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Noche bautismal

Taburete, convertido en un grupo maduro, o casi, en la apertura de Les Nits Occident

La banda de Willy Bárcenas y Antón Carreño combinó sus hitos fiesteros con el material más sobrio de su nuevo álbum, ‘El perro que fuma’, en la noche inaugural del festival de los jardines de Pedralbes

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Jordi Bianciotto

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Barcelona
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El tiempo pasa, también para Taburete, que ya no es tanto aquel hatajo de alegres balas perdidas sino un grupo de treintañeros que van sentando la cabeza y que se avienen incluso a cantar a sus debilidades y grietas interiores, lejos de las expansiones del macho alfa. De eso va, más o menos, su sexto álbum, ‘El perro que fuma’ (lanzado el pasado noviembre), título con el que se proyectan como ciudadanos un poco abollados y propensos al autosabotaje.

La silueta de un can al galope apareció decorando el telón de fondo de su concierto de este miércoles en los jardines del Palau de Pedralbes, noche inaugural de Les Nits Occident. Sesión encaminada a “olvidar nuestros problemas”, anunció Willy Bárcenas ante una pista y gradas llenas. El festival ya es una plaza familiar para Taburete, y representa “la gran señal de que todo irá bien”, añadió tras abrir con ‘Cuando los hombres lloran’, una pieza en la que se mostró hipersensible, con dejes un poco a lo Pablo Alborán (versión 1.0). Rimas tocadas por el llanto y la melancolía, y dejando claro, muy importante, que “esto no fue culpa de ninguna droga”.

Taburete tuvo durante un tiempo aquel aspecto de ocurrencia atolondrada, y ahora se aplica para mostrarse profesional: formación de octeto, escenario de dos niveles. Manda el pop basado en la guitarra sobre las incursiones latinas que practicaron en sus inicios, y ahí estuvieron piezas nuevas como ‘110’, ‘De menos’ y la casi balada ‘Tan desconectados’, que cantó Antón Carreño. Su fondo más sátiro no lo han dejado debajo de la alfombra, como reflejó el muy coreado ‘Belerofón’, aquel ‘must’ poético en el que Bárcenas proclamaba que “se está a gusto aquí en tu sofá, esperando que abras las piernas y me dejes pasar”.

Sus registros más cercanos al folclore y a la estética de cantautor dieron juego y evitaron la linealidad. Primero, refrescando ‘México D. F.’ y el elogio del tequila de ‘5 sentidos’, acercándose a la cumbia. La trompeta de Patxi Urchegui volvió un ingrediente distintivo. Luego, bajando el tono y combinando el rastro de melisma flamenco de ‘Las últimas flores’ y el son latino de ‘Salto al vacío’. Con ‘Amos del piano bar’ y su transición del intimismo a la tonada invasiva, Taburete impuso su ley y levantó de una vez por todas al público de sus asientos.

Tiempo de ‘Sirenas’ y ‘Walter Palmeras’, coreadas a discreción, y de un bis en el que colaron una última novedad, igualmente celebrada, ‘Vino y cemento’, que supo a manifiesto grupal, a afirmación de un modo de vida que ellos ven situado entre la bohemia y la rutina. Lo de Taburete no parece llevar camino de deshincharse cuando se cumplen diez años de su primer disco, ‘Tres tequilas’, y canciones como ‘Roto y elegante’, con su estribillo para compartir a la primera, y la un poco psicotrópica ‘Madame Ayahuasca’, fueron celebradas como clásicos en la ya desatada, sin dejar de ser civilizada, sesión inaugural de Les Nits (que terminó con un poco de jolgorio a costa del tema 'Torrente presidente' ("vigia de occidente"), en versión grabada y con los miembros del grupo bailando locamente en escena).

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