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La España de 1939 a 1975

Alfredo González Ruibal, arqueólogo: "El franquismo silenció a los perdedores, pero sus mujeres fueron doblemente silenciadas"

Tras ganar el Nacional de Ensayo, el arqueólogo Alfredo González Ruibal excava, literalmente, trincheras y fosas de la Guerra Civil y la dictadura y desentierra las historias de las víctimas en 'País en ruinas', una "arqueología de la dignidad"

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Excavación de una de las fosas comunes de represaliados ejecutados por el franquismo en el cementerio de Paterna, en Valencia, en 2019.

Excavación de una de las fosas comunes de represaliados ejecutados por el franquismo en el cementerio de Paterna, en Valencia, en 2019. / MIGUEL LORENZO

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Anna Abella

Anna Abella

Barcelona
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Catalina Muñoz, a sus 37 años, tenía cuatro hijos. Cuando la llevaron al paredón en septiembre de 1936 guardaba en su mandil el sonajero de vivos colores del pequeño, un bebé de nueve meses, Martín, quien tardaría 82 años en recuperarlo de los restos de su madre en una fosa del cementerio de Carcavilla (Palencia). "Soy Manuel Lluesma Masià (Moncada). Ejecutado el día 29-12-1942 a las 7.30 madrugada. Dejo hijos": así escribió su mensaje y lo metió en un frasco de vidrio este obrero de 41 años. José Alba, ejecutado en 1941 y olvidado junto a otros fusilados en las fosas del cementerio de Paterna (València), pidió a su familia su corbata de seda para morir con ella. Su cuñado pudo recuperarla, aún con manchas de sangre, y aún hoy la guarda su nieta. La joven Martina Barroso, una de las Trece Rosas, mujeres ejecutadas en 1939, había tejido en prisión unos zapatitos de esparto para su sobrina de dos años.

Son objetos hallados en fosas junto a los restos de sus propietarios o rescatados tras su asesinato, objetos que “duelen”, que "hablan de sus últimos momentos, de sus vidas, de su identidad, que les vinculan con los suyos": una foto de los hijos, un crucifijo, una medalla, un lápiz de carpintero, un petate con jeringuillas de un médico...". Y son ejemplos de la “arqueología de la dignidad" que Alfredo González Ruibal destaca en ‘País en ruinas’ (Crítica), ensayo con el literal subtítulo de ‘Historias enterradas de la España franquista (1939-1975)’. "Hacer arqueología del pasado reciente nos impulsa a recuperar la presencia de estas personas, a restaurarlos en la memoria colectiva. Insisto en la dignidad porque fueron víctimas de todos. Ponemos el acento en el sufrimiento y el dolor pero solemos olvidar su enorme dignidad tanto en el momento de su muerte como ante las terribles condiciones que sufrieron en penales, campos de concentración, cárceles o barrios de chabolas y cuevas. Fue heroica", recalca el arqueólogo, que regresa tras ganar el Premio Nacional de Ensayo 2023 por ‘Tierra arrasada. Un viaje por la violencia del Paleolítico al siglo XXI’.

Hambruna y trincheras

González Ruibal ha excavado en todos esos escenarios, además de en fosas. "Hay mucha diferencia en el avituallamiento de las trincheras republicanas y franquistas" y pruebas de hasta qué punto "el hambre fue claramente decisiva en el final de la Guerra Civil" al hundir la moral de la tropa republicana y de la población. "Fue una de las razones que motivó el golpe del coronel Casado dentro de la República. Quería poner fin al sufrimiento de los civiles porque no veía posibilidad de volver las tornas. En Madrid, un millón de personas sufría hambre extrema, solo ingerían un tercio de las calorías necesarias para sobrevivir. Lo vimos en los frentes excavados, en la ciudad y en el Jarama a principios de 1939. En las trincheras republicanas había miseria, casi no había huesos de animales, así que no ingerían proteínas". Y hallaron frascos de vitaminas, habituales para suplir la ausencia de alimentos frescos. "En las trincheras franquistas, en cambio, encontramos muchos restos de fauna, más de 2.000 huesos, de cordero, aves, cerdo… también espinas de pescado, chirlas, mejillones…", detalla el arqueólogo del Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC.

Presos represaliados en uno de los campos de concentración de Franco, en San Pedro de Cardeña (Burgos).

Presos represaliados en uno de los campos de concentración de Franco, en San Pedro de Cardeña (Burgos). / ARCHIVO

"Fue una hambruna, con gente muriendo literalmente de hambre, de 1940 y 1942", constata sobre la población en la primera posguerra. En ese periodo, un 30% de españoles sufrió malnutrición y hubo 200.000 muertos por inanición y epidemias. El consumo de pan en 1950 aún era la mitad del de antes de la guerra. Y e consumo de carne no empezó a recuperarse hasta los 60, pero con la más barata, pollo y conejo.

"Llevamos 26 años exhumando fosas. Solo se han recuperado restos de 15.000 de 150.000 asesinados. Muchos nunca aparecerán"

Esa "pobreza terrible no fue exclusiva de la posguerra sino que continuó en el tardofranquismo. En 1975, mucha gente trabajadora vivía en barrios de chabolas, en condiciones marginales, de exclusión social y miseria bárbara". En los 60, cifra, 400.000 familias llegadas sobre todo de la España rural vivían en ellas solo en las periferias de Barcelona, Bilbao, València y Madrid. La mayoría eran pequeñas, entre 10 y 12 m², lo que les daba tiempo a levantarlas en una noche pues si al amanecer no estaban techadas la Guardia Civil las derribaba.

Martín Díaz, que a sus 83 años recuperó el sonajero que llevó su madre a la tumba tras ser ejecutada cuando él era un bebé.

Martín Díaz, que a sus 83 años recuperó el sonajero que llevó su madre a la tumba tras ser ejecutada cuando él era un bebé. / A. Álvarez / EFE

Constata el arqueólogo los vestigios omnipresentes del consumo de alcohol, de Domecq y González Byas. "En las trincheras de los sublevados encontramos cascos de botellas por todas partes, siempre de estos bodegueros jerezanos, que lograron réditos económicos gigantescos, porque suministraron alcohol a un ejército de dos millones de hombres. Sus beneficios fueron estratosféricos también en la posguerra. En los 40, 50 y 60 seguimos encontrando cascos, desde el Valle de los Caídos a basureros de aldeas gallegas o chabolas de Vallecas".

"Me preocupa que se distorsione el relato para crear uno que blanquea la historia real. La educación de los jóvenes es clave para difundir la memoria real de la dictadura"

"En una guerra casi todo el mundo pierde, raro es quien no tiene víctimas. Pero cuando acabó la Guerra Civil, unos ganaron y otros perdieron", recalca González Ruibal, cuyos abuelos fueron privilegiados del bando vencedor -un fiscal militar represor y un rico constructor- y que ve "importante poder decir con naturalidad ‘mis antepasados no actuaron bien’". Realiza con este ensayo un homenaje a su suegra, María Mayorgas, del bando perdedor. "Yo conocía las historias de los hombres de su familia, resistentes del franquismo, pero la de las mujeres había quedado oculta. Ella creía que su historia no era digna de ser contada. Si la España franquista silenció a los perdedores, sus mujeres fueron doblemente silenciadas", lamenta. "Fue un acto de heroísmo que ellas se arriesgaran a llevar alimento a sus familiares presos en cárceles y en los alrededor de 300 campos de concentración de Franco que se calculan. Sabían que iban a ser vejadas, insultadas y, en algunos casos, abusadas sexualmente. Aún encontramos los pucheros de barro donde les llevaban comida".

El arqueólogo Alfredo González Ruibal, en una imagen de archivo.

El arqueólogo Alfredo González Ruibal, en una imagen de archivo. / ÁLVARO MINGUITO

Restos de niños

A partir de 1937, surge un vestigio "terrible". "En el cementerio de Málaga se recuperaron más de 300 menores de diez años, algunos bebés. Metieron sus cuerpos en fosas comunes de fusilados porque al ser pequeños venían muy bien para cubrir los huecos que quedaban en los perfiles. Los niños fueron diezmados junto a sus madres por malos tratos y enfermedad". En Extremadura, añade, hallaron "mujeres embarazadas ejecutadas".

"Las heridas siguen abiertas"

90 años después del inicio de la Guerra Civil, "las heridas siguen abiertas", constata. "Una mujer muy mayor, que me pidió que no pusiera su nombre, aún lloraba al recordar a los presos de un campo de concentración". "Llevamos 26 años exhumando fosas. Solo se han recuperado restos de 15.000 de 150.000 asesinados. Muchos nunca aparecerán", asume. "Con el primer Gobierno de Rajoy se vació de contenido la ‘ley de memoria histórica’: no se financiaron excavaciones. Pero me preocupa más que se distorsione el relato para crear uno que blanquea la historia real. La educación de los jóvenes es clave para difundir la memoria real de la dictadura".

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