el corazón y la arteria principal de la industria del cine y la televisión estadounidenses. Por extensión, el epicentro del audiovisual mundial. Lo consolidaron ocho estudios, hoy reducidos a los cinco que manejan el cotarro: Universal, Paramount y Warner, tres de los fundacionales, más Walt Disney Studios, que llegó en 1923, y Sony Pictures, que hace décadas absorbió Columbia. Pero sumemos Netflix, Prime Video, Apple, HBO y otras plataformas. El ecosistema crece y no pierde poder.

¿Queda poco, mucho o nada de la gran era de los estudios? En cifras y movimientos de películas en todos los mercados, siguen estando al frente de la industria del entretenimiento a través de las salas, el ‘streaming’, los festivales internacionales y premios como los Oscar. Temática, tecnológica y estilísticamente, ha vivido multitud de cambios que van de su lucha contra la hegemonía de la televisión en los años 50 al nacimiento de un Nuevo Hollywood más progresista a finales de los 60.

El director ejecutivo de la plataforma estadounidense Netflix, Reed Hastings (d), y su responsable de contenidos de Netflix, Ted Sarandos, Ted Sarandos.

El director ejecutivo de la plataforma estadounidense Netflix, Reed Hastings (d), y su responsable de contenidos de Netflix, Ted Sarandos, Ted Sarandos. / MIGUEL A. LOPES / EFE

Todas las revoluciones

Hollywood ha hecho suyas todas las revoluciones del presente siglo, la del digital, las plataformas, la IA y la libre asociación y compraventa de firmas que crean imperios aún más poderosos y en exceso homogenizados. La megalomanía se ha extendido un poco más que en la época de los magnates cinematográficos pioneros. Ahora, los detentadores de otros poderes fácticos, como Amazon –que ahora mismo posee Prime Video y Amazon MGM Studios– y Apple, también se suman a la producción audiovisual y compiten de tú a tu con lo que queda de los estudios clásicos. A veces, no sin problemas internos derivados de disimulados modelos de censura que poco tienen que envidar al lejanísimo código Hays que regía el tratamiento del sexo y la violencia en las películas.

El legendario depósito de agua de los estudios Warner Bros. en Burbank, California.

El legendario depósito de agua de los estudios Warner Bros. en Burbank, California. / Associated Press/LaPresse / LAP

En las últimas semanas saltaba la noticia de que ‘Artificial’, película de Luca Guadagnino en la que Andrew Garfield encarna a Sam Altman, uno de los fundadores junto a Elon Musk de OpenAI, no iba a estrenarse ni en salas ni plataformas. Después de invertir unos 40 millones de euros en la financiación, Amazon la cancelaba. El anuncio llegó el 20 de junio. La razón: apenas cuatro meses antes, el 27 de febrero, Amazon y OpenAI sellaban una alianza plurianual mediante la cual el estudio invertirá algo más 50.000 millones de euros en la empresa de IA. Una inversión de futuro que, de paso, impide que salga a la luz una parte de la historia de esta empresa de investigación y despliegue de inteligencia artificial ideada, en sus inicios en 2015, como organización sin ánimo de lucro.

Altman, su CEO, fue destituido en 2023 después de declarar ante el congreso que era necesaria una regularización de la IA, aunque volvería como director ejecutivo. Este es el periodo que trata el filme de Guadagnino. Finalmente, la distribuidora independiente Neon, creada en 2017 y artífice de éxitos en los Oscar como ‘Parásitos’ y ‘Anora’, ha adquirido los derechos para estrenar en salas la película.

Jeff Bezos y Lauren Sánchez

Jeff Bezos y Lauren Sánchez / AFP

La influencia de la IA

OpenAI aparece en este momento en todas las guerras, porque la influencia de la IA no es solo tecnológica; es, esencialmente, económica, y la industria del Hollywood actual ya depende demasiado de esta influencia. A24, la productora independiente convertida casi en una ‘major’ en la estela de la Miramax de finales de los 90, es una de las compañías que ha rechazado el filme de Guadagnino. La razón parece evidente: uno de los respaldos económicos de A24 es la empresa Thrive Capital, que tiene como principal accionista a Josh Kushner, quien a su vez es uno de los inversores de OpenAI y ocupa un puesto en su consejo.

El CEO de Open AI, Sam Altman, y el presidente de EEUU, Donald Trump, este miércoles durante el encuentro del G7 con gigantes tecnológicos.

El CEO de Open AI, Sam Altman, y el presidente de EEUU, Donald Trump, en un encuentro del G7 con gigantes tecnológicos. / LUDOVIC MARIN / AFP

A finales de 2025, OpenAI ya unió fuerzas con Walt Disney Company para que este estudio se convierta, previa inversión de mil millones de euros, en el socio más importante en las licencias de contenido de Sora, la plataforma de video generativo en formato corto de OpenAI. Durante tres años, Sora podrá generar videos cortos utilizando un catálogo de 200 personajes de Disney, que incluye también creaciones de Pixar, Marvel y Star Wars.

Renate Reinsve en una imagen de 'Backrooms.

Renate Reinsve en una imagen de 'Backrooms. / EPC

En otra compañía se repite el procedimiento: A24 acaba de acordar un plan de colaboración con Google para desarrollar nuevas tecnologías de inteligencia artificial pese a la oposición de, por ejemplo, Kane Parsons, el director del mayor éxito de la productora hasta la fecha, ‘Backrooms’. Uno de los proyectos de esta asociación es generar los ‘storyboards’ por IA en colaboración con DeepMind, el laboratorio de investigación de IA adquirido por Google en 2014.

Kushner, Altman, Musk, Tim Cook, Jeff Bezos y otros multimillonarios que tanto quieren viajar a la Luna como crear sus propios imperios cinematográficos, sustituyen a los Fox, Zukor. Mayer y Warner de antaño. Han llegado a Hollywood con los nuevos modelos tecnológicos de creación, financiación y distribución bajo el brazo. Un detalle fundamental para entender los cambios en la gran industria del espectáculo audiovisual que, eso sí, sigue en manos de Estados Unidos.

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