Entrevista |
Lorena Iglesias: "Estamos sometidos a estándares de belleza que te vuelven loco y te disocian de ti mismo"
Hablamos con uno de los grandes rostros y una de las grandes mentes del 'otro cine español' sobre la serie de comedia accesible que ha creado para Filmin, 'Millennial mal'
Filmin prepara ‘Millennial Mal’, su nueva apuesta original de ficción: una bibliotecaria en paro que debe volver a la universidad para cobrar una beca

Lorena Iglesias, protagonista y creadora de la serie Millennial mal, de Filmin. / Belén González / EPC

¿Quién no ha soñado (o tenido una pesadilla con) volver al instituto o la universidad? En la esperada 'Millennial mal' (Filmin, martes, día 30), la humorista, actriz, guionista y cineasta Lorena Iglesias (A Coruña, 1980) se mete en el pellejo de una bibliotecaria en paro de 42 años que vive esta aventura para beneficiarse de una beca llegada tardíamente. Dos veinteañeras (Victoria Oliver y Paula Gala) son sus asesoras en un cambio de imagen e identidad que se acaba creyendo demasiado. En la serie encontramos grandes chistes de choque generacional, feliz absurdismo e incluso algunos rastros de aquello que convenimos en llamar poshumor y que Iglesias tan bien ha cultivado como integrante de Canódromo Abandonado o colaboradora del director Juan Cavestany.
Cuando supe del argumento de la serie y vi el tráiler, en lo primero que pensé fue en una película de 1986, 'Regreso a la escuela', con Rodney Dangerfield… Lo que me delata como más que millennial.
Bueno, en realidad la generación X y la millennial son un poco lo mismo; depende un poco de a quién se le pregunte. Puede que sí que viera esa película que dice. Creo que hay más en la línea. Eso de volver a la escuela es un sueño y una pesadilla recurrentes. En la serie es las dos cosas: ella no quiere ir, pero tiene que volver porque no le queda otra. Cobrar esa beca la sacaría de su situación de precariedad.

Lorena Iglesias, protagonista y creadora de la serie Millennial mal, de Filmin. / Belén González / EPC
En Filmin comparan la serie con 'Nunca me han besado' [en la que la reportera veinteañera interpretada por Drew Barrymore vuelve al instituto para investigar una historia]. ¿Tenía en mente esa clase de comedia romántica de instituto o universitaria?
Sí, sí, todas ellas. Realmente es lo que yo consumía cuando empecé a interesarme por la comedia. Y, de hecho, también de pequeña; las series de la tele. Me gustan esas comedias porque sirven para contar cosas complejas de una manera desenfadada, sencilla, divertida, que no te alecciona. Mi favorita es 'Chicas malas', pero me gustan todas, desde 'Una rubia muy legal' hasta 'Ingenuas y peligrosas'. También me encantan las comedias románticas de Nora Ephron, que parecen sencillas, pero no lo son tanto.
La comedia romántica, ese gran género tan difícil de resucitar… No sé si es que cada vez se cree menos en el amor romántico.
Puede ser un poco eso. Y otro problema es que a Hollywood le cuesta mucho utilizar personas reales en sus comedias. La última que vi fue 'Cualquiera menos tú' y me pareció que Sydney Sweeney y Glen Powell eran demasiado guapos. No me podía sentir identificada con ninguno de ellos. Antes eran guapos, pero de una manera genuina. Ahora son guapos de una manera demasiado normativa y plana. La que me gusta mucho es '¿Venís juntos?', con Amy Poehler y Paul Rudd, que es una parodia de esa clase de comedias.
Tampoco se puede desdeñar el influjo del ‘reality’ 'Queer eye'. Su serie, al final, se basa mucho en el concepto del 'makeover' o nuevo look. Y se menciona el programa sin decir su título.
Estoy obsesionada con ese programa… ¡Es que me gusta mucho el makeover! Es como abandonar algo que dabas por sentado y, de repente, pensar en una nueva identidad. Además, los asesores de 'Queer eye' eran muy empáticos con las personas a las que hacían el cambio. No lo hacían nunca desde la crítica ni desde la descalificación. Y tampoco proponían un cambio de imagen radical que no pudiesen sostener después. Me desengañé un poco cuando supe que se peleaban entre ellos.
En la serie quedan rastros de aquel poshumor que un día representó: momentos bastante extraños y un cierto énfasis en la vergüenza ajena, o lo que los chavales llaman 'cringe'. ¿En qué momento pensó en dar un giro hacia algo más accesible, algo que muchos tipos de público pudieran ver?
Notaba que en mis vídeos me estaba ensimismando mucho. Tenía ganas de conectar con más gente. Llevaba un tiempo haciendo un show, 'Necroshow', en el que hacía de una trapera para personas de mediana edad. Y al acabar el espectáculo, venía gente tanto de 20 como de 40 para decirme que se había sentido identificada. Eso me hizo pensar que debía ampliar eso a una serie o una peli. Pero es cierto que queda un rastro de lo más antiguo. Carlo Padial me entrevistó ayer en su pódcast y habló de su peli 'Pizza movies' como "underground para toda la familia". Me gustó mucho esa definición. Puede que 'Millennial mal' también tenga algo de underground para diferentes generaciones.
¿Podemos hablar de Juan Cavestany como una inspiración consciente o inconsciente? En el sentido en que sabe alternar entre proyectos personalísimos, como 'Madrid, Ext.', y otros de mayor vocación popular, como 'Vergüenza'.
Cavestany es la persona cuya carrera todos querríamos tener. Poder hacer una película muy personal y de repente hacer algo realmente 'mainstream' o con mucha audiencia. Alternar entre esas dos cosas sin vergüenza… ¡Y mira que él es vergonzoso! También es algo que te pasa naturalmente en los proyectos. Haces algo raro y acabas un poco harta, quieres hacer algo más normal. Luego lo normal te harta y quieres lo de antes. Entonces dices: "Ostras, no tengo un puto duro" [risas].
Para escribir sobre esta transformación en 'zoomer', ¿tuvo que investigar mucho? ¿O tiene cercanía con la suficiente gente de la Gen Z como para estar familiarizada con la jerga, las actitudes y las dinámicas?
No es que haya hecho un 'research', es que es algo que hago yo habitualmente. Creo que se llama ser neófila. Estar obsesionada con las actualizaciones todo el rato. Me levanto y me pongo un pódcast de música urbana, otro de no sé qué… Estoy todo el rato metiéndome información. Por otro lado, tengo amigas jóvenes; las actrices de la serie son colegas. Eso también, en parte, me ayudó. Aún así, hay cosas que ya se quedan anticuadas.
Inevitablemente, es una serie casi de época.
En un punto había que dejar de actualizar. Y un día, una chica veinteañera me dijo: “No vas a poder. Piensa que aquí estás encapsulando un momento y no pasa nada. Estás encapsulando un año en concreto en el que se usaban unas expresiones”. De modo que sí, dejé de intentar actualizarlo.
Me hace mucha gracia esa recta final de la serie en la que Judith empieza ya a perder seriamente el contacto con la realidad. De repente, esto es como un psicodrama del Robert Altman de los 70.
Es la presión inevitable a la que estamos sometidos todos; esos estándares de belleza imposibles que te vuelven loco y que te disocian de ti mismo, algo que hemos visto en películas como 'La sustancia' o 'La muerte os sienta tan bien'. Eso que dice de los 70 me fascina, me encanta que haya visto eso. Pero yo pensaba más en convertirlo en algo de terror, como cuando ella se pone la máscara y empieza a salir humo y suena una música de género.
Por el camino hay una cierta sátira amable de lo 'woke'. Pero la serie acaba siendo una celebración sincera de la diversidad, de los raros.
Hay una defensa de unos valores, pero no quería hacerla de una forma plana. Los personajes son erráticos y se equivocan. Por mucho que seas feminista, por mucho que tengas un discurso coherente, siempre hay cosas que haces mal. Eso es lo que hace que los personajes tengan vida y te puedas identificar con ellos. No me gustan esas series en las que se presenta a personajes LGBTI que son siempre ejemplares. No me identifico con eso.
En ese sentido, 'Millennial mal' conecta con series como 'Girls' o la algo menos conocida 'Broad City', que rechazan la sacralización de la mujer. Daban permiso a las creadoras y sus personajes a portarse mal, a hacer cosas que no están bien, a desnudarse si les apetecía o hacer la payasa… Eso también es feminismo.
Estoy de acuerdo. También pongo un poco de esperanza en los hombres. Como el personaje masculino, que empieza como falso aliado y, sin destripar nada, acaba teniendo realmente la posibilidad de reinventarse. Plena confianza en todos los seres humanos. Y también desconfianza.
Ahora que hablábamos de 'Girls', resulta curioso que aquí no se esté copiando mucho un modelo de tanto éxito para HBO como la comedia de autora: Lena Dunham ('Girls'), Issa Rae ('Insecure'), Rachel Sennott ('I love LA')… Una tradición seguramente influyente para usted.
Lo de 'Girls' ni siquiera es consciente. Es una cosa que está insertada en todas nosotras. Es una serie generacional que llevamos dentro y es muy difícil que no te influencie, aunque no lo pienses. Esta serie juega con otros subgéneros, pero sí que hay algo de 'Girls' que está ahí. Y me gusta que Lena Dunham sea más joven que yo. Me gusta tener referentes más jóvenes que yo, como ahora Rachel Sennott o las chicas de 'Such brave girls'.
Por mucho que seas feminista, por mucho que tengas un discurso coherente, siempre hay cosas que haces mal; eso es lo que hace que los personajes tengan vida y te puedas identificar con ellos
Es que realmente 'Girls' marcó época. Fue tan rompedora que, en un principio, había gente que no sabía asimilarla. Los personajes caían mal. Y eso era parte del interés, creo. Y si te caían mal, ¿no era quizá porque te recordaban a ti? ¿Preferías ver 'Sensación de vivir' y creer que ibas a ser…?
Brandon [ríe]. Lo que me gustaba de esas series es que a veces se cansaban de que los personajes fuesen perfectos y, de repente, le ponían una trama extrema en plan "se vuelve drogadicto, ludópata…". ¿Sabe que me pasa con 'Girls'? Al principio generaba mucho rechazo, pero sobre todo en hombres de la generación de Lena Dunham. Y todavía hoy, a veces hago asesorías de guion a jóvenes y ellos no han visto 'Girls'. Ellas, pero además todas, han visto 'Girls'. En cambio, ninguno de ellos ha visto 'Girls' porque no consideran que lo femenino sea universal. Y yo siempre recomiendo esa serie. ¿Por qué un chaval de 20 años no ha visto 'Girls'? No lo entiendo.
Me gustaría pensar que habrá segunda temporada de 'Millennial mal' y veremos una especie de 'road trip' por festivales de música, como se sugiere en cierto modo al final de la primera.
El primer episodio de la segunda me lo imagino en un festival. Tal cual. El concepto festival está ahí. Y también el concepto "esto no se va acabar aquí". O sea, ella no está tan contenta con su edad como parece. También me gustaría que ellas aprendiesen cosas de los 90 que están bien. Es algo que se insinúa a través del personaje de Isa Calderón, que nos trae cosas de su juventud que no estaban mal. Me gustaría profundizar más en eso.
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