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Estados Unidos cumple 250 años

Del festival de música al 'late night': 5 hitos de la cultura americana replicados en todo el mundo 

Desde el Monterey Pop Festival hasta el Nuevo Periodismo, las contribuciones estadounidenses han marcado la cultura global

Jimi Hendrix, en el festival Monterey Pop de 1967

Jimi Hendrix, en el festival Monterey Pop de 1967 / EPC

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David Morán

David Morán

Barcelona
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Probablemente Francisco Casavella resumiría lo mejor que ha dado América al mundo en los 3 minutos y 28 segundos del 'American Beat 84' de los Fleshtones —ya saben: The Fantastic Johnny C, James Brown, Chuck Berry, Elvis Presley, Buddy Holly, The Del Fuegos, MC5, Stooges, George Clinton, The Modern Lovers y todo eso—, pero el semiquincentenario de los Estados Unidos, esos 250 añazos que celebra este 4 de julio, son una ocasión inmejorable para repasar algunos de los grandes hitos culturales que han causado sensación en todo el mundo. Están los obvios —el embrujo de Hollywood, el abracadabrante ulular del rock and roll, las profecías de 'Los Simpson', los bigotitos 'hipster'— y los que no lo son tanto, como pasamos a consignar.

El festival de rock

Una vez inventado el rock and roll, epítome de la cultura juvenil de los años 50, algo había que hacer con él, así que después de colonizar gramolas y tocadiscos y metamorfosear año a año entre psicodelia, distorsión y estribillos gloriosos, alguien tuvo la genial idea de construir un templo a la altura de semejante liturgia. Ese 'alguien' fueron el productor Lou Adler y el músico John Phillips (The Mamas & The Papas), ideólogos y organizadores del Monterey Pop Festival de 1967, ungido oficialmente como el primer festival de rock de la historia. En realidad, existe un precedente aún más antiguo —en 1966, en San Francisco, Grateful Dead y Janis Joplin encabezaron el Love Pageant Rally—, pero el Monterey Pop, con sus más de 50.000 asistentes y The Who, Otis Redding, Ravi Shankar y Jimi Hendrix como reclamos estelares, supuso el nacimiento del festival rock como fenómeno de masas. Luego vendrían Woodstock, Glastonbury y todos los demás. Hilando fino, sin aquella primera detonación es muy problable que ni el Primavera Sound ni el Sónar existieran tal como los conocemos.

Herman Melville, autor de 'Moby Dick'.

Herman Melville, autor de 'Moby Dick'. / EP

La Gran novela americana

Con poca historia que contar pero mucho que decir, los novelistas americanos no tardaron en darse cuenta de que necesitaban una literatura majestuosa que, como dijo el inventor del término, John William De Forest, "pintara el alma estadounidense". Casi nada. Desde entonces, mediados del siglo XIX, escribir la Gran Novela Americana no es solo una obligación para todo escritor que se precie, sino que su condición de inalcanzable y escurridizo animal mitológico ha acabado colonizando e infectando otras literaturas. Ese intento de plasmar la conciencia atormentada de una nación y los entresijos de su tejido social influyó profundamente en los autores del 'boom' latinoamericano y a punto estuvo de convertirse durante una época en la Gran Novela de Barcelona, espectro que durante años ha perseguido a autores como Eduardo Mendoza, Carlos Zanón o Miqui Otero. El alivio está que ni la barcelonesa ni la americana existen, por más que 'El día del Watusi' por un lado y 'Moby Dick' por el otro se acerquen bastante.

La estrella canadiense Céline Dion, en una fotografía de archivo. EFE/EPA/LEVIN EN PAULA. NO VENTAS ZONA EPA

Céline Dion, reina de Las Vegas / EFE

La residencias musicales

"Bright light city gonna set my soul", que cantaba Elvis. Porque, por más que parezca que la fiebre de las residencias musicales sea cosa de Bad Bunny o Shakira, la idea de concentrar en un único recinto y durante un período concentrado de tiempo un buen número de actuaciones de un mismo artista tiene ya unos cuantos añitos. Más o menos los mismos que han pasado desde que el siempre excesivo Liberace se sentó al piano del Hotel Last Frontier para inaugurar el gran truco de magia de los casinos y hoteles de Las Vegas. Ocurrió en 1944, una época en la que "cuatro semanas en Las Vegas te daban para comprar un país del Tercer Mundo", como aseguró con pésimo gusto el cómico Red Buttons, y el principio de una era que, con los años, acabaría inspirando uno de los cambios más sonados en la industria musical. ¿Para qué salir de gira y cambiar de ciudad noche tras noche cuando es más cómodo y mucho más rentable que sea el público quien viaje? Lo sabían Frank Sinatra y compañía y lo han estudiado a conciencia los encargados de regir los destinos de artistas como Adele, Harry Styles o Coldplay. Por algo será. 

Johnny Carson

Johnny Carson / EPC

El impacto del 'late night'

A la vanguardia de la cultura audiovisual, a los americanos hay que agradecerles tres inventos que, muchas veces interconectados y entrelazados, han revolucionado el entretenimiento de masas. La historia de la televisión, por ejemplo, no sería la misma sin la irrupción del 'late night', formato que la NBC introdujo a finales de los años 40 como una manera de matar el tiempo y acabó convertido en ejemplo a seguir en todo el mundo. 'The Steve Allen Show' y 'The Tonight Show' después abrieron un camino que siguieron después popes de la pequeña pantalla como Ed Sullivan, Carol Burnett, Johnny Carson, David Letterman, Jay Leno y Conan O’Brien. La comedia, uno de los ingredientes fundamentales de aquellos programas de variedades y entrevistas, echó raíces y proyectó hasta el infinito otro fenómeno genuinamente estadounidense: el stand up. Monólogos humorísticos que saltaron de humeantes clubs nocturnos a deslumbrantes platós de televisión por obra y gracia de Richard Pryor, George Carlin, Robin Williams, Eddie Murphy o Jim Carrey. Basta con acercarse a la parrilla de cualquier cadena europea para comprobra que su huella sigue bien presente.

El escritor norteamericano Tom Wolfe, en el 2004.

El escritor norteamericano Tom Wolfe / J SCOTT APPLEWHITE

El Nuevo Periodismo

No inventaron nada que no hubieran hecho antes autores como Ignacio Carral, Gaziel, Josep Pla, Juan Ferragut, César González-Ruano o Josefina Carabias, pero sí que remataron la jugada con un vistoso lazo y un montón de onomatopeyas, exclamaciones extemporáneas y crónicas servidas con una calculada mezcla de insolencia e ingenio. "Este descubrimiento, modesto al principio, humilde, de hecho respetuoso, podríamos decir, consistiría en hacer posible un periodismo que... se leyera igual que una novela", escribió Tom Wolfe en 'El nuevo periodismo', biblia literario-informativa que sentó las bases de la última gran revolución del periodismo escrito. Por ahí andaban Gay Talese, Hunter S. Thompson y Norman Mailer, por citar unos pocos, dinamitando todas las reglas, blandiendo la primera persona como ostentoso escudo e inspirando a varias generaciones de periodistas que cambiaron el blanco nuclear de Wolfe por el enigmático negro de ‘La bola’.

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