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Estreno de cine

Julian Schnabel: "Si dependiera de mis películas para ganarme la vida, acabaría pegándome un tiro"

"Me inspiran todos aquellos creadores para quienes el arte es más importante que la vida misma, y que lo ponen todo al servicio de la creación de la obra perfecta. Me identifico con ellos. Yo voy a estar en este mundo solo un ratito, como todos. Pero, a menos que sean destruidos por alguna forma de apocalipsis, mis cuadros seguirán ahí, y yo a través de ellos" confiesa el cineasta y pintor. Netflix acaba de estrenar su última película, 'El manuscrito de Dante'.

El director Julian Schnabel, este 3 de septiembre en la alfombra roja de la Mostra de Venecia.

El director Julian Schnabel, este 3 de septiembre en la alfombra roja de la Mostra de Venecia. / STEFANO RELLANDINI / AFP

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Nando Salvà

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“¿Ha pensado usted alguna vez en quitarse la vida? Yo sí”, confiesa al principio de la conversación Julian Schnabel, pintor cotizadísimo y cineasta ocasional. E inmediatamente se hace inevitable acordarse de que el neoyorquino ha usado la mayoría de sus películas para repasar vidas de artistas autodestructivos y/o suicidas como Jean-Michel Basquiat, Reinaldo Arenas o Vincent Van Gogh, a través de relatos del todo ajenos a los estándares del cine biográfico.

Su nuevo largometraje, ‘El manuscrito de Dante’ -acaba de estrenarse en Netflix-, contempla a un escritor que se embarca junto a un mafioso en una odisea criminal para robar y autentificar el texto autógrafo de la ‘Divina Comedia’, de Dante Alighieri, y en paralelo viaja al siglo XIV para elucubrar sobre las inseguridades del poeta italiano y su relación con su propio trabajo. Las preguntas sobre el proceso creativo y el coste personal del arte que se hace en el proceso obviamente tocan a Schnabel muy de cerca.

Su filmografía deja claro que le gusta hacer películas sobre artistas que se hallan cercanos a la muerte. ¿Por qué?

Lo cierto es que he tenido miedo a la muerte desde que descubrí su existencia en mi niñez, y eso a pesar de que mi padre vivió 92 años durante los que gozó de una salud magnífica, y que a mi madre el corazón no le falló hasta que tuvo casi 90. Para mí, crear arte es una forma de derrotar a la muerte, y de mantener a raya esa enfermedad que llamamos vida. Por eso, siento que poder dedicarme a ello me convierte en un afortunado.

Es una película poco convencional, y habrá gente que no la entienda, pero es que esa incertidumbre es precisamente lo que yo busco. Mi arte no pretende complacer a la gente, no existe con ese fin. Mi arte es lo que obtengo al abrirme en canal

¿Piensa en quitarse la vida a menudo?

Hay motivos para hacerlo, ¿no le parece? Aunque, en realidad, pienso con más frecuencia en algo que Luis Buñuel escribió en su autobiografía; él decía que no le importaría morir si pudiera volver a la vida durante un rato cada 10 años, para leer el periódico y enterarse de todos los desastres cometidos por la humanidad contra sí misma, porque a sí volvería a la tumba muy a gusto. Para mí esa sería una opción estupenda. De todos modos, últimamente pienso mucho menos en mi propia vida que en la de mi hija de cuatro años, que no tiene ni idea de lo que está pasando en el mundo ni de lo que le espera cuando crezca. Y pienso en todos esos niños que lo están pasando muy mal ahí afuera, y me deprimo.

¿Qué significan Dante Alighieri y su obra para usted? ¿Qué lo emparenta con los otros artistas a los que usted ha retratado en el cine?

En realidad, me inspiran todos aquellos creadores para quienes el arte es más importante que la vida misma, y que lo ponen todo al servicio de la creación de la obra perfecta. Me identifico con ellos. Yo voy a estar en este mundo solo un ratito, como todos. Pero, a menos que sean destruidos por alguna forma de apocalipsis, mis cuadros seguirán ahí, y yo a través de ellos. Tarkovsky murió hace décadas, pero sigue vivo gracias a Andrei Rublev y el resto de sus películas. Obviamente, cuando yo muera ya no podré controlar cómo se usa mi arte, y eso es peligroso.

¿A qué se refiere?

A lo largo de la historia, el arte ha sido instrumentalizado con fines propagandísticos. En su momento, las iglesias empezaron a llenarse de pinturas para que, al entrar en ellas, la gente se sintiera sobrecogida por toda aquella belleza y de ese modo decidiera seguir a Dios. La Iglesia es la mayor estafa de todas. Todo el mercado inmobiliario está en sus manos.

Si no pudiera pintar, me volvería loco. La pintura me ha metido en muchos problemas, pero también me ha salvado la vida

¿Por qué decidió incluir en el reparto de su película a Martin Scorsese, en la piel de un sabio que aconseja a Dante?

Bueno, Marty es una de las personas más sabias que conozco. Y es un buen amigo mío, una vez le pinté un retrato. Su contribución a la película es magnífica, accedió a quitarse la dentadura y a ponerse una gigantesca barba blanca postiza para rodar. Y a Al [Pacino], que también tiene un papelito, lo convencí para que filmara algunas de sus escenas vistiendo pantalones cortos en la calle y en pleno invierno. Es una película poco convencional, y habrá gente que no la entienda, pero es que esa incertidumbre es precisamente lo que yo busco. Mi arte no pretende complacer a la gente, no existe con ese fin. Mi arte es lo que obtengo al abrirme en canal. Como suelo decir, cuando creo me uso como cobaya a mí mismo.

Su película inmediatamente anterior a ‘El manuscrito de Dante’ es ‘Van Gogh, a las puertas de la eternidad’, que data de 2018. ¿Por qué tanto tiempo entre ambas?

Bueno, hacer cine no es mi ocupación principal, afortunadamente. Si dependiera de mis películas para ganarme la vida, si tuviera que centrar mis energías en convencer a la gente para que me ayudara a financiarlas, acabaría pegándome un tiro en la cabeza. En cambio, pinto casi cada día.

¿Y qué le empuja a hacer películas de vez en cuando?

La pintura es una actividad muy solitaria, y rodar me da la oportunidad de rodearme de gente dotada de talentos de los que yo carezco. Gracias a esas personas, lo que acaba apareciendo en pantalla es mucho más bello que nada de lo que yo había escrito en el guion.

¿Cuándo descubrió que era un artista?

Siendo yo un niño mi madre me llevó al Museo Metropolitano de Arte, y allí vi el cuadro ‘Aristóteles contemplando el busto de Homero’, de Rembrandt. Tendría unos 9 años, y recuerdo que pensé: “Creo que me gustaría dedicarme a esto”. Yo era un chaval solitario, y sentí que pintar era algo que podría hacer por mi cuenta. Diría que he sido artista desde entonces. Si no pudiera pintar, me volvería loco. La pintura me ha metido en muchos problemas, pero también me ha salvado la vida. Por un lado me ha obligado a enfrentarme a cruentas batallas para mantenerme íntegro y honesto, y por el otro me ha dado la oportunidad de usar situaciones personales terribles como materia prima para crear obras de arte extraordinarias.

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